El Liber Pontificalis identifica a Bonifacio como hijo de Sigisbald, nombre que ha llevado a considerarlo el primer papa de ascendencia germánica mencionado por esa obra. Sirvió a la Iglesia de Roma desde joven y, durante el pontificado de Félix IV, alcanzó el cargo de archidiácono y una posición influyente entre las autoridades eclesiásticas y civiles.1
La designación de Bonifacio por Félix IV respondió al temor de que, tras su muerte, estallara una disputa entre los grupos romanos y los godos. Félix convocó a clérigos y senadores, entregó a Bonifacio el palio y lo proclamó sucesor, amenazando con la excomunión a quienes rechazaran su autoridad. Aquella decisión extraordinaria pretendía asegurar una sucesión ordenada, pero no obtuvo el asentimiento de la mayoría del clero romano.1
La intervención de los reyes ostrogodos pesaba sobre la política romana. Félix IV había accedido al papado en un periodo marcado por la influencia del rey Teodorico, y muchos clérigos sospechaban que la designación de Bonifacio favorecía los intereses del rey Atalarico, nieto de Teodorico. Esa oposición no equivalía simplemente a un rechazo de la autoridad eclesiástica del papa: también expresaba la resistencia a que el poder político ostrogodo condicionara la sucesión pontificia.1,3





