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Papa Anastasio II

Anastasio II fue obispo de Roma entre el 24 de noviembre de 496 y noviembre de 498, durante el pontificado más breve de la etapa inmediatamente posterior al papa Gelasio I. Su gobierno quedó marcado por el intento de poner fin al Cisma acaciano, la ruptura entre Roma y Constantinopla provocada por las controversias cristológicas posteriores al Concilio de Calcedonia. La política conciliadora del pontífice provocó una fuerte oposición en sectores del clero romano y originó, en siglos posteriores, acusaciones de herejía que la historiografía crítica considera inseparables de la confusión entre la defensa de la unidad eclesial y la aprobación de doctrinas contrarias a la fe católica.1,2

Pope Anastasius II
Ver información de la imagenEsta ilustración es del libro The Lives and Times of the Popes de Chevalier Artaud de Montor, Nueva York: The Catholic Publication Society of America, 1911. Fue publicada originalmente en 1842, c. 2013. https://archive.org/details/livesofpopes01artauoft, Artaud de Montor (1772-1849), Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Anastasio II
CategoríaPersona
Descripciónnoviembre de 498
Cargo EclesiásticoPapa
Lugar de NacimientoRoma
NacionalidadRomano
SexoMasculino
Duraciónaproximadamente dos años
Estado de VidaObispo de Roma
Fin del Pontificadonoviembre de 498
Inicio del Pontificado24 de noviembre de 496
Personas relacionadasGelasio I
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y pontificado

Anastasio II, natural de Roma, fue elegido papa el 24 de noviembre de 496. Las fuentes antiguas y medievales transmiten pocos datos sobre su vida anterior a la elección. Su pontificado terminó con su muerte en noviembre de 498, después de aproximadamente dos años de gobierno. La fecha exacta de su fallecimiento presenta una discrepancia documental: algunas cronologías sitúan la muerte el 19 de noviembre, mientras que la Enciclopedia Católica ofrece el 16 de noviembre.1,2

Anastasio II ocupó la sede romana en un momento de gran tensión entre las Iglesias de Roma y Constantinopla. El conflicto no consistía únicamente en una discusión académica sobre fórmulas cristológicas. También implicaba la autoridad de los patriarcas, la legitimidad de las deposiciones episcopales, la memoria litúrgica de los obispos condenados y la relación entre el emperador bizantino y la sede apostólica.

La documentación conservada permite presentar a Anastasio II como un papa interesado en restablecer la comunión eclesial, aunque sin aceptar necesariamente la rehabilitación doctrinal de quienes habían sido condenados por Roma. Su actuación requiere, por tanto, una lectura diferenciada: una cosa fue su estrategia diplomática y otra, muy distinta, la acusación de que hubiera abandonado la fe católica.

Contexto histórico: el Cisma acaciano

El Concilio de Calcedonia y las controversias cristológicas

El trasfondo inmediato del pontificado de Anastasio II estaba formado por las disputas surgidas después del Concilio de Calcedonia, celebrado en 451. Aquel concilio confesó que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, y que en la única persona del Verbo existen dos naturalezas, divina y humana, «sin confusión, sin cambio, sin división y sin separación».

Diversos grupos cristianos rechazaron o interpretaron de manera distinta la fórmula calcedonense. La tradición latina de la época tendió a designar a algunos de estos adversarios como monofisitas, aunque la clasificación resulta históricamente simplificadora, porque varias Iglesias orientales no aceptaban la terminología de Calcedonia sin identificarse necesariamente con todas las formulaciones que Roma consideraba heréticas. La crisis afectó especialmente a Egipto, Siria y Constantinopla, y alcanzó también a la política imperial.

Acacio de Constantinopla

El patriarca Acacio de Constantinopla desempeñó un papel central en la ruptura. En el intento de mantener la unidad del Imperio, el emperador Zenón promulgó en 482 el Henótico, una fórmula destinada a reconciliar a los partidarios de Calcedonia con sus adversarios. El documento evitaba confirmar expresamente algunos puntos debatidos del concilio y provocó el rechazo de Roma.

El papa Félix III condenó la actitud de Acacio y rompió la comunión con él. La condena quedó reflejada en la supresión del nombre del patriarca constantinopolitano de los dípticos, las listas litúrgicas de obispos y autoridades eclesiales que recibían una conmemoración pública durante la celebración. La disputa dio lugar al denominado Cisma acaciano, que duró aproximadamente catorce años y no concluyó durante la vida de Anastasio II.2

La política de reconciliación

El enviado Photino

Durante el pontificado de Anastasio II llegó a Roma Photino, diácono y enviado del emperador Anastasio I. El pontífice recibió al emisario y exploró la posibilidad de encontrar una solución diplomática a la ruptura con Constantinopla. La iniciativa respondía a una preocupación eclesial y política: la división entre las sedes apostólicas debilitaba la unidad visible de la Iglesia y prolongaba un conflicto en el que intervenían de forma constante las autoridades imperiales.

La actitud de Anastasio II no equivalía necesariamente a una aceptación de la teología de Acacio. El papa podía distinguir entre la condena de una persona, la permanencia de su nombre fuera de la comunión litúrgica y la validez de los actos sacramentales realizados por un obispo cuya ordenación episcopal había sido válida. La historia posterior de la teología sacramental reconoció precisamente que un ministro separado de la comunión eclesial puede conferir válidamente el bautismo o el orden cuando concurren los elementos esenciales del sacramento.2,3

La validez de los sacramentos de Acacio

La decisión más controvertida de Anastasio II consistió en admitir la validez de los bautismos y ordenaciones realizados por Acacio, aunque el nombre del patriarca continuase excluido de los dípticos. Esta distinción irritó a numerosos clérigos romanos, que interpretaron la medida como una concesión excesiva al patriarca condenado.

La posición del papa podía defenderse mediante una distinción fundamental de la teología católica:

  • La legitimidad de un ministro y su plena comunión con la Iglesia constituyen una cuestión.
  • La validez sacramental de sus actos constituye otra.
  • La condena de Acacio no implicaba automáticamente que todos los bautismos y ordenaciones que había celebrado careciesen de efecto sacramental.

Roberto Belarmino, al examinar siglos después las acusaciones contra Anastasio II, rechazó la idea de que el papa hubiera intentado restaurar a Acacio en su sede. Su argumento histórico resultaba contundente: Acacio ya había muerto antes de la elección de Anastasio II, por lo que el papa no podía devolverle personalmente el cargo. Belarmino sostuvo además que la conservación de la validez de los sacramentos administrados por un obispo separado no convertía al pontífice en hereje.3

El nombre de Acacio en los dípticos

Anastasio II no habría pretendido, por tanto, restituir sin más la memoria litúrgica de Acacio. Una carta dirigida al emperador Anastasio pedía que el nombre del patriarca continuara excluido de la Iglesia por haber sido justamente condenado por el papa Félix III. El gesto muestra que la política de reconciliación no exigía necesariamente la anulación de la condena romana.

La tensión surgía porque la comunión eclesial incluía dimensiones distintas: la profesión de fe, la legitimidad canónica, la conmemoración litúrgica y la validez de los sacramentos. El pontífice intentó mantener la condena formal de Acacio y, al mismo tiempo, evitar que los fieles bautizados u ordenados por él quedaran expuestos a una incertidumbre sacramental generalizada.2,3

¿Fue Anastasio II un hereje?

La acusación medieval

La tradición medieval juzgó a Anastasio II con severidad. La Historia de los pontífices presentó su trato con Photino y su posición sobre los sacramentos de Acacio como signos de una supuesta desviación doctrinal. Graciano incorporó el caso a su Decreto, y algunos canonistas medievales utilizaron su figura como ejemplo de un papa que podía haber caído en la herejía.

Esta interpretación adquirió especial relevancia porque el derecho canónico medieval necesitaba afrontar una cuestión teórica: ¿qué ocurriría si un papa se apartase públicamente de la fe? Algunos autores distinguieron entre la indefectibilidad de la Iglesia romana y la posibilidad de error o herejía personal por parte de un pontífice. En ese contexto, Anastasio II apareció como uno de los casos clásicos invocados para discutir la relación entre la sede apostólica y la persona concreta del papa.4

La distinción doctrinal

La acusación de herejía no encuentra una base firme en los datos que describen la política de Anastasio II. El papa mantuvo la condena de Acacio y no aparece vinculado a una profesión explícita de la doctrina cristológica rechazada por Roma. Su disposición a reconocer la validez de determinados actos sacramentales pertenecía al ámbito de la disciplina y de la teología sacramental, no a la aceptación de una doctrina herética.

El propio Belarmino defendió que Anastasio II no era hereje. Rechazó como inverosímil la afirmación de que quisiera rehabilitar a Acacio y explicó que la validez del bautismo y del orden no depende automáticamente de la plena ortodoxia o de la comunión canónica del ministro. También consideró legendaria la narración que atribuía la muerte repentina del papa a un castigo divino por su supuesta traición doctrinal.3

Conviene distinguir tres afirmaciones diferentes:

  1. Anastasio II adoptó una política conciliadora con representantes del emperador y con sectores vinculados a Constantinopla.
  2. Su política provocó oposición dentro del clero romano, que temía una capitulación ante el cisma.
  3. No resulta legítimo identificar automáticamente esa política diplomática con una adhesión a la herejía.

La controversia histórica nació, en buena medida, de la transformación de una decisión pastoral y sacramental en una acusación doctrinal de alcance mucho mayor.

Otras actuaciones atribuidas a Anastasio II

La condena del traducianismo

La Enciclopedia Católica atribuye también a Anastasio II la condena del traducianismo. Esta doctrina sostenía, en diversas formulaciones antiguas, que el alma humana se transmite de los padres a los hijos junto con la generación corporal.

La cuestión estaba relacionada con la doctrina cristiana sobre la creación inmediata del alma por Dios y con la transmisión del pecado original. La intervención del papa refleja la preocupación de la Iglesia por proteger la singularidad espiritual de cada persona y evitar una explicación materialista o biológica del origen del alma.2

La carta a Clodoveo

Durante mucho tiempo, una carta de felicitación de Anastasio II a Clodoveo, rey de los francos, recibió atención como testimonio de la relación entre Roma y la conversión del monarca franco. La crítica histórica considera actualmente que esa carta es una falsificación elaborada en el siglo XVII. Por ello, el documento no puede emplearse como prueba segura de la actividad diplomática del papa respecto de Clodoveo.2

La cautela ante esta carta resulta significativa. La memoria de los pontificados antiguos dependió con frecuencia de documentos transmitidos durante siglos, y algunos escritos atribuidos a papas medievales o antiguos fueron compuestos, interpolados o reinterpretados en épocas posteriores.

La muerte y las leyendas posteriores

El Liber Pontificalis y otras tradiciones medievales vincularon la muerte de Anastasio II a un castigo extraordinario por su supuesta comunicación con Photino y por su política respecto de Acacio. La narración describía una enfermedad o muerte repentina como manifestación de un juicio divino.

Belarmino rechazó este relato por considerarlo una confusión con la muerte del emperador Anastasio I, personaje contemporáneo al papa y también asociado en las fuentes polémicas con posiciones religiosas contrarias a la línea romana. Para el teólogo jesuita, la leyenda transformó una coincidencia histórica y una tradición polémica en una explicación providencial de la muerte del pontífice.3

La crítica histórica moderna concede mayor valor a las noticias del Liber Pontificalis correspondientes a la época de Anastasio II que a muchas biografías anteriores. La razón consiste en que, a partir de este pontificado, la obra ofrece datos más cercanos a la historia eclesiástica y política verificable. Aun así, las noticias biográficas de carácter edificante o punitivo requieren una valoración separada de los datos cronológicos y administrativos.5

El final del pontificado y el cisma

Anastasio II murió sin haber logrado restablecer la comunión completa entre Roma y Constantinopla. La crisis continuó hasta el pontificado de Hormisdas, elegido en 514. Hormisdas consiguió finalmente la reconciliación con Constantinopla mediante una fórmula que exigía la adhesión a la fe de Calcedonia y la aceptación de las condenas romanas relacionadas con el cisma.

El pontificado de Anastasio II no puso fin a la controversia, pero anticipó una cuestión que aparecería de nuevo en la solución posterior: la necesidad de distinguir entre la firmeza doctrinal de Roma y la reintegración de personas o comunidades separadas mediante condiciones canónicas concretas.

Historiografía eclesiástica antigua y medieval

Una imagen polémica

La historiografía eclesiástica antigua y medieval presentó a Anastasio II de manera marcadamente negativa. Los autores que defendían una interpretación estricta de la ruptura con Acacio consideraron sospechosa cualquier medida que reconociera efectos sacramentales procedentes de la jurisdicción del patriarca condenado.

Esta severidad no puede comprenderse sin tener en cuenta el contexto de las luchas entre Roma y Constantinopla. La memoria de los conflictos cristológicos se transmitió como una defensa de la ortodoxia frente a la ambigüedad imperial. Dentro de esa memoria, la diplomacia podía aparecer como debilidad y el reconocimiento de la validez sacramental como aprobación del adversario.

El juicio negativo también recibió apoyo de la literatura canónica medieval. Graciano utilizó el caso de Anastasio II dentro de una discusión sobre la posibilidad de que un papa se apartase de la fe. Más tarde, los canonistas identificaron su pontificado con un supuesto precedente de herejía papal, aunque la documentación histórica no permite afirmar con seguridad que Anastasio profesara una doctrina herética.4

La revisión crítica

La historiografía posterior introdujo varias correcciones:

  • Acacio ya había muerto cuando Anastasio II fue elegido.
  • La condena de Acacio no desapareció necesariamente de la política del papa.
  • La validez del bautismo y del orden no implica aprobación de la herejía del ministro.
  • Las narraciones sobre un castigo divino inmediato pertenecen al ámbito de la leyenda polémica.
  • La carta a Clodoveo carece de valor como documento auténtico del pontificado.

La revisión no convierte automáticamente todas las decisiones de Anastasio II en acertadas. La política papal pudo resultar imprudente, mal comunicada o incapaz de preservar la confianza de los clérigos romanos. Sin embargo, una valoración histórica rigurosa debe evitar el salto lógico que identifica una estrategia diplomática discutible con una negación formal de la fe.

Recepción literaria y teológica posterior

Dante Alighieri

La recepción literaria más célebre de Anastasio II aparece en la Divina comedia de Dante Alighieri. En el canto XI del Infierno, Dante coloca a Anastasio entre quienes aparecen vinculados a la herejía de Photino. La referencia refleja la imagen medieval del papa como alguien que habría sido extraviado por su trato con el representante relacionado con Acacio.

La presencia de Anastasio II en el poema no constituye una definición doctrinal de la Iglesia sobre su persona. Dante recoge una tradición teológica y polémica de su tiempo y la integra en la arquitectura moral de su poema. El episodio muestra cómo una controversia eclesiástica del siglo V podía transformarse, muchos siglos después, en un símbolo literario de la desviación doctrinal.

Graciano y los canonistas medievales

El caso de Anastasio II desempeñó una función destacada en la formación del pensamiento canónico medieval. Los comentaristas del Decreto de Graciano analizaron la hipótesis de un papa hereje y distinguieron entre la autoridad de la sede romana y la conducta personal de su ocupante.

Los decretistas, vinculados al estudio del Decreto, admitían la posibilidad teórica de que determinados papas hubieran vacilado o incluso errado personalmente, sin concluir por ello que la Iglesia romana hubiera perdido su función doctrinal. La discusión surgió con especial fuerza porque otros casos históricos, como el del papa Honorio I, no ocupaban todavía un lugar central en la conciencia de los canonistas medievales. Por esa razón, Anastasio II pasó a desempeñar un papel ejemplar en los tratados sobre la herejía papal.4

Roberto Belarmino

En el siglo XVI, Roberto Belarmino revisó de manera crítica la tradición que acusaba a Anastasio II. Su análisis intentó armonizar la autoridad pontificia con la doctrina católica sobre los sacramentos administrados fuera de la plena comunión eclesial.

Belarmino sostuvo que un papa podía iniciar conversaciones o absolver de una censura sin convocar necesariamente un concilio universal. También rechazó que la validez de los sacramentos conferidos por Acacio demostrase que Anastasio hubiera aceptado la herejía. Su interpretación contribuyó a separar el problema histórico de la conducta del pontífice de las especulaciones teológicas sobre la posibilidad de un papa hereje.3

Valoración católica

La valoración católica de Anastasio II debe mantener juntas varias verdades:

  • La fe cristológica de la Iglesia no podía sacrificarse por una paz meramente política.
  • La búsqueda de la unidad entre los cristianos constituía un objetivo legítimo del ministerio papal.
  • La validez sacramental no depende sin más de la comunión canónica del ministro.
  • Una política de diálogo puede generar sospechas cuando carece de una explicación doctrinal clara.
  • La acusación de herejía exige pruebas de adhesión a una doctrina contraria a la fe, no únicamente contactos diplomáticos o decisiones disciplinares controvertidas.

El pontificado de Anastasio II ilustra la complejidad del gobierno de la Iglesia en la Antigüedad tardía. El papa debía defender la doctrina de Calcedonia, preservar la autoridad de la sede apostólica, tratar con un emperador que intervenía en cuestiones eclesiales y buscar una vía de reconciliación con una Iglesia separada. Las decisiones adoptadas en ese marco podían parecer insuficientemente firmes a los defensores de una política de ruptura, aunque también podían responder a una comprensión más precisa de la diferencia entre herejía, cisma, jurisdicción y eficacia sacramental.

Legado histórico

Anastasio II no es venerado oficialmente como santo ni recibió una canonización que lo incorpore al culto universal de la Iglesia. Su legado pertenece sobre todo a la historia del papado, de las relaciones entre Roma y Constantinopla y de la teología medieval sobre la autoridad pontificia.

Su importancia histórica deriva de cuatro elementos principales:

  1. La gestión del Cisma acaciano en una fase todavía abierta del conflicto.
  2. La distinción práctica entre condenar a Acacio y reconocer la validez de sus actos sacramentales.
  3. La recepción polémica de su pontificado como supuesto caso de herejía papal.
  4. La transformación literaria de su figura en la obra de Dante y en la tradición canónica medieval.

La interpretación más equilibrada no presenta a Anastasio II como un defensor de la herejía, pero tampoco ignora la gravedad de la crisis ni la oposición que sus iniciativas despertaron en Roma. Su pontificado muestra que la unidad de la Iglesia exige simultáneamente fidelidad doctrinal, prudencia pastoral y claridad canónica; cuando una de esas dimensiones queda oscurecida, la memoria histórica puede convertir una decisión diplomática en una acusación de apostasía.

Citas y referencias

  1. Papa #50: Anastasio II, Magisterium AI. Breve historia de los papas de la Iglesia católica, Papa 50 (2024). 2
  2. Papa Anastasio II. Enciclopedia Católica, Papa Anastasio II (1913). 2 3 4 5 6 7
  3. Robert Bellarmine. Controversias de la fe cristiana (Disputationes de Controversiis), 990 (1586). 2 3 4 5 6
  4. Emmett O’Regan. San Tomás de Aquino y los orígenes de la doctrina de la infalibilidad papal, 26 (2025). 2 3
  5. Liber Pontificalis. Enciclopedia Católica, Liber Pontificalis (1913).
Modificado el 13 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.12Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/rmqr1w606

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