Origen antiguo
Desde los primeros siglos, la Iglesia ha reconocido la necesidad de que una persona ajena a los padres actúe como garante de fe para el bautizado. El Rito de Bautismo para Niños menciona que cada niño puede tener un padrino (patrinus) y una padrina (matrina), términos que reflejan la tradición patrística de los sponsors como testigos y tutores espirituales1.
La Constitución sobre los oficios y ministerios del Bautismo subraya que «es costumbre muy antigua de la Iglesia que los adultos no sean admitidos al bautismo sin padrinos, miembros de la comunidad cristiana que los asistirán al menos en la preparación final y después del sacramento ayudarán a perseverar en la fe»2.
