El pontificado de Benedicto V se enmarca en un periodo tumultuoso de la historia papal, a menudo denominado la Saeculum obscurum o «Edad Oscura», caracterizado por la injerencia de la nobleza romana y los emperadores germánicos en las elecciones papales1,2.
El Papado de Juan XII y la Intervención Imperial
Antes de Benedicto V, el Papa Juan XII (955-964) había sido una figura controvertida, conocido por su laxitud moral y sus alianzas políticas inestables. Juan XII fue elegido Papa a una edad temprana, influenciado por la poderosa facción de los Crescentii en Roma3. En un intento por afirmar el poder papal y buscar apoyo, Juan XII recurrió al rey alemán Otón I. En 962, Otón I llegó a Roma y juró reconocer a Juan como Papa y gobernante de Roma, mientras que Juan juró lealtad a Otón4. Sin embargo, Juan XII rompió su juramento al aliarse con los enemigos de Otón, lo que llevó al emperador a regresar a Roma en noviembre de 9634.
Otón I convocó un sínodo que depuso a Juan XII el 4 de diciembre de 963, acusándolo de sacrilegio, simonía, perjurio, asesinato, adulterio e incesto4. En su lugar, Otón impuso a un laico, el protonotario León, quien fue ordenado obispo de manera no canónica y coronado como el antipapa León VIII5,4. Esta acción fue considerada inválida por la mayoría de la Iglesia debido a las violaciones del derecho canónico5,4.
El Regreso de Juan XII y la Elección de Benedicto V
Poco después de que Otón I abandonara Roma, los partidarios de Juan XII se levantaron y expulsaron a León VIII en febrero de 9645,4. Juan XII regresó a la ciudad, celebró un sínodo en San Pedro el 26 de febrero de 964, en el que anuló los decretos del sínodo anterior, excomulgó a León VIII y a todos sus electores, y declaró inválida su ordenación4.
Juan XII falleció el 14 de mayo de 964, supuestamente por parálisis mientras cometía adulterio4. Tras su muerte, y a pesar de la presencia del antipapa León VIII, los romanos, indignados por la injerencia imperial, eligieron al cardenal diácono Benedicto como el nuevo Papa legítimo en mayo de 9642,1. Benedicto era conocido por su erudición, lo que le valió el apodo de Grammaticus2.

