Necesidades económicas
El Cisma obligó a mantener dos administraciones pontificias rivales. Cada obediencia necesitaba financiar cardenales, funcionarios, diplomáticos, tribunales, mensajeros, ejércitos, fortificaciones y campañas políticas. Bonifacio IX orientó buena parte de su gobierno a restaurar el tesoro pontificio y recuperar ingresos perdidos.
La necesidad de sostener Roma y los territorios pontificios impulsó una fiscalidad más intensa. Las rentas procedían de derechos administrativos, beneficios eclesiásticos, dispensas, indulgencias y otras prestaciones vinculadas al gobierno de la Iglesia. En una época de obediencias rivales, la recaudación también servía para demostrar que una Curia tenía capacidad real de gobernar.
Indulgencias y abusos
Durante el pontificado de Bonifacio se celebraron dos jubileos en Roma. El primero ocurrió en 1396, conforme a una disposición de Urbano VI, y atrajo peregrinos de Alemania, Hungría, Polonia, Bohemia e Inglaterra. El jubileo de 1400 atrajo a numerosos peregrinos, especialmente de Francia, a pesar de una grave epidemia.
La predicación de las indulgencias generó abusos. Agentes no autorizados imponían cargas a los fieles o actuaban en nombre del papa sin legitimidad. Bonifacio IX tuvo que intervenir contra ellos con severidad.
La indulgencia pertenecía a la disciplina penitencial de la Iglesia, pero su predicación incorrecta podía convertir una práctica espiritual en una fuente de ingresos mal comprendida. La mezcla de peregrinación, perdón de penas temporales, donativos y necesidades financieras alimentó la sospecha de que la Curia comerciaba con los bienes espirituales.
Dispensas, cargos y percepción de la autoridad
La administración pontificia recurrió ampliamente a dispensas, provisiones de beneficios y concesiones eclesiásticas para obtener recursos. Las críticas contemporáneas denunciaron la venta de indulgencias, dispensas y cargos, así como el uso de estas prácticas para financiar el papado romano.
La fiscalidad pontificia tuvo efectos diferentes según las naciones:
- En los territorios fieles a Roma, los pagos podían interpretarse como contribuciones necesarias para sostener al papa legítimo y proteger la unidad eclesial.
- En las regiones vinculadas a Aviñón, las cargas financieras servían para justificar la resistencia al papado romano.
- En Francia, la severidad fiscal de los agentes de la obediencia aviñonesa provocó un rechazo creciente hacia Benedicto XIII y contribuyó a que Carlos VI retirara temporalmente a sus súbditos de su obediencia en 1398.
- En otros reinos, la fiscalidad pontificia favoreció el desarrollo de controles regios sobre las comunicaciones papales, las dispensas y los beneficios eclesiásticos.
La evolución fiscal alteró así la percepción de la autoridad papal. El papa no aparecía solo como maestro de la fe y garante de la comunión, sino también como administrador de una extensa red económica. Cuando esa administración atendía necesidades pastorales y jurídicas, podía reforzar la autoridad de la Santa Sede. Cuando parecía arbitraria o venal, alimentaba el particularismo nacional y la intervención de los monarcas.