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Papa Bonifacio V

Bonifacio V fue el papa número 71 de la Iglesia católica. Natural de Nápoles, ocupó la sede de Roma desde el 23 de diciembre de 619 hasta su muerte, el 25 de octubre de 625. Su pontificado transcurrió durante el reinado del emperador Heraclio, en un periodo marcado por la inestabilidad política de Italia, la dependencia jurídica de Roma respecto del Imperio romano de Oriente y el crecimiento de la actividad misionera en los reinos anglosajones.1

Boniface VIII declaring the Jubilee Year of 1300
Ver información de la imagenSan Giovanni in Laterano (Roma) - Interior, c. 1300. Original, Giotto, Dominio público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Bonifacio V
CategoríaPersona
Nombre CompletoBonifacio V
DescripciónInestabilidad política en Italia, dependencia de Roma del Imperio Bizantino y presencia lombarda.
Lugar de NacimientoNápoles, Campania, Italia
Fecha de Muerte625-10-25
NacionalidadItaliano
Autoridad EclesiásticaEmperador Heraclio
Contexto PolíticoRoma bajo dominio del Imperio romano de Oriente, con influencia del emperador Heraclio.
Duraciónaproximadamente 6 años
Eventos RelacionadosRebelión de Eleuterio, misión en los reinos anglosajones
Fecha de Consagración23 de diciembre de 619
Impacto HistóricoFortaleció la organización interna de la Iglesia en un periodo de inestabilidad y sentó bases para futuras relaciones con la Iglesia anglosajona.
Importancia HistóricaConsolidó la autoridad romana, reguló normas eclesiásticas y promovió la evangelización en Inglaterra.
Inicio del Pontificado23 de diciembre de 619
LugarNápoles, Roma, San Nicomedes, Rávena, Canterbury, Northumbria
Lugar de SepulturaBasílica de San Pedro, Roma
Personas relacionadasDeusdedit
Personas RelacionadasHeraclio, Deusdedit, Mellitus, Justo, Edwin, Beda el Venerable, Sergio de Constantinopla, Agatón
TipoPapa

Tabla de contenido

Biografía

Origen y formación eclesiástica

Bonifacio nació en Nápoles, dentro de la región italiana de Campania. El Liber Pontificalis lo presenta como hijo de Juan y antiguo arcipreste del título romano de San Sixto. La tradición documental lo vincula, por tanto, con el clero romano antes de su elección pontificia.2

La documentación conservada ofrece pocos datos sobre sus primeros años. Su carrera eclesiástica debió de desarrollarse en el entorno de la Iglesia de Roma, en una época en la que los presbíteros titulares y los arciprestes desempeñaban funciones relevantes en la administración pastoral y litúrgica de la ciudad.

Elección y consagración

Bonifacio sucedió al papa Deusdedit, fallecido en noviembre de 618. La sede romana permaneció vacante durante más de un año, una duración que refleja las dificultades políticas y administrativas de la elección pontificia en el siglo VII. La confirmación imperial constituía todavía un factor decisivo en la legitimación del nuevo papa.1

Bonifacio recibió la consagración episcopal el 23 de diciembre de 619. El Liber Pontificalis y otras compilaciones sitúan la ordenación pontificia en torno a la Navidad de aquel año.1,2

El contexto político del pontificado

Roma y el Imperio romano de Oriente

Durante el pontificado de Bonifacio V, Roma formaba parte del ámbito político del Imperio romano de Oriente. La ciudad conservaba una identidad eclesial y jurídica propia, pero carecía de plena autonomía política. El papa debía mantener la comunión con el emperador y, al mismo tiempo, proteger las competencias de la Sede Apostólica y la vida interna de la Iglesia romana.

Esta tensión entre lealtad imperial y autonomía eclesiástica caracterizó buena parte del papado altomedieval. El pontífice no actuaba como un soberano territorial independiente en el sentido posterior, sino como obispo de Roma, cabeza de una extensa red de relaciones eclesiales y autoridad moral dentro de un orden imperial.

La situación italiana permanecía además condicionada por la presencia de los lombardos y por la fragilidad del control bizantino. Las comunicaciones, la seguridad y la administración de las ciudades dependían de un equilibrio inestable entre las autoridades imperiales, los poderes locales y las comunidades eclesiásticas. Una síntesis histórica del pontificado relaciona la actividad de Bonifacio con la inestabilidad italiana y con la necesidad de reforzar la autoridad pastoral y administrativa de la Iglesia.3

La rebelión de Eleuterio

Antes de la consagración de Bonifacio, Italia sufrió la rebelión de Eleuterio, exarca de Rávena. El exarca era el principal representante del poder imperial en Italia. Eleuterio avanzó hacia Roma con pretensiones políticas, pero sus propios soldados lo asesinaron antes de que alcanzara la ciudad.1

Este episodio muestra el clima de inseguridad en el que comenzó el pontificado. Roma no afrontaba únicamente conflictos doctrinales o cuestiones pastorales; también debía sobrevivir dentro de una estructura imperial atravesada por rivalidades militares y disputas de autoridad.

Gobierno eclesiástico y disciplina

El derecho de asilo

El Liber Pontificalis atribuye a Bonifacio V disposiciones relativas al derecho de asilo eclesiástico. Las personas que buscaban refugio en una iglesia quedaban protegidas frente a una extracción forzosa por parte de las autoridades civiles. Esta práctica no convertía el templo en un espacio ajeno a toda justicia, pero introducía una pausa y una protección frente a la violencia inmediata.1

El derecho de asilo tenía una dimensión pastoral y jurídica. La Iglesia defendía la vida y la integridad de quienes podían sufrir abusos, venganzas privadas o actuaciones arbitrarias. Al mismo tiempo, la regulación del asilo exigía coordinación con las autoridades civiles y evitaba que cualquier conflicto quedara sustraído indefinidamente a la justicia.

La tradición posterior ha presentado estas medidas como una ampliación de la autoridad de la Iglesia. Sin embargo, el testimonio del Liber Pontificalis permite describir con mayor precisión la actuación documentada: Bonifacio dictó normas sobre la protección de quienes se refugiaban en lugares sagrados. La interpretación de esa política como un paso general hacia la supremacía jurídica eclesiástica pertenece a una valoración historiográfica posterior y no debe confundirse con el contenido concreto de la noticia antigua.

Testamentos y notarios eclesiásticos

Bonifacio ordenó que los notarios eclesiásticos respetaran las leyes imperiales relativas a los testamentos. La disposición revela la estrecha relación existente entre la administración de la Iglesia romana y el derecho imperial. Los notarios vinculados a la Iglesia podían intervenir en actos jurídicos de gran importancia, pero debían actuar dentro del marco legal vigente.1

La medida también manifiesta una concepción ordenada de la administración eclesial. La Iglesia no pretendía gestionar los bienes y las disposiciones testamentarias mediante prácticas arbitrarias, sino conforme a normas reconocidas. En este ámbito, la autonomía de la Sede Apostólica no significaba independencia absoluta frente al derecho civil.

Normas sobre los acólitos

El papa prohibió que los acólitos trasladaran por iniciativa propia las reliquias de los mártires. La norma protegía la integridad de los lugares de culto y limitaba la circulación no autorizada de reliquias, cuya importancia litúrgica, devocional y social crecía en la Iglesia antigua.1

Bonifacio también dispuso que los acólitos no sustituyeran a los diáconos en la administración del bautismo en la basílica lateranense. La medida delimitaba las funciones de los distintos grados del ministerio eclesiástico y preservaba el orden litúrgico romano.1

Estas normas no constituyen un tratado sistemático sobre los ministerios, pero muestran la preocupación del pontífice por la disciplina, la custodia de las reliquias y la correcta distribución de las responsabilidades litúrgicas.

El cementerio de San Nicomedes

Bonifacio completó y consagró el cementerio de San Nicomedes, situado en la vía Nomentana. La construcción y dedicación de cementerios constituían una expresión visible de la veneración cristiana por los mártires y de la esperanza en la resurrección.1

Los cementerios romanos no eran simples espacios funerarios. Albergaban memoria martirial, celebraciones litúrgicas y vínculos comunitarios. La intervención de Bonifacio en San Nicomedes encaja en la continuidad de la política pontificia de conservar y organizar los lugares asociados a la memoria de los santos.

Evangelización de Inglaterra

Relación con la Iglesia anglosajona

Bonifacio V mantuvo una relación activa con las comunidades cristianas de Inglaterra. La misión romana iniciada bajo Gregorio Magno había creado estructuras eclesiales en Kent y otros territorios, pero la expansión del cristianismo dependía todavía de la conversión de los gobernantes y de la estabilidad de las comunidades locales.

El papa escribió cartas de exhortación a Mellitus, arzobispo de Canterbury, y a Justo, obispo de Rochester. Las cartas dirigidas a Mellitus y a Justo durante los primeros años del pontificado no han llegado hasta la actualidad, pero una carta posterior dirigida a Justo sí dejó huella en la tradición histórica.1

Cuando Justo sucedió a Mellitus como arzobispo de Canterbury, Bonifacio le concedió el palio, signo de comunión con la Sede Apostólica y de reconocimiento de su responsabilidad metropolitana. Además, le autorizó a ordenar obispos cuando las necesidades pastorales lo exigieran.1

La concesión del palio no implicaba que Canterbury quedara convertida en una diócesis sometida a un modelo administrativo completamente centralizado. Expresaba, más bien, la relación de comunión y cooperación entre Roma y la Iglesia anglosajona, dentro de una estructura todavía en formación.

El rey Edwin de Northumbria

Bonifacio dirigió también una carta a Edwin, rey de Northumbria, para exhortarle a abrazar la fe cristiana. El papa invitaba al monarca a reconocer el cristianismo, mientras la reina cristiana Ethelberga recibía el estímulo de emplear su influencia para favorecer la conversión de su esposo.1

Beda el Venerable relata que Edwin no aceptó la fe de forma precipitada. El rey quiso recibir instrucción de Paulino y consultar a los principales de su reino antes de tomar una decisión. El relato presenta la conversión como un proceso en el que intervenían la conciencia personal del monarca, la enseñanza cristiana y el discernimiento político de la aristocracia anglosajona.4

Beda conserva el comienzo de la carta atribuida a Bonifacio:

«Al ilustre Edwin, rey de los ingleses, Bonifacio, obispo y siervo de los siervos de Dios».4

La atribución exacta de esta carta plantea una dificultad cronológica. Una nota transmitida con la obra de Beda propone que el nombre de Bonifacio podría proceder de un error de copia y que la carta perteneciera a su sucesor, Honorio I. El problema nace de la fecha de la consagración de Paulino y del momento en que Edwin recibió la exhortación. Al mismo tiempo, la carta alude a la conversión de Eadbald, noticia que encaja mejor con los últimos años de Bonifacio. La identificación tradicional con Bonifacio V resulta plausible, pero la cuestión no admite una certeza absoluta.4

La cautela resulta especialmente necesaria porque la noticia de Beda fue redactada después de los acontecimientos y dependió de manuscritos cuya transmisión introdujo variantes. La actividad misionera de Bonifacio en Inglaterra está bien integrada en el marco de las relaciones entre Roma y las Iglesias anglosajonas, pero cada carta debe valorarse individualmente.

La situación teológica del siglo VII

Del monofisismo al monoenergismo

El pontificado de Bonifacio V precedió a la fase más intensa de la controversia sobre las voluntades de Cristo, pero su época ya preparaba el terreno para el conflicto. Tras el Concilio de Calcedonia de 451, diversos teólogos y dirigentes políticos intentaron reconciliar a los grupos que rechazaban sus formulaciones cristológicas con la Iglesia imperial.

El monoenergismo propuso que Cristo, aunque poseyera dos naturalezas, actuaba mediante una sola operación. El patriarca Sergio de Constantinopla y el emperador Heraclio promovieron fórmulas destinadas a facilitar la reconciliación con los monofisitas. En 633, pocos años después de la muerte de Bonifacio, la fórmula de «una sola energía» alcanzó una difusión notable en Egipto.5

La controversia evolucionó desde la cuestión de la operación hacia la cuestión de la voluntad. Sergio prohibió hablar de dos voluntades y favoreció una fórmula que presentaba a Cristo con una sola voluntad. El monotelismo-del griego monos, «uno», y thelēma, «voluntad»- afirmaba así una única voluntad en Cristo.5

La enseñanza católica sobre Cristo

La fe católica confiesa que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. Puesto que la voluntad pertenece a la integridad de la naturaleza humana, Cristo posee una voluntad humana real; puesto que es el Hijo eterno, posee también la voluntad divina, común al Padre y al Espíritu Santo.

Las dos voluntades no actúan en oposición moral. La voluntad humana de Cristo permanece perfectamente unida y subordinada a la voluntad divina, sin desaparecer ni quedar anulada. La tradición teológica posterior expresó esta doctrina mediante la afirmación de dos voluntades naturales y dos operaciones naturales en el único Cristo.6

El Concilio III de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681, formuló definitivamente esta enseñanza. La carta del papa Agatón al concilio defendió que Cristo posee una voluntad divina y otra humana, y explicó que la voluntad humana del Salvador quedó divinizada por su unión con el Verbo, sin convertirse por ello en voluntad divina por naturaleza.7

Tomás de Aquino resumió posteriormente el fundamento cristológico de esta doctrina: el Hijo de Dios asumió una naturaleza humana perfecta y, por ello, asumió también una voluntad humana, sin perder nada de lo que corresponde a su naturaleza divina.8

Bonifacio V murió antes de que la disputa alcanzara su desarrollo público y antes de las intervenciones de Sergio, Honorio I, Máximo el Confesor, Martín I y Agatón. Por esta razón, no conviene atribuirle decisiones sobre el monotelismo que pertenecen a pontificados posteriores. Su pontificado debe situarse como antecedente cronológico de una controversia que adquirió forma explícita después de 625.

El Liber Pontificalis y la interpretación histórica

El Liber Pontificalis constituye el principal testimonio narrativo sobre la actividad administrativa de Bonifacio V. La obra atribuye al papa normas sobre el asilo, los testamentos, el traslado de reliquias, la administración del bautismo y la consagración del cementerio de San Nicomedes. También presenta un retrato moral favorable y lo describe como un hombre de gran mansedumbre y afecto hacia el clero.1

La historiografía posterior ha utilizado estas noticias para interpretar el pontificado como una etapa de consolidación de la autoridad romana, reforma disciplinaria y fortalecimiento de la organización eclesiástica. Una síntesis moderna añade a esa valoración la preocupación por la integridad moral del clero, la atención pastoral y el orden de los nombramientos eclesiásticos.3

Conviene, no obstante, distinguir dos niveles:

  • Acciones documentadas: Bonifacio promulgó disposiciones concretas y promovió determinadas obras y relaciones misioneras.
  • Interpretaciones posteriores: los historiadores pueden considerar esas actuaciones como parte de un proceso general de centralización, reforma canónica o expansión de la autoridad papal.

La primera categoría describe hechos transmitidos por las fuentes; la segunda intenta comprender su significado histórico. Ambas perspectivas resultan legítimas, pero no deben confundirse. El pontificado de Bonifacio fue breve y la documentación conservada no permite convertir cada disposición concreta en un programa sistemático de reforma universal.

Muerte y sepultura

Bonifacio V murió el 25 de octubre de 625, después de algo más de seis años de pontificado. La tradición lo presenta como un pontífice especialmente benévolo y afectuoso con el clero. Recibió sepultura en la basílica de San Pedro, donde también quedó asociado a una inscripción funeraria.1

Algunas compilaciones antiguas ofrecen una variante para la fecha de su muerte y la sitúan el 22 de octubre, con sepultura tres días después. La cronología más extendida en las síntesis históricas y en la tradición enciclopédica fija el fallecimiento el 25 de octubre de 625.2

Valoración histórica

Bonifacio V no dejó una colección extensa de escritos doctrinales ni presidió un concilio de alcance universal. Su importancia histórica procede de la combinación de varias tareas propias del papado romano del siglo VII:

  • Mantuvo la organización interna de la Iglesia de Roma en un periodo de inestabilidad política.
  • Reguló materias jurídicas y litúrgicas, especialmente el asilo, los testamentos, las reliquias y las funciones de los acólitos.
  • Protegió lugares de culto y memoria martirial, como el cementerio de San Nicomedes.
  • Fortaleció la relación con la Iglesia anglosajona mediante el palio concedido a Justo y la correspondencia con los gobernantes de Inglaterra.
  • Ejerció la autoridad papal dentro del marco imperial, sin romper la estructura política bizantina de la Italia de su tiempo.

Su pontificado ilustra la condición de la Sede Apostólica durante la primera mitad del siglo VII: Roma dependía todavía del Imperio en el plano político, pero incrementaba su capacidad para legislar en asuntos eclesiales, dirigir misiones y articular una conciencia universal de la Iglesia. Bonifacio V pertenece a una generación de papas cuya obra, más administrativa y pastoral que polémica, preparó la continuidad de la autoridad romana en una época de profundas transformaciones religiosas y políticas.

Citas y referencias

  1. Papa Bonifacio V. Enciclopedia Católica, Papa Bonifacio V (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14
  2. Bonifacio IV, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomo I, 187 (1857). 2 3
  3. Papa n.o 69: Bonifacio V, Magisterio IA. Breve Historia de los Papas de la Iglesia Católica, Papa 69 (2024). 2
  4. Cap. X. Cómo el papa Bonifacio, por carta, exhortó al mismo rey a abrazar la fe. [c. 625 d.C.], Beda el Venerable. Historia Eclesiástica de Inglaterra - Libro II, 31 (1912). 2 3
  5. Monotelismo, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, Monotelismo (2015). 2
  6. Monotelismo y monotelitas. Enciclopedia Católica, Monotelismo y Monotelitas (1913).
  7. Tercer Concilio de Constantinopla (d.C. 680-681) - La carta de Agatho, papa de la Roma antigua, al emperador, y la carta de Agatho y de 125 obispos del sínodo romano, dirigida al sexto concilio - Nota introductoria, Documento del Concilio. Tercer Concilio de Constantinopla (d.C. 680-681), La Carta de Agatho, Papa de la Roma Antigüa, al Emperador, y la Carta de Agatho y de 125 Obispos del Sínodo Romano, dirigida al Sexto Concilio (680).
  8. Tercera parte - De la unidad de la voluntad de Cristo - ¿Existen dos voluntades en Cristo? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, III, Q. 18, A. 1, co. (1274).
Modificado el 18 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.75Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/3q54swq19

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