Anastasio I, de origen romano, asumió el papado en el año 3991. Su pontificado, aunque relativamente corto, abarcó un período de menos de cuatro años, concluyendo con su fallecimiento el 19 de diciembre del 4011,2. Fue el trigésimo noveno Papa de la Iglesia Católica2.
Durante su tiempo como obispo de Roma, Anastasio I se dedicó a preservar la unidad y la ortodoxia de la Iglesia, enfrentando desafíos teológicos como la controversia arriana y la influencia de grupos heréticos2. Se le reconoce por su firme defensa del Credo de Nicea y por su labor en fortalecer la autoridad del papado en cuestiones doctrinales2. Además de sus contribuciones teológicas, Anastasio I mostró un compromiso notable con las obras de caridad, promoviendo el apoyo a los pobres y el cuidado de los enfermos dentro de la comunidad cristiana2. También desempeñó un papel en el desarrollo temprano de la gobernanza eclesiástica y las prácticas litúrgicas2.

