En la liturgia romana, la palia -también llamada palla en latín- forma parte de los lienzos destinados al altar y al cáliz. Su función inmediata consiste en cubrir la parte superior del cáliz, especialmente durante los momentos de la misa en que este queda expuesto. Así, complementa al corporal, que se extiende sobre el altar, y al purificador, que sirve para limpiar el cáliz.1,2
La palia no es un velo que envuelva todo el cáliz. Ese cometido corresponde al velo del cáliz, una pieza distinta que cubre el cáliz y la patena antes de la celebración y en otros momentos previstos por la liturgia.





