Nacido Orlando Bandinelli en una distinguida familia sienesa, Alejandro III se ganó una gran reputación como canonista mientras era profesor en Bolonia. Su comentario sobre el «Decretum» de Graciano, conocido como «Summa Magistri Rolandi», consolidó su prestigio en el campo del derecho eclesiástico1. En 1150, el Papa Eugenio III lo llamó a Roma, donde su ascenso fue rápido. Fue nombrado Cardenal Diácono, luego Cardenal Presbítero del título de San Marcos, y finalmente Canciller Papal1.
Como consejero de confianza de Adriano IV, Bandinelli se convirtió en una figura central del partido cardenalicio que buscaba la independencia de la influencia germana, forjando alianzas con los normandos de Nápoles1. Su postura antiimperial se hizo evidente en la Dieta de Besançon (1157), donde afirmó que la dignidad imperial era un beneficium papal, un término que, aunque significaba «favor» en un sentido general, fue interpretado por los príncipes alemanes como «feudo», provocando la ira de Federico Barbarroja1.

