Nacido como Teofilacto III, Benedicto IX fue sobrino de sus dos predecesores inmediatos, Benedicto VIII y Juan XIX1. Su padre, Alberico, lo colocó en la Sede de Pedro en octubre de 1032, cuando era un joven, posiblemente de unos veinte años, aunque algunas fuentes afirman que tenía tan solo doce1. Este ascenso al papado a una edad temprana, impulsado por la influencia familiar, lo convierte en el Papa más joven de la historia2,3.
Durante su primer período, Benedicto IX celebró algunos sínodos en Roma y concedió privilegios a varias iglesias y monasterios. Un acto notable fue su insistencia en que Bretislav, Duque de Bohemia, fundara un monasterio como penitencia por haber robado el cuerpo de San Adalberto de Polonia1. En 1037, viajó al norte para encontrarse con el Emperador Conrado y excomulgó a Heriberto, Arzobispo de Milán, con quien mantenía una enemistad1.
Sin embargo, su pontificado estuvo marcado por un estilo de vida disoluto y acusaciones de inmoralidad y corrupción, lo que le valió una reputación notoria4,2,3,5. En 1044, las facciones en la ciudad de Roma lo expulsaron en medio de un gran desorden, y se eligió un antipapa, Silvestre III1.

