Benedicto X se llamaba Juan de Velletri y era obispo de Velletri. Pertenecía al ambiente eclesiástico y aristocrático romano dominado por la facción tusculana, grupo que había ejercido una considerable influencia sobre la elección de pontífices durante el siglo XI. La documentación conservada lo presenta principalmente por su relación con la crisis sucesoria de 1058, no por una actividad doctrinal o pastoral propia.1,2
Su ascenso ocurrió en una época de profunda transformación de la Iglesia latina. Muchos reformadores criticaban la intervención de las familias nobles y de las autoridades seculares en las elecciones eclesiásticas, así como la simonía, es decir, la compra o venta de cargos y bienes espirituales. La crisis de la sede romana formaba parte de una problemática más amplia que afectaba a la disciplina del clero, las elecciones episcopales y la autonomía de la Iglesia frente a los poderes políticos.1,3





