La diferencia entre validez y licitud
La controversia formosiana permite observar una distinción esencial de la teología sacramental:
- Validez: existencia real del sacramento cuando concurren los elementos esenciales.
- Licitud: conformidad del acto con las normas de la Iglesia.
- Legitimidad ministerial: capacidad jurídica del ministro para ejercer una función concreta.
En la reflexión posterior de la Iglesia, una ordenación ilícita no equivale necesariamente a una ordenación inválida. La doctrina atribuida a santo Tomás de Aquino, y asumida progresivamente por la teología latina, considera válidas las ordenaciones conferidas por ministros herejes, cismáticos o simoníacos, aunque tales ministros actúen ilícitamente.
Durante el siglo IX, sin embargo, la aplicación práctica de esta distinción no siempre aparece con claridad. Algunos sínodos declararon nulas determinadas ordenaciones realizadas por obispos depuestos, excomulgados o enfrentados a la autoridad reconocida. La práctica de repetir las ordenaciones revela que muchos responsables eclesiásticos juzgaban que una irregularidad del ministro podía impedir o, al menos, poner en duda la eficacia del sacramento.,
El carácter político de las deposiciones
Las deposiciones de clérigos y obispos podían cumplir una función disciplinaria legítima, pero también podían convertirse en armas de las facciones. Una sentencia de deposición podía servir para:
- Deslegitimar al adversario político.
- Impugnar la elección de un obispo o de un papa.
- Anular las ordenaciones realizadas por una autoridad rival.
- Justificar la sustitución de los clérigos pertenecientes a la facción vencida.
- Reescribir la memoria de un pontificado anterior.
La crisis de Formoso muestra este mecanismo con especial claridad. Esteban VI y, más tarde, Sergio III actuaron contra las ordenaciones y consagraciones relacionadas con Formoso, mientras que los papas Romano, Teodoro II y Juan IX defendieron la legitimidad de su pontificado y revocaron las decisiones de Esteban VI. La oscilación de estas decisiones demuestra la estrecha relación entre la disciplina eclesiástica y las luchas por el poder en Roma.,
La repetición de una ordenación podía causar graves daños pastorales y jurídicos. La incertidumbre afectaba a la condición de los clérigos, a la validez de los sacramentos administrados y a la continuidad de las diócesis. Por esta razón, la Iglesia posterior desarrolló criterios más precisos para distinguir la pérdida de un oficio o de una jurisdicción de la pérdida del carácter sacramental.