El III Concilio de Constantinopla
El principal asunto doctrinal del pontificado de Benedicto II fue la recepción del III Concilio de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681. El concilio condenó el monotelismo, doctrina que atribuía a Cristo una sola voluntad, y enseñó que en Jesucristo existen dos voluntades naturales, la divina y la humana, en armonía con sus dos naturalezas.,
El concilio había contado con la participación de legados del papa Agatón. Sus decisiones fueron confirmadas posteriormente por la autoridad pontificia y necesitaban alcanzar a las distintas Iglesias de Occidente. Benedicto continuó esta tarea mediante comunicaciones dirigidas a obispos y autoridades eclesiásticas.,
La recepción en las provincias periféricas
La recepción de un concilio ecuménico no terminaba con la clausura de las sesiones conciliares. Las decisiones debían llegar a provincias alejadas de los grandes centros imperiales, ser examinadas por sus obispos e incorporarse a la predicación, la disciplina y la vida litúrgica. Esta tarea resultaba especialmente compleja en regiones con comunicaciones lentas y tradiciones eclesiásticas propias.
Benedicto procuró que los obispos del reino visigodo de Hispania suscribieran los decretos del concilio constantinopolitano. La celebración de un sínodo en Toledo en 684 permitió que la Iglesia hispana recibiera formalmente las decisiones conciliares.,,
La actuación pontificia manifiesta la función de la Sede Romana como garante de la unidad doctrinal. Roma no se limitó a conservar las actas del concilio: promovió su aceptación efectiva en una provincia eclesiástica periférica respecto de Constantinopla y Roma. La adhesión de Hispania tenía un valor considerable porque demostraba que la condena del monotelismo alcanzaba también a una Iglesia occidental con una tradición jurídica, litúrgica y política diferenciada.
La cuestión de Honorio I
El III Concilio de Constantinopla condenó también al papa Honorio I por su participación en la controversia monotelita. La interpretación de esta condena requería precisión. León II, antecesor de Benedicto, explicó que Honorio no había sido condenado por enseñar formalmente una herejía, sino por no haber combatido con suficiente firmeza la doctrina errónea.
Benedicto heredó la tarea de mantener la recepción del concilio dentro de la ortodoxia católica, sin confundir la negligencia disciplinar o pastoral con una definición doctrinal formal. La controversia muestra cómo la Iglesia antigua distinguía entre el contenido objetivo de una enseñanza, la responsabilidad personal de quien la formula y la obligación de un obispo de defender activamente la fe recibida.