La tradición medieval
A partir de la Edad Media central, algunas crónicas difundieron la historia de una mujer que habría ocupado el trono pontificio bajo el nombre de Juan, entre León IV y Benedicto III. La leyenda recibió distintas versiones y alcanzó gran popularidad en relatos posteriores.
La asociación entre Benedicto III y la papisa Juana procede, por tanto, de una tradición medieval tardía, no de testimonios contemporáneos a su pontificado. Los relatos más antiguos y próximos a los acontecimientos no registran ningún pontificado femenino entre León IV y Benedicto III.,
Crítica histórica
La cronología documentada no deja espacio para insertar un pontificado intermedio. Las listas papales y los testimonios históricos atribuyen directamente a Benedicto la sucesión de León IV. Anastasio el Bibliotecario, testigo cercano a la época, sitúa la elección de Benedicto poco después de la muerte de León; otros cronistas medievales tempranos transmiten la misma sucesión sin mencionar a ningún papa llamado Juan o Juana.
La duración del pontificado de León IV y las fechas de la elección y consagración de Benedicto también contradicen la supuesta permanencia de una papisa durante varios años. La leyenda aparece en autores mucho más tardíos y no cuenta con apoyo contemporáneo.,
Algunos historiadores han propuesto diversos orígenes para el relato: una narración popular romana, una confusión con personajes llamados Juan, una sátira sobre la decadencia moral de épocas posteriores o la reinterpretación de monumentos y costumbres locales. Ninguna de estas hipótesis proporciona una base histórica para aceptar la existencia de una mujer que ocupase la sede romana entre León IV y Benedicto III.
La presencia de una moneda atribuida al pontificado de Benedicto también fue utilizada en la historiografía tradicional como argumento contra la existencia de un pontificado intermedio. El argumento principal, sin embargo, procede de la concordancia entre las listas papales, las fechas y los testimonios próximos a los acontecimientos.,