Relación con la Iglesia anglosajona
Bonifacio V mantuvo una relación activa con las comunidades cristianas de Inglaterra. La misión romana iniciada bajo Gregorio Magno había creado estructuras eclesiales en Kent y otros territorios, pero la expansión del cristianismo dependía todavía de la conversión de los gobernantes y de la estabilidad de las comunidades locales.
El papa escribió cartas de exhortación a Mellitus, arzobispo de Canterbury, y a Justo, obispo de Rochester. Las cartas dirigidas a Mellitus y a Justo durante los primeros años del pontificado no han llegado hasta la actualidad, pero una carta posterior dirigida a Justo sí dejó huella en la tradición histórica.
Cuando Justo sucedió a Mellitus como arzobispo de Canterbury, Bonifacio le concedió el palio, signo de comunión con la Sede Apostólica y de reconocimiento de su responsabilidad metropolitana. Además, le autorizó a ordenar obispos cuando las necesidades pastorales lo exigieran.
La concesión del palio no implicaba que Canterbury quedara convertida en una diócesis sometida a un modelo administrativo completamente centralizado. Expresaba, más bien, la relación de comunión y cooperación entre Roma y la Iglesia anglosajona, dentro de una estructura todavía en formación.
El rey Edwin de Northumbria
Bonifacio dirigió también una carta a Edwin, rey de Northumbria, para exhortarle a abrazar la fe cristiana. El papa invitaba al monarca a reconocer el cristianismo, mientras la reina cristiana Ethelberga recibía el estímulo de emplear su influencia para favorecer la conversión de su esposo.
Beda el Venerable relata que Edwin no aceptó la fe de forma precipitada. El rey quiso recibir instrucción de Paulino y consultar a los principales de su reino antes de tomar una decisión. El relato presenta la conversión como un proceso en el que intervenían la conciencia personal del monarca, la enseñanza cristiana y el discernimiento político de la aristocracia anglosajona.
Beda conserva el comienzo de la carta atribuida a Bonifacio:
«Al ilustre Edwin, rey de los ingleses, Bonifacio, obispo y siervo de los siervos de Dios».
La atribución exacta de esta carta plantea una dificultad cronológica. Una nota transmitida con la obra de Beda propone que el nombre de Bonifacio podría proceder de un error de copia y que la carta perteneciera a su sucesor, Honorio I. El problema nace de la fecha de la consagración de Paulino y del momento en que Edwin recibió la exhortación. Al mismo tiempo, la carta alude a la conversión de Eadbald, noticia que encaja mejor con los últimos años de Bonifacio. La identificación tradicional con Bonifacio V resulta plausible, pero la cuestión no admite una certeza absoluta.
La cautela resulta especialmente necesaria porque la noticia de Beda fue redactada después de los acontecimientos y dependió de manuscritos cuya transmisión introdujo variantes. La actividad misionera de Bonifacio en Inglaterra está bien integrada en el marco de las relaciones entre Roma y las Iglesias anglosajonas, pero cada carta debe valorarse individualmente.