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Papa Benedicto XI

Benedicto XI, nacido Nicolás Boccasini en Treviso hacia 1240, fue papa desde el 22 de octubre de 1303 hasta su muerte en Perugia, en julio de 1304. Religioso dominico, teólogo, cardenal y mediador pontificio, dirigió la Iglesia durante apenas ocho meses, en una etapa marcada por el enfrentamiento entre el papa Bonifacio VIII y el rey Felipe IV de Francia. Su pontificado intentó restablecer la paz sin renunciar a la dignidad de la Santa Sede y preparó, de manera indirecta, la transición política que conduciría al papado de Aviñón.1,2,3

papa Benedetto XI
Ver información de la imagenpapa Benedetto XI, c. 1352. Original, Tommaso da Modena, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Benedicto XI
CategoríaPersona
Nombre CompletoNicolás Boccasini
Descripciónjulio de 1304
Cargo Eclesiástico
  • Obispo de Ostia
  • Decano del Colegio de Cardenales
Lugar de NacimientoTreviso, Italia
Lugar de MuertePerugia
Año de Nacimiento1240
Contexto HistóricoCrisis entre Bonifacio VIII y Felipe IV; transición hacia el papado de Aviñón
CultoBeato
Duraciónunos ocho meses
EscritosColección de sermones; comentarios sobre Mateo, Salmos, Job y Apocalipsis
Festividad7 de julio
Fin del Pontificadojulio de 1304
Importancia HistóricaPontificado de transición y conciliación con Francia
Inicio del Pontificado22 de octubre de 1303
Miembro de
  • Orden de Predicadores
  • Ostia
Nombre PontificioBenedicto XI
Personas relacionadas
  • Bonifacio VIII
  • Clemente V
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y datos principales

DatoInformación
Nombre de nacimientoNicolás Boccasini
Nombre pontificioBenedicto XI
Lugar de nacimientoTreviso, Italia
Año de nacimiento1240
Elección pontificia22 de octubre de 1303
Coronación27 de octubre de 1303
FallecimientoPerugia, julio de 1304
Duración del pontificadoUnos ocho meses
Orden religiosaOrden de Predicadores
Diócesis cardinaliciaOstia
PredecesorBonifacio VIII
SucesorClemente V
CultoBeato
Fiesta litúrgica7 de julio

Las fuentes antiguas ofrecen pequeñas diferencias sobre el día exacto de su muerte: algunas indican el 6 de julio y otras el 7 de julio de 1304. La tradición litúrgica dominicana celebra su memoria el 7 de julio.1,2,4

Infancia y formación

Nicolás Boccasini nació en Treviso, ciudad del norte de Italia. Ingresó en la Orden de Predicadores, fundada por santo Domingo de Guzmán, durante su juventud. Una tradición biográfica sitúa su toma de hábito a los diecisiete años, mientras otra noticia la adelanta a los catorce.1,5

Recibió una sólida formación teológica y ejerció como profesor y predicador en Venecia y Bolonia. La espiritualidad dominicana de su época concedía una importancia especial a la vida común, la pobreza religiosa, el estudio y la predicación doctrinal. Estos elementos marcaron profundamente su personalidad eclesial y su posterior actividad pontificia.5,6

Boccasini compuso sermones y comentarios bíblicos sobre distintos libros de la Sagrada Escritura, entre ellos el Evangelio según san Mateo, los Salmos, el libro de Job y el Apocalipsis. Su trayectoria muestra la unión, característica de la tradición dominicana medieval, entre investigación teológica, predicación y servicio institucional a la Iglesia.1

Carrera dentro de la Orden de Predicadores

Provincial de Lombardía

Antes de alcanzar responsabilidades en la curia romana, Boccasini ocupó cargos de gobierno dentro de la Orden de Predicadores. Llegó a ser provincial de Lombardía, una de las provincias dominicanas más importantes por su actividad intelectual y pastoral.5

Maestro general

En 1296 fue elegido maestro general de la Orden de Predicadores. Este cargo convirtió a Boccasini en una figura de alcance internacional y le permitió conocer directamente las dificultades de la Iglesia, las tensiones políticas entre las monarquías europeas y la organización interna de una de las principales órdenes religiosas de la cristiandad latina.1,5

Durante su mandato defendió la legitimidad de la elección de Bonifacio VIII frente a sus adversarios. También ordenó a los dominicos que no apoyasen a los opositores del pontífice y que defendiesen, cuando resultara oportuno, la validez de su elección mediante la predicación. Esta posición reveló la fidelidad de Boccasini a la autoridad pontificia en un momento de creciente conflicto con el poder regio francés.1

Servicio diplomático y episcopal

La Santa Sede aprovechó la preparación doctrinal y la prudencia política de Boccasini en diversas misiones diplomáticas.

Participó, junto con legados pontificios, en las gestiones destinadas a alcanzar una tregua entre Eduardo I de Inglaterra y Felipe IV de Francia, enfrentados por la guerra. Aquella misión confirmó su capacidad para intervenir en asuntos internacionales sin reducir la acción pontificia a una mera defensa de intereses territoriales.1

En 1298 recibió el capelo cardenalicio y posteriormente fue nombrado obispo de Ostia, una de las sedes cardinalicias de mayor rango. También ejerció como decano del Colegio de Cardenales. La Santa Sede lo envió como legado a latere a Hungría, país dividido por una guerra civil. Aunque su intervención sólo produjo resultados parciales, su prudencia y su disposición conciliadora le granjearon respeto.1,5

La crisis entre Bonifacio VIII y Felipe IV de Francia

El conflicto político y eclesial

El pontificado de Benedicto XI comenzó inmediatamente después de uno de los enfrentamientos más graves entre el papado medieval y una monarquía europea. Felipe IV de Francia había gravado bienes y personas eclesiásticas para financiar su guerra contra Inglaterra. Bonifacio VIII protestó contra esas medidas y defendió la autoridad de la Iglesia frente a la intervención regia en asuntos eclesiásticos.5

El conflicto alcanzó una expresión doctrinal culminante con la bula Unam sanctam, promulgada por Bonifacio VIII en 1302. El documento defendía la superioridad de la autoridad espiritual sobre el poder temporal en el orden propio de la salvación y de la misión de la Iglesia. La monarquía francesa rechazó con violencia las pretensiones pontificias y promovió una campaña contra Bonifacio VIII.5,7

El atentado de Anagni

En septiembre de 1303, Guillermo de Nogaret y Sciarra Colonna, apoyados por fuerzas armadas, irrumpieron en la residencia pontificia de Anagni y apresaron a Bonifacio VIII. Nicolás Boccasini, cardenal-obispo de Ostia, permaneció junto al pontífice, al igual que el cardenal-obispo de Sabina. Ambos figuraron entre los pocos prelados que no abandonaron al papa durante aquella crisis.1,5

Los habitantes de Anagni liberaron a Bonifacio pocos días después. El pontífice regresó a Roma, pero murió el 11 de octubre de 1303. Boccasini heredó una Iglesia afectada por la violencia política, la división del Colegio de Cardenales y el deterioro de las relaciones con Francia.5

Elección pontificia

Tras la muerte de Bonifacio VIII, los cardenales se reunieron en Roma para elegir a su sucesor. El 22 de octubre de 1303 eligieron a Nicolás Boccasini, quien adoptó el nombre de Benedicto XI. La elección contó con la concordia de los cardenales, circunstancia que el nuevo papa interpretó como una manifestación de la providencia divina.2

Su elección respondía a varias necesidades simultáneas:

  • recuperar la estabilidad institucional de la Iglesia;
  • evitar una ruptura abierta con la monarquía francesa;
  • preservar la memoria y la autoridad de Bonifacio VIII;
  • superar la división provocada por los cardenales Colonna;
  • mantener la autonomía pontificia frente a las presiones políticas.

Benedicto XI no pertenecía al círculo de los grandes príncipes italianos. Su perfil de religioso, teólogo y mediador ofrecía una imagen de moderación después de la intensa confrontación del pontificado anterior.

Pontificado

Reconciliación con Francia

La principal prioridad de Benedicto XI consistió en restablecer la paz con Felipe IV. El rey envió embajadores para felicitar al nuevo papa y manifestó formalmente su obediencia a la Santa Sede, al tiempo que pidió clemencia para el reino y para la Iglesia de Francia.1

Benedicto XI levantó las censuras que afectaban al rey y a sus súbditos, y restituyó al monarca y al reino algunos derechos y privilegios que Bonifacio VIII les había retirado. La decisión no equivalía a aceptar todas las pretensiones de Felipe IV. El papa buscaba una reconciliación política y eclesial que evitara una guerra prolongada y permitiera a la Santa Sede actuar con mayor libertad.1,3

Su política puede resumirse como conciliación sin capitulación. Benedicto XI moderó las sanciones contra el rey, pero no consideró legítima la violencia ejercida contra Bonifacio VIII ni permitió que la dignidad pontificia quedara anulada.

El caso de los cardenales Colonna

Benedicto XI también absolvió de sus censuras a los cardenales Colonna, adversarios de Bonifacio VIII. Sin embargo, no los restituyó inmediatamente en sus antiguas dignidades. Esta diferencia muestra que el papa distinguía entre la reconciliación personal y la restauración automática de una posición institucional.1

La medida intentaba sanar la división del Colegio de Cardenales sin borrar las responsabilidades políticas que habían contribuido a la crisis. El pontífice buscó restablecer la comunión eclesial, pero mantuvo una respuesta jurídica frente a quienes habían participado directamente en el ataque de Anagni.

Guillermo de Nogaret y Sciarra Colonna

La indulgencia aplicada a Felipe IV no se extendió a todos los responsables de la violencia. Guillermo de Nogaret, Sciarra Colonna y otros implicados en el atentado fueron declarados excomulgados y convocados ante el tribunal pontificio. Benedicto XI distinguió así entre el rey, cuya reconciliación consideraba necesaria para la paz, y quienes habían organizado o ejecutado el ataque contra el pontífice.1

Reformas y disciplina eclesiástica

La brevedad del pontificado impidió desarrollar un programa amplio de reformas. Aun así, las noticias biográficas presentan a Benedicto XI como un papa preocupado por la disciplina eclesiástica, la corrección de los abusos y la renovación de la vida religiosa. También mantuvo una relación favorable con las órdenes mendicantes, especialmente con los dominicos.5,3

La Orden Dominicana y la política pontificia del siglo XIV

La elección de Benedicto XI no constituyó un hecho aislado dentro de la historia de la Orden de Predicadores. Durante los siglos XIII y XIV, los papas confiaron a los dominicos tareas de predicación, enseñanza, diplomacia, administración eclesiástica, visita de monasterios y actividad inquisitorial. La orden ofrecía clérigos instruidos, disciplinados y acostumbrados a trabajar directamente al servicio de la Santa Sede.8

La tradición dominicana había nacido con una finalidad apostólica: anunciar el Evangelio, combatir los errores doctrinales y formar predicadores mediante la vida comunitaria, la pobreza y el estudio. La relación entre estudio y misión favoreció que muchos frailes asumieran responsabilidades episcopales, diplomáticas y curiales.6

En este contexto, Boccasini reunía tres cualidades de especial valor político para el papado:

  • una sólida formación teológica;
  • experiencia en el gobierno de una orden internacional;
  • práctica diplomática en conflictos entre reinos y dentro de la Iglesia.

Los papas medievales no utilizaban a las órdenes religiosas sólo para la evangelización. También recurrían a ellas para mantener comunicaciones, negociar treguas, investigar doctrinas, reformar comunidades y ejecutar decisiones pontificias. Los dominicos actuaron como colaboradores cualificados de la autoridad papal, aunque la propia amplitud de esas funciones generó tensiones dentro de la orden, cuyos miembros temían que las tareas administrativas y políticas distrajeran a los frailes de su finalidad principal.8

Benedicto XI prolongó esta relación entre dominicos y papado. Durante su pontificado creó tres cardenales pertenecientes a la Orden de Predicadores, una decisión que reforzó la presencia dominicana en el gobierno central de la Iglesia.5

Muerte en Perugia

Benedicto XI abandonó Roma y murió repentinamente en Perugia después de un pontificado de unos ocho meses. La fecha tradicional de su memoria litúrgica, el 7 de julio, coincide con la fecha que varias fuentes ofrecen para su muerte.1,4

Su fallecimiento dejó inconclusa la política de reconciliación emprendida con Francia. El Colegio de Cardenales inició después un largo proceso electoral. El cónclave que siguió a su muerte comenzó en 1304 y se prolongó durante aproximadamente once meses, hasta la elección de Bertrand de Got, que tomó el nombre de Clemente V en junio de 1305. Las divisiones entre cardenales italianos y franceses dificultaron la elección.9

El cónclave de 1304 y la transición hacia Aviñón

Un cónclave prolongado

El cónclave iniciado tras la muerte de Benedicto XI constituye una pieza fundamental para comprender la transición hacia el papado de Aviñón. La elección no produjo rápidamente un sucesor porque el Colegio de Cardenales estaba dividido entre distintas sensibilidades políticas y nacionales. La influencia de Francia había aumentado durante los últimos años, mientras que numerosos cardenales italianos defendían la permanencia del papa en Roma y una mayor independencia respecto de la monarquía francesa.9

La prolongación del cónclave evidenció que Benedicto XI no había podido resolver las tensiones estructurales heredadas de Bonifacio VIII. Su política conciliadora había reducido la confrontación inmediata, pero no había eliminado la rivalidad entre la corte francesa, los grupos cardenalicios y los defensores de la autonomía romana.

Elección de Clemente V

Los cardenales eligieron a Bertrand de Got el 5 de junio de 1305. El nuevo papa procedía de una región vinculada políticamente a Francia y mantenía una relación personal con Felipe IV, aunque también había conservado la fidelidad a Bonifacio VIII durante el conflicto.9

Clemente V no acudió a Roma para su coronación, que tuvo lugar en Lyon. Durante los años siguientes residió en distintos lugares de Francia y finalmente estableció la corte pontificia en Aviñón en 1309. Este traslado inauguró un periodo de aproximadamente setenta años durante el cual los papas residieron en territorio francés o bajo una fuerte influencia de la monarquía francesa.9,7

Benedicto XI no trasladó la sede pontificia a Aviñón ni puede considerarse el primer papa aviñonés. Sin embargo, su breve pontificado ocupó el intervalo decisivo entre la crisis de Bonifacio VIII y la elección de Clemente V. La dificultad del cónclave de 1304-1305 y la posterior elección de un pontífice estrechamente relacionado con el ámbito francés prepararon el cambio histórico conocido como papado de Aviñón.10,9

La leyenda del envenenamiento

La acusación tradicional

La muerte repentina de Benedicto XI favoreció la aparición de sospechas de envenenamiento. Algunas narraciones atribuyeron la muerte a una acción de Guillermo de Nogaret, uno de los principales adversarios de Bonifacio VIII. La hipótesis resultaba políticamente verosímil para los contemporáneos y para cronistas posteriores porque Nogaret había participado en la agresión de Anagni y tenía motivos para temer una condena pontificia.1

La tradición literaria presentó en ocasiones el envenenamiento como un hecho probado. Sin embargo, la documentación histórica citada describe la muerte como repentina y recoge la sospecha, pero no aporta una prueba concluyente que permita afirmar con certeza la intervención de Nogaret.

Distinción entre sospecha y evidencia

La diferencia entre leyenda, sospecha política y evidencia histórica resulta esencial:

  • la muerte repentina de Benedicto XI está documentada;
  • la existencia de sospechas de envenenamiento también aparece en la tradición histórica;
  • la atribución del crimen a Guillermo de Nogaret carece de una demostración definitiva en los testimonios conservados;
  • ningún dato citado permite presentar el asesinato como una certeza histórica.

Por tanto, la formulación más rigurosa describe la muerte como inesperada y rodeada de acusaciones de envenenamiento, sin convertir esas acusaciones en un hecho probado.1

Escritos

Benedicto XI dejó una producción teológica y pastoral vinculada a su actividad como maestro dominicano, profesor y predicador. Entre sus obras figuran:

También redactó documentos pontificios relativos a su elección y a las primeras tareas de su pontificado. En una carta dirigida a obispos lombardos explicó la sucesión de responsabilidades que había recibido dentro de la Orden de Predicadores, el cardenalato y el episcopado de Ostia antes de asumir el papado.1,2

Culto y beatificación

La Iglesia venera a Benedicto XI como beato, no como santo canonizado. Su culto quedó vinculado especialmente a Roma y a la Orden de Predicadores, que celebra su memoria el 7 de julio. Las fuentes hagiográficas ofrecen distintas fechas para la confirmación o reconocimiento de su culto, entre ellas 1736, 1773 y 1898.1,4,3

La tradición dominicana lo presenta como un hombre de vida austera, humilde y moderada. Una narración hagiográfica relata que mantuvo prácticas de penitencia propias de su vida religiosa incluso después de su elección pontificia. Estos relatos expresan la imagen espiritual de un papa que conservó el estilo de vida de un fraile predicador en medio de las responsabilidades del gobierno de la Iglesia.4

Valoración histórica

El pontificado de Benedicto XI tuvo una duración demasiado breve para resolver la crisis abierta entre el papado y Francia. Su importancia histórica no depende de grandes reformas legislativas, sino de su posición como pontífice de transición.

Benedicto XI intentó reconciliar a la Santa Sede con Felipe IV, reintegrar a los adversarios eclesiásticos de Bonifacio VIII y preservar al mismo tiempo la autoridad pontificia. Su política evitó una ruptura inmediata, pero no pudo impedir que las divisiones del Colegio de Cardenales desembocaran en un cónclave prolongado y en la elección de Clemente V.

Su figura reúne tres dimensiones inseparables:

  1. La dimensión dominicana, fundada en el estudio, la predicación y la disciplina religiosa.
  2. La dimensión diplomática, visible en sus misiones de mediación en Inglaterra, Francia y Hungría.
  3. La dimensión pontificia, marcada por el esfuerzo de restaurar la paz tras la violencia de Anagni y el conflicto con Felipe IV.

La historiografía católica lo recuerda como un papa prudente y conciliador, cuya actuación buscó sanar las heridas de la Iglesia sin justificar los ataques contra su predecesor. La brevedad de su gobierno impidió que su programa alcanzara plena madurez, pero su pontificado ocupa un lugar decisivo entre la crisis de Bonifacio VIII y el comienzo del papado de Aviñón.

Citas y referencias

  1. Papa Benedicto XI. Enciclopedia Católica, Papa Benedicto XI (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18
  2. Benedicto XI, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomo IV, 183 (1859). 2 3 4
  3. Papa #194: Beato Benedicto XI, Magisterio IA. Breve Historia de los Papas de la Iglesia Católica, Papa 194 (2024). 2 3 4
  4. Beato Roger Dickenson y sus compañeros, mártires (a. D. 1591), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen III, 40 (1990). 2 3 4
  5. Benedicto XI, papa (a. D. 1304), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen III, 39 (1990). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  6. San Domingo Guzmán, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 3 de febrero de 2010, 1 (2010). 2
  7. B1. De 1054 al Concilio de Florencia (1438-1439), Dicasterio para la Promoción de la Unidad Cristiana. Sinodalidad y Primacía en el Segundo Milenio y Hoy, 1.14 (2023). 2
  8. Orden de los Predicadores. Enciclopedia Católica, Orden de los Predicadores (1913). 2
  9. Papa Clemente V. Enciclopedia Católica, Papa Clemente V (1913). 2 3 4 5
  10. Papa #195: Clemente V, Magisterio IA. Breve Historia de los Papas de la Iglesia Católica, Papa 195 (2024).
Modificado el 27 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.51Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/z1r1wf0dx

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