La elección de Benedicto III, un romano erudito y ascético, hijo de Pedro, estuvo plagada de dificultades tras la muerte del Papa León IV el 17 de julio de 8551. Aunque Benedicto fue el elegido para sucederle, los enviados papales, encargados de obtener la ratificación del decreto de elección por parte de los emperadores Lotario y Luis II, traicionaron su confianza1. Estos legados se dejaron influenciar por el ambicioso y excomulgado Cardenal Anastasio, quien, con el apoyo de los missi imperiales, intentó imponerse en la Iglesia romana1.
Durante este conflicto, Benedicto fue insultado y encarcelado1. Sin embargo, la mayor parte del clero y del pueblo permanecieron fieles a él, lo que obligó a los missi a ceder1. Finalmente, Benedicto fue consagrado Papa el 29 de septiembre o el 6 de octubre de 8551,2. A pesar de que su rival, Anastasio, fue condenado por un sínodo, Benedicto III lo admitió a la comunión laica1. Este episodio resalta su firmeza en mantener la independencia del papado frente a la interferencia secular, especialmente ante las presiones del Imperio Franco2.
De hecho, la existencia de monedas con la imagen de Benedicto III y del Emperador Lotario, quien falleció el 28 de septiembre de 855, demuestra que Benedicto ya era reconocido como Papa antes de esa fecha3. Además, el 7 de octubre de 855, Benedicto III emitió una carta para la Abadía de Corvey3. Hincmar, Arzobispo de Reims, también confirmó su papado al informar a Nicolás I que un mensajero enviado a León IV entregó su petición a Benedicto III tras la muerte de León IV, y Benedicto III la resolvió3.

