Tras la muerte del Papa Anastasio IV el 2 de diciembre de 1154, Nicholas Breakspear fue elegido unánimemente como su sucesor al día siguiente, tomando el nombre de Adriano IV. Su pontificado, aunque relativamente corto, fue influyente en la configuración de las relaciones entre el papado y los poderes seculares.
Relación con Federico Barbarroja
El papado de Adriano IV estuvo plagado de conflictos con el emperador Federico Barbarroja. Barbarroja buscaba afirmar el control imperial sobre Italia, lo que lo puso en desacuerdo directo con la autoridad papal. Al comienzo de su pontificado, Adriano IV se encontró con una Roma turbulenta, donde el líder rebelde Arnoldo de Brescia desafiaba la autoridad papal. Adriano IV tomó la audaz decisión de poner la ciudad bajo entredicho, prohibiendo todos los servicios sagrados hasta la Semana Santa, lo que finalmente llevó a la sumisión de los senadores y la expulsión de Arnoldo.
La coronación de Federico Barbarroja como emperador en 1155 fue un momento crucial. Aunque Adriano IV coronó a Federico, surgieron tensiones cuando el emperador no brindó apoyo suficiente al Papa contra los normandos y no logró someter la ciudad de Roma. La relación se deterioró aún más cuando Adriano IV invistió a Guillermo I de Sicilia con los reinos de Sicilia y Apulia, territorios que Federico consideraba parte de sus dominios. Este acto y otras disputas llevaron a un conflicto abierto entre el Papa y el Emperador. Adriano IV murió en Anagni, en medio de este conflicto y en alianza con los lombardos contra Federico Barbarroja. Su sucesor, Alejandro III, continuaría sus políticas y excomulgaría al Emperador.
La Bula Laudabiliter y la Donación de Irlanda
Uno de los actos más significativos y controvertidos de Adriano IV fue la emisión de la bula papal Laudabiliter. En 1156, durante su estancia en Benevento, Juan de Salisbury, un escritor y amigo del Papa, lo visitó durante casi tres meses. Fue a solicitud de Juan de Salisbury (ad preces meas) que Adriano IV concedió a Enrique II de Inglaterra el derecho hereditario sobre Irlanda.
La bula Laudabiliter otorgó a Enrique II la autoridad para invadir Irlanda, con el objetivo declarado de llevar orden y cristianizar la isla. Esta acción tuvo implicaciones duraderas para las relaciones anglo-irlandesas, sentando las bases para la posterior intervención inglesa en Irlanda.