Antecedentes en el Antiguo Testamento
El título hunde sus raíces en la tradición bíblica de Israel. La traducción griega de los Setenta utilizó pantokratōr para traducir principalmente el hebreo Sebaot, asociado a la expresión «Señor de los ejércitos». El término también guarda relación con El Shaddai, nombre bíblico que expresa la grandeza y el poder absoluto de Dios.,
La expresión aparece en contextos que proclaman la santidad, la majestad y el dominio universal de Dios. Un ejemplo fundamental figura en el himno de los serafines de Isaías:
«Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos».
Este lenguaje entró en el culto cristiano y pasó a formar parte de la alabanza dirigida al Dios trino.
El título no presenta la omnipotencia como una fuerza arbitraria. La fe bíblica relaciona el poder divino con la creación, el gobierno providente del mundo, el juicio y la salvación. Dios es poderoso porque da el ser, sostiene la vida y conduce la historia, pero su poder se manifiesta también en la fidelidad y en la misericordia.
Presencia en el Nuevo Testamento
El término aparece de manera explícita en el Nuevo Testamento en el Apocalipsis, especialmente en Apocalipsis 1,8:
«Yo soy el Alfa y la Omega -dice el Señor Dios-, el que es y el que era y el que ha de venir, el Todopoderoso».
El título conecta la eternidad de Dios con su señorío sobre la historia. Dios es «el que es, el que era y el que ha de venir»; su poder abarca el principio, el desarrollo y la consumación de todas las cosas.
El Apocalipsis retoma además el lenguaje litúrgico del Antiguo Testamento para describir la adoración celestial. La Comisión Teológica Internacional relaciona la expresión «Dios todopoderoso» con el título Señor Sabaot y con los himnos celestiales de Apocalipsis 4,8; 11,17; 15,3; 16,14 y 19,6.
El Pantocrátor y la profesión de fe
En el Símbolo niceno-constantinopolitano, la Iglesia confiesa:
«Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible».
Dentro de esta profesión de fe, el título corresponde directamente a Dios Padre. La tradición cristiana confiesa al Padre como creador y gobernante de toda la creación.
La atribución iconográfica del título a Cristo no contradice esta confesión. Jesucristo participa de la misma gloria y señorío divinos porque es el Hijo eterno hecho hombre. La imagen del Pantocrátor proclama que el Cristo resucitado no es únicamente un maestro del pasado, sino el Señor viviente que reina en la gloria, permanece en su Iglesia y conduce a la humanidad hacia la salvación.