Bonifacio V, un napolitano de quien se sabe poco sobre su carrera anterior, fue elegido para suceder a Adeodato I, quien falleció en noviembre de 6181. Sin embargo, su consagración como Papa no ocurrió hasta el 23 de diciembre de 619, después de un período de sede vacante de trece meses1. Esta demora se debió a la necesidad de que la elección papal fuera ratificada por el gobierno imperial en Constantinopla1.
Durante este tiempo, Italia sufrió la rebelión de Eleuterio, el exarca de Rávena, quien se autoproclamó emperador. Eleuterio marchó hacia Roma, pero fue asesinado por sus propias tropas antes de llegar a la ciudad1. Bonifacio V había mantenido lealtad al emperador Heraclio, lo que facilitó la ratificación de su elección1.

