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Papa Benedicto XV

Benedicto XV, nacido Giacomo della Chiesa, fue papa de la Iglesia católica entre 1914 y 1922. Su pontificado estuvo marcado por la Primera Guerra Mundial, la defensa de una paz fundada en la justicia, la promulgación del Código de Derecho Canónico de 1917 y una renovación de la acción misionera que impulsó la formación de clero autóctono y desvinculó la evangelización de los intereses políticos de las potencias coloniales.

Benedictus XV, by Nicola Perscheid, 1915 (retouched)
Ver información de la imagenBenedicto XV, de Nicola Perscheid, 1915 (retocado). c. 1915. Przystanek Historia: Info ImagenGetty Images: Info Imagen, Nicola Perscheid, Dominio Público. 📄
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NombrePapa Benedicto XV
CategoríaPersona
Nombre CompletoGiacomo della Chiesa
Lugar de NacimientoGénova
Fecha de Muerte1922
Fin del Pontificado1922
Inicio del Pontificado1914
TipoPapa

Tabla de contenido

Biografía

Formación y carrera eclesiástica

Giacomo della Chiesa nació en Génova, en el seno de una familia perteneciente a la aristocracia local. Su formación jurídica y diplomática preparó el perfil que más tarde caracterizaría su pontificado: conocimiento de la administración eclesiástica, experiencia en las relaciones internacionales y capacidad para actuar en contextos políticos complejos.

Durante su servicio en la Secretaría de Estado colaboró con el cardenal Mariano Rampolla del Tindaro. En ese periodo trató asuntos relacionados con las Iglesias católicas orientales y con la presencia internacional de la Santa Sede. Aunque su formación inicial estuvo más vinculada al derecho y la diplomacia que a los estudios históricos o teológicos, su responsabilidad como papa le llevó a ocuparse de la situación de los católicos en Europa central, Oriente Próximo y el Imperio otomano.1

Posteriormente fue nombrado arzobispo de Bolonia. Su breve gobierno pastoral en aquella archidiócesis precedió a su elevación al cardenalato y a su elección pontificia tras la muerte de san Pío X.

Elección pontificia

El cónclave eligió a della Chiesa el 3 de septiembre de 1914, cuando la guerra europea ya había comenzado. Adoptó el nombre de Benedicto XV, en continuidad con la tradición de los pontífices que habían ejercido un ministerio de reconciliación en periodos de crisis.

Su elección tuvo lugar en un momento especialmente delicado para la Iglesia. Las naciones católicas combatían en bandos opuestos, numerosos obispos y sacerdotes se encontraban aislados por las fronteras militares y la Santa Sede afrontaba grandes dificultades para comunicarse con las poblaciones afectadas por el conflicto. El pontífice comprendió desde el principio que debía ejercer una paternidad espiritual universal, sin convertir el papado en un instrumento diplomático de ninguna potencia.2

El pontificado durante la Primera Guerra Mundial

La condena de la guerra

Benedicto XV presentó la guerra como una catástrofe humana y moral. En sus primeros mensajes pidió a los gobernantes que abandonasen las armas y buscasen otros medios para reparar los derechos vulnerados. Su llamamiento no partía de intereses nacionales, sino del amor a todos los pueblos y de la responsabilidad propia del ministerio pontificio.3

El Papa calificó el conflicto como una «carneficina», expresión que mostraba su juicio sobre la destrucción causada por la guerra industrial. No redujo la paz a la simple ausencia de combates. Para él, una paz auténtica debía respetar la justicia, atender las legítimas aspiraciones de los pueblos y evitar que la victoria de una parte alimentase nuevos resentimientos.

En 1915 explicó que el final de la guerra exigía un diálogo sincero entre los beligerantes, el examen de sus reivindicaciones y la eliminación de las pretensiones injustas o imposibles. También consideró necesario que cada parte renunciase a algunas ventajas para evitar la responsabilidad moral de prolongar una matanza sin precedentes.4

Neutralidad política e imparcialidad moral

La postura de Benedicto XV requiere distinguir dos conceptos que a menudo aparecen confundidos:

  • Neutralidad política: la Santa Sede no apoyó oficialmente a ninguno de los bloques militares ni asumió los objetivos estratégicos de una potencia.
  • Imparcialidad moral: el Papa no consideró moralmente equivalentes todas las acciones cometidas durante la guerra. Condenó la injusticia, la violencia desproporcionada, la devastación de territorios y los abusos contra la población civil, cualquiera que fuese el país responsable.

En 1915, Benedicto XV declaró que el Papa debía reprobar toda injusticia sin implicar la autoridad pontificia en las disputas militares de las potencias. La imparcialidad resultaba necesaria, según su razonamiento, porque el Vicario de Cristo debía preocuparse por todos los combatientes y porque las comunidades católicas se encontraban a ambos lados del frente.5

Esta imparcialidad no equivalía a indiferencia. El Papa afirmaba que la Santa Sede debía mantener la misma solicitud por todos sus hijos, pero también seguir con angustia las operaciones militares y denunciar los excesos de la violencia. En el caso de Bélgica, pidió que las regiones ocupadas no sufriesen una devastación superior a la estrictamente exigida por las circunstancias militares.5

La política pontificia provocó incomprensiones. Algunas potencias esperaban una condena explícita del adversario, mientras que otras sospechaban que la Santa Sede favorecía secretamente al bloque contrario. Las dificultades de comunicación y la expulsión de representantes diplomáticos agravaron la situación. El propio Papa lamentó que la guerra hubiera reducido la libertad práctica de la Santa Sede y dificultado su conocimiento directo de los acontecimientos.4

Iniciativas humanitarias

La diplomacia de Benedicto XV estuvo acompañada por una intensa acción humanitaria. La Santa Sede procuró aliviar el sufrimiento de prisioneros, refugiados, heridos, deportados y poblaciones empobrecidas. El pontífice mostró una preocupación particular por los niños afectados por el hambre y por las consecuencias sociales de la guerra. La memoria oficial de su pontificado lo presenta como un papa dedicado a socorrer a personas necesitadas de cualquier nación y especialmente a los menores víctimas de la miseria.6

Benedicto XV también intentó promover una tregua navideña en 1914. La iniciativa no alcanzó el resultado esperado, pero reflejó el carácter pastoral de su intervención: incluso una suspensión breve de las hostilidades podía evitar muertes y ofrecer consuelo a las familias.2

La paz después de la guerra

Tras el armisticio, el Papa insistió en que la paz no podía fundarse en el odio, la humillación ni la imposición de una parte sobre las demás. En Quod iam diu pidió oraciones por quienes participarían en la conferencia de paz y reclamó una solución basada en los principios cristianos de la justicia.7

En Pacem, Dei munus pulcherrimum, publicada en 1920, invitó a los pueblos a olvidar las ofensas, restablecer la caridad cristiana y construir una paz justa y duradera. Su pensamiento vinculaba la reconciliación internacional con la conversión moral: ningún tratado podía garantizar por sí solo una paz estable si los pueblos conservaban el odio y el deseo de venganza.8

El Código de Derecho Canónico de 1917

Una reforma decisiva

La promulgación del Código de Derecho Canónico de 1917 constituye una de las grandes obras del pontificado de Benedicto XV y el eje de la transición hacia el derecho canónico moderno.

Durante siglos, la legislación eclesiástica había quedado dispersa en decretales, decisiones pontificias, normas conciliares, costumbres y disposiciones particulares. La acumulación de textos dificultaba conocer qué normas permanecían vigentes y cuáles respondían a circunstancias históricas ya superadas. Benedicto XV explicó que la Iglesia necesitaba un código accesible, ordenado y capaz de ofrecer una visión coherente de su disciplina.9

La iniciativa había comenzado bajo san Pío X, que en 1904 creó la comisión encargada de preparar la codificación. Benedicto XV reconoció expresamente el mérito de su predecesor y agradeció la labor del cardenal Pietro Gasparri, principal responsable técnico de la compilación.9

Promulgación y estructura

Benedicto XV promulgó el Código mediante la constitución apostólica Providentissima mater Ecclesia el 27 de mayo de 1917. El texto entró en vigor el 19 de mayo de 1918. Por su origen y por la colaboración de ambos pontífices, recibió el nombre de Código pío-benedictino.10

El Código reunía 2414 cánones, distribuidos en cinco libros:

  1. Normas generales, sobre las fuentes del derecho y el cómputo del tiempo.
  2. Las personas, con la disciplina de clérigos, religiosos y laicos.
  3. Las cosas, que incluía los sacramentos, el magisterio y los bienes eclesiásticos.
  4. Los procesos, dedicado a los juicios y procedimientos.
  5. Los delitos y las penas, sobre la potestad sancionadora de la Iglesia.10

El Código no pretendía borrar la diversidad de las Iglesias orientales católicas. Su aplicación se dirigía principalmente a la Iglesia latina y respetaba las peculiaridades de los ritos orientales, así como determinados ámbitos relacionados con la liturgia y los acuerdos con los Estados.10

Importancia histórica

La codificación aportó unidad, claridad y previsibilidad jurídica a la administración eclesial. También consolidó una concepción más pública y sistemática del derecho de la Iglesia, con una delimitación más precisa de las funciones legislativa, judicial y coercitiva del gobierno episcopal.11

El Código de 1917 no fue una simple recopilación. Organizó el ordenamiento canónico conforme a una estructura racional, semejante a la de los códigos civiles de su tiempo. Gracias a esa sistematización, la disciplina eclesiástica pudo aplicarse de manera más uniforme y convertirse en una referencia común para obispos, tribunales, seminarios y facultades de Derecho Canónico.

Aunque quedó posteriormente sustituido por el Código de Derecho Canónico de 1983, su influencia en la ciencia canónica del siglo XX resultó decisiva. Benedicto XV convirtió así una necesidad administrativa en una transformación duradera de la vida jurídica de la Iglesia.

El impulso misionero

La carta apostólica Maximum illud

En 1919 Benedicto XV publicó la carta apostólica Maximum illud, uno de los documentos misioneros más significativos de su pontificado. El texto impulsó una concepción universal de la misión y reclamó que la evangelización no quedase subordinada a los intereses políticos, económicos o culturales de las potencias coloniales europeas.

La Iglesia, según el planteamiento de Benedicto XV, no debía aparecer como una institución extranjera vinculada a una nación concreta. Su presencia pertenecía a todos los pueblos y su ministerio debía ejercerse con auténtico carácter católico, es decir, universal.12

Formación del clero autóctono

El Papa concedió una importancia central a la formación de sacerdotes procedentes de los propios pueblos evangelizados. Maximum illud pidió que recibiesen una preparación completa, no una instrucción elemental destinada únicamente a desempeñar funciones subordinadas.

Benedicto XV defendió que los sacerdotes locales debían recibir una formación equivalente a la de los sacerdotes europeos y ejercer el ministerio como colaboradores plenamente responsables. Su meta consistía en que pudieran asumir con el tiempo el liderazgo espiritual de sus comunidades.13

La razón pastoral resultaba evidente: el sacerdote nacido en un determinado pueblo conoce su lengua, su mentalidad, sus costumbres y sus aspiraciones. Por ello, puede anunciar el Evangelio de forma más cercana y acceder a ambientes donde un sacerdote extranjero encontraría mayores obstáculos.14

Evangelización y colonialismo

La propuesta de Benedicto XV no equivalía a negar toda colaboración entre misioneros extranjeros y comunidades locales. Su objetivo consistía en superar la identificación entre cristianismo y dominio europeo. La misión debía fundar Iglesias verdaderamente arraigadas en cada pueblo, capaces de desarrollar sus propios ministerios, instituciones y expresiones culturales.

Este principio desvinculaba la evangelización de la expansión colonial. Allí donde existiese un clero local bien formado, la misión podía considerarse sólidamente establecida, porque la Iglesia dejaba de depender de la presencia permanente de agentes extranjeros.12

Atención a las Iglesias orientales

Benedicto XV mostró especial preocupación por los católicos orientales afectados por la guerra y por la inestabilidad política de Europa central y del Imperio otomano. Durante su pontificado fundó la Congregación para la Iglesia Oriental, posteriormente denominada Congregación para las Iglesias Orientales, y creó en Roma el Instituto Pontificio de Estudios Orientales.1

Estas iniciativas pretendían mejorar el conocimiento de las tradiciones orientales católicas, proteger su patrimonio y fortalecer la atención pastoral de comunidades sometidas a cambios de fronteras, desplazamientos y persecuciones. La acción de la Santa Sede atendió especialmente a los católicos de rito oriental de Europa central y de las regiones sometidas al Imperio otomano.1

Enseñanza y vida de la Iglesia

Benedicto XV defendió la integridad de la fe y promovió una interpretación rigurosa de la Sagrada Escritura. También impulsó la predicación de la palabra de Dios y fomentó la formación cristiana de los fieles.6

Durante su pontificado promovió la devoción a la Virgen María como Reina de la Paz, especialmente en el contexto de la guerra. También favoreció la devoción a san José y reconoció el culto de varios santos, entre ellos Juana de Arco y Margarita María de Alacoque.6

Su programa pastoral vinculó la renovación espiritual con la acción social. En un discurso de 1918 propuso atender la educación de los niños, la protección de los trabajadores y la orientación de las clases acomodadas en el uso responsable de la riqueza y de la autoridad.15

Valoración histórica

El pontificado de Benedicto XV estuvo condicionado por una guerra que limitó la capacidad de acción diplomática de la Santa Sede y dificultó la comunicación con las Iglesias locales. Sin embargo, su legado supera ampliamente la cuestión de su política internacional.

Su figura representa tres grandes líneas de renovación:

  • La defensa de una paz justa, distinta de la mera victoria militar.
  • La consolidación jurídica de la Iglesia latina, mediante el Código de Derecho Canónico de 1917.
  • La universalización de la misión, mediante la promoción del clero autóctono y la separación entre evangelización y colonialismo.

Benedicto XV murió en 1922. La memoria eclesial de su pontificado lo presenta como un papa entregado a la paz, a la ayuda de las víctimas de la guerra, a la reorganización jurídica de la Iglesia y a la expansión misionera fundada en la responsabilidad de las Iglesias locales.6

Citas y referencias

  1. Benedicto XV, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Benedicto XV (2015). 2 3
  2. Discurso con motivo de la primera reunión con el colegio de cardenales en la vigilia de la solemnidad de la Navidad (24 de diciembre de 1914), Papa Benedicto XV. Discurso con motivo de la primera reunión con el Colegio de Cardenales en la vigilia de la Solemnidad de la Navidad (24 de diciembre de 1914), 1 (1914). 2
  3. Papa Benedicto XV. Ad Beatissimi Apostolorum, 4 (1914).
  4. Al sagrado colegio durante el consistorio secreto (6 de diciembre de 1915), Papa Benedicto XV. Al Colegio Sagrado durante el Consistorio Secreto (6 de diciembre de 1915), 1 (1915). 2
  5. Papa Benedicto XV. Discurso con motivo del consistorio convocado para la asignación de nuevos obispos a diócesis vacantes (22 de enero de 1915) - Discurso, 1 (1915). 2
  6. Sagrada Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 3, febrero, 1922, 12 (1922). 2 3 4
  7. Papa Benedicto XV. Quod Iam Diu, 2 (1918).
  8. Papa Benedicto XV. Pacem, Dei Munus Pulcherrimum, 19 (1920).
  9. Papa Benedicto XV. Anuncio de la promulgación del Código de Derecho Canónico (4 de diciembre de 1916) - Discurso, 1 (1916). 2
  10. Codex iuris canonici 1917, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Codex Iuris Canonici 1917 (2015). 2 3
  11. B1.5.2 Código de derecho canónico de 1917, John J. Coughlin. El desarrollo histórico y las normas procesales actuales del recurso administrativo ante la Signatura Apostólica. I, 2001, Número 3, pp. 455-496, 24 (2001).
  12. A los encargados de las misiones - Función de los superiores de misiones - Iglesia no ajena, Papa Benedicto XV. Maximum illud (30 de noviembre de 1919), 16 (1919). 2
  13. A los encargados de las misiones - Función de los superiores de misiones - Clero local, Papa Benedicto XV. Maximum illud (30 de noviembre de 1919), 15 (1919).
  14. A los encargados de las misiones - Función de los superiores de misiones - Clero local, Papa Benedicto XV. Maximum illud (30 de noviembre de 1919), 14 (1919).
  15. Al sagrado colegio de cardenales en la vigilia de la solemnidad de la Navidad (24 de diciembre de 1918), Papa Benedicto XV. Al Colegio Sagrado de Cardenales en la vigilia de la Solemnidad de la Navidad (24 de diciembre de 1918), 1 (1918).
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