El pontificado de Agapito I, el 57.º Papa de la Iglesia Católica, fue notablemente breve, durando solo diez meses, desde el 13 de mayo de 535 hasta el 22 de abril de 536. A pesar de su corta duración, estuvo marcado por importantes decisiones eclesiásticas y una significativa misión diplomática.
Primeros Actos y Decisiones Eclesiásticas
Uno de los primeros actos de Agapito I como Papa fue la quema pública, en presencia del clero reunido, de la anatema que Bonifacio II había pronunciado contra su rival fallecido, Dióscoro, bajo una falsa acusación de simonía. Bonifacio II había ordenado que este documento se conservara en los archivos romanos, pero Agapito I lo eliminó, mostrando un gesto de reconciliación y justicia,.
También confirmó los decretos del Concilio de Cartago, celebrado después de la reconquista del Norte de África a los vándalos. Estos decretos establecían que los conversos del arrianismo no eran elegibles para las Órdenes Sagradas, y aquellos que ya habían sido ordenados solo podían ser admitidos a la comunión laical.
Además, Agapito I atendió una apelación de Contumelioso, obispo de Riez, quien había sido condenado por inmoralidad por un concilio en Marsella. El Papa ordenó a San Cesáreo de Arlés que concediera al acusado un nuevo juicio ante delegados papales.
Misión Diplomática en Constantinopla
El evento más destacado de su pontificado fue su viaje a Constantinopla. El rey ostrogodo Teodato le suplicó a Agapito que viajara a la capital oriental para interceder ante el emperador Justiniano I y evitar una invasión bizantina de Italia. Para financiar este viaje, Agapito se vio obligado a empeñar los vasos sagrados de la Iglesia de Roma. Partió en pleno invierno con cinco obispos y una numerosa comitiva, llegando a Constantinopla en febrero de 536.
Aunque el objetivo político de su misión, detener la invasión bizantina, no tuvo éxito, su visita a Constantinopla resultó en un triunfo eclesiástico memorable,.
La Deposición del Patriarca Ántimo I
En Constantinopla, Agapito I se encontró con una situación eclesiástica compleja. El Patriarca de Constantinopla en ese momento era Ántimo I, quien había abandonado su sede episcopal de Trebisonda sin la autoridad de los cánones y se había unido a los cripto-monofisitas. Estos, en complicidad con la emperatriz Teodora, intentaban socavar la autoridad del Concilio de Calcedonia. La emperatriz había logrado que Ántimo fuera entronizado como patriarca a pesar de las protestas de los ortodoxos.
A su llegada, el clero ortodoxo presentó acusaciones contra Ántimo, señalándolo como un intruso y un hereje. Agapito I le ordenó hacer una profesión de fe por escrito y regresar a su sede abandonada. Ante la negativa de Ántimo, el Papa se negó a tener cualquier relación con él. Esto irritó al emperador Justiniano, quien había sido engañado por su esposa respecto a la ortodoxia de Ántimo, y amenazó al Papa con el destierro.
Agapito I respondió con firmeza: «Con ardiente anhelo he venido a contemplar al cristianísimo emperador Justiniano. En su lugar encuentro a un Diocleciano, cuyas amenazas, sin embargo, no me aterran». Esta valiente respuesta hizo que Justiniano reconsiderara. Finalmente, convencido de la falta de ortodoxia de Ántimo, el emperador no se opuso a que el Papa ejerciera la plenitud de sus poderes. Agapito I depuso y suspendió a Ántimo, y por primera vez en la historia de la Iglesia, consagró personalmente a su sucesor legalmente elegido, Menas,.
Este acto del Papa Agapito I tuvo un impacto duradero, consolidando el papel del papado en el mantenimiento de la pureza doctrinal y la disciplina eclesiástica, y fue recordado tanto por orientales como por latinos,. Para disipar cualquier sospecha de apoyar la herejía, Justiniano entregó al Papa una confesión de fe por escrito, la cual Agapito aceptó con la condición de que, aunque no podía admitir el derecho de un laico a enseñar religión, observaba con agrado que el celo del emperador estaba en perfecta armonía con las decisiones de los Padres de la Iglesia.
Nuncio Papal Pelagio
Durante su estancia en Constantinopla, Agapito I nombró a Pelagio como apocrisiario o nuncio de la Iglesia romana, justo antes de su muerte. Pelagio, quien más tarde se convertiría en Papa Pelagio I, desempeñaría un papel importante en los acontecimientos eclesiásticos posteriores.