La enciclopedia católica en español

Papa Bonifacio VI

Bonifacio VI fue el papa número 112 de la Iglesia católica y ocupó la sede de Roma durante aproximadamente quince días, entre el 11 y el 26 de abril del año 896. Su pontificado tuvo lugar en una de las etapas más convulsas del papado medieval, marcada por la rivalidad entre facciones romanas, la intervención de la aristocracia y de los poderes italianos, y las controversias originadas durante y después del pontificado de Formoso.1,2

Cosmati, bonifacio IX inginocchiato, 1390-1410 ca (cropped)
Ver información de la imagenSan Giovanni in Laterano (Roma) - Interior, c. 2016. Original, Sailko, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Bonifacio VI
CategoríaPersona
DescripciónPeríodo de crisis del papado entre los siglos IX y X, marcado por rivalidades romanas, intervención de la aristocracia y duques de Spoleto, y controversias tras el pontificado de Formoso.
TítuloPapa número 112
Nacionalidadromano
Sexomasculino
Duraciónaproximadamente quince días
Fecha de Fin del Pontificado26 de abril de 896
Fecha de Inicio del Pontificado11 de abril de 896
Personas relacionadas
  • Formoso
  • Esteban VI
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y contexto histórico

Bonifacio VI era romano. Las noticias conservadas sobre su vida anterior al pontificado resultan escasas, aunque los testimonios medievales y las síntesis históricas lo relacionan con el clero romano y con una trayectoria eclesiástica problemática. Antes de su elección había recibido las órdenes de subdiácono y de presbítero, pero en dos ocasiones afrontó una sentencia de privación de órdenes por conducta considerada inmoral. Esta circunstancia convirtió su elevación a la sede apostólica en una cuestión canónica particularmente controvertida.1

Su elección tuvo lugar inmediatamente después de la muerte de Formoso, cuyo pontificado había quedado profundamente ligado a los conflictos políticos entre los partidarios de los duques de Spoleto y quienes favorecían la intervención del rey germánico Arnulfo de Carintia. Formoso había coronado emperadores a Guido de Spoleto y a su hijo Lamberto, pero posteriormente buscó el apoyo de Arnulfo para limitar el poder espoletano en Italia. La disputa política adquirió así una dimensión eclesiástica y afectó directamente a la elección de los papas.3

Elección como papa

La elección de Bonifacio VI se produjo en Roma en abril de 896, en un ambiente de agitación popular y de enfrentamiento entre facciones. La tradición historiográfica identifica a sus promotores con el partido romano contrario a la orientación política de Formoso. El nuevo pontífice sucedió a Formoso y precedió a Esteban VI, quien contaba con el respaldo de la facción espoletana.1,2

Las circunstancias de la elección planteaban dos problemas distintos:

  • La situación personal de Bonifacio, que había sufrido anteriormente la privación de sus órdenes.
  • La presión política sobre la elección pontificia, dentro de un sistema en el que las élites romanas y los poderes territoriales podían influir decisivamente en la designación del obispo de Roma.

La brevedad del pontificado impide determinar con precisión qué actos realizó Bonifacio VI y hasta qué punto ejerció efectivamente el gobierno de la Iglesia romana. Los testimonios conservados no permiten atribuirle una política propia ni una intervención sustancial en los asuntos eclesiásticos o políticos de su tiempo.2

Duración del pontificado

Bonifacio VI reinó aproximadamente quince días, del 11 al 26 de abril de 896. La duración exacta aparece vinculada a las cronologías medievales del pontificado, aunque las fuentes no siempre transmiten los acontecimientos con plena uniformidad.2

Su muerte puso fin a uno de los pontificados más breves de la historia papal. Las noticias antiguas ofrecen dos explicaciones principales:

  • Una enfermedad, tradicionalmente identificada con la gota.
  • Una expulsión violenta promovida por la facción que deseaba elevar a Esteban VI.

La primera explicación aparece en la tradición historiográfica como causa de muerte; la segunda refleja la posibilidad de que el breve pontificado terminara por una intervención política. Ninguna de las dos versiones cuenta con una demostración concluyente que permita resolver definitivamente la cuestión.1

La cuestión de su estatuto canónico

La privación de órdenes

El principal problema canónico relacionado con Bonifacio VI afecta a sus anteriores condenas y a la posibilidad de que una persona privada de sus órdenes pudiera ser elegida papa. La documentación conservada no permite reconstruir con precisión los procesos que condujeron a esas sentencias ni determinar si ambas privaciones fueron definitivas, si quedaron revocadas o si Bonifacio recuperó posteriormente su condición clerical.

La disciplina eclesiástica medieval distinguía entre la ilicitud de una ordenación o de un acto ministerial y su validez sacramental. Una actuación podía resultar contraria al derecho o a la disciplina sin que por ello desapareciera necesariamente el carácter sacramental recibido. La teología latina llegó progresivamente a afirmar que el sacramento del orden imprime un carácter permanente y que la ordenación conferida por un ministro indigno o irregular no debe considerarse automáticamente inexistente.4

Esta doctrina requiere cautela cuando se aplica a los siglos IX y X. La reflexión teológica y la práctica jurídica todavía no habían alcanzado la formulación sistemática posterior. Diversos concilios y papas adoptaron decisiones diferentes ante situaciones parecidas, y las controversias mezclaban cuestiones sacramentales, sanciones disciplinarias, legitimidad política y obediencia eclesial.5,6

Elección irregular y validez del pontificado

La elección de Bonifacio VI fue considerada irregular por algunos contemporáneos o por generaciones posteriores debido a sus antecedentes disciplinarios. Sin embargo, conviene distinguir varios planos:

  1. La idoneidad personal del candidato, relacionada con su conducta y con las sentencias que había recibido.
  2. La regularidad jurídica de la elección, vinculada a la participación del clero y del pueblo romano y a las presiones políticas.
  3. La validez de los actos pontificios, que no depende simplemente de la dignidad moral del pontífice.
  4. La aceptación posterior por la Iglesia romana, que podía confirmar o rechazar la legitimidad de una elección.

La noticia de que el sínodo romano convocado por Juan IX en 898 declaró nula la elección de Bonifacio VI debe entenderse dentro de la crisis general desencadenada por el llamado Sínodo del cadáver y por la lucha en torno a la memoria de Formoso. La declaración no constituye por sí sola una prueba suficiente para afirmar que Bonifacio careciera de toda autoridad sacramental o que sus actos fueran materialmente inexistentes.1

El papado después de Formoso

La herencia de Formoso

Formoso había sido anteriormente obispo de Porto y había mantenido enfrentamientos con otros poderes eclesiásticos y políticos. En una etapa anterior, el papa Juan VIII lo había condenado y privado de su dignidad clerical, acusándolo, entre otras cosas, de ambicionar la sede de Bulgaria y el papado, de actuar contra el emperador y de abandonar su diócesis sin autorización. Más tarde, los papas Marino y sus sucesores lo rehabilitaron y lo restituyeron a la diócesis de Porto. En 891, el clero y el pueblo romano lo eligieron papa.3

La rehabilitación de Formoso constituye un antecedente fundamental para comprender la polémica posterior. Sus adversarios podían invocar las antiguas condenas, mientras que sus partidarios podían alegar la absolución y la restauración de su dignidad episcopal por parte de papas posteriores. La controversia no afectaba únicamente a su persona: también ponía en cuestión la legitimidad de las ordenaciones, consagraciones y decisiones realizadas durante su pontificado.

El Sínodo del cadáver

Después de la muerte de Bonifacio VI, Esteban VI convocó en Roma un concilio que sometió a juicio el cadáver de Formoso. El cuerpo del papa fallecido fue exhumado, vestido con los ornamentos pontificios y colocado ante los jueces. El concilio declaró inválidos varios actos de su pontificado y ordenó la anulación de las ordenaciones conferidas por él.

La decisión reflejaba una concepción según la cual la supuesta indignidad o ilegitimidad del ministro podía afectar a la eficacia de sus actos sacramentales. La medida provocó un fuerte rechazo en Roma y agravó la crisis política y religiosa. La violencia simbólica ejercida contra el cadáver de Formoso reveló hasta qué punto las facciones habían convertido la memoria de un papa en un instrumento de lucha por el control de la sede apostólica.7,8

La relación entre Bonifacio VI y el Sínodo del cadáver exige precisión. Bonifacio no convocó aquel proceso ni participó en él, porque murió antes de la elección de Esteban VI. Tampoco puede atribuirse automáticamente a Bonifacio la política posterior de anulación de los actos de Formoso. Su pontificado pertenece al mismo ciclo de enfrentamientos, pero los actos de Esteban VI y de sus sucesores deben analizarse por separado.

Validez de las ordenaciones en el siglo IX

La diferencia entre validez y licitud

La controversia formosiana permite observar una distinción esencial de la teología sacramental:

  • Validez: existencia real del sacramento cuando concurren los elementos esenciales.
  • Licitud: conformidad del acto con las normas de la Iglesia.
  • Legitimidad ministerial: capacidad jurídica del ministro para ejercer una función concreta.

En la reflexión posterior de la Iglesia, una ordenación ilícita no equivale necesariamente a una ordenación inválida. La doctrina atribuida a santo Tomás de Aquino, y asumida progresivamente por la teología latina, considera válidas las ordenaciones conferidas por ministros herejes, cismáticos o simoníacos, aunque tales ministros actúen ilícitamente.4

Durante el siglo IX, sin embargo, la aplicación práctica de esta distinción no siempre aparece con claridad. Algunos sínodos declararon nulas determinadas ordenaciones realizadas por obispos depuestos, excomulgados o enfrentados a la autoridad reconocida. La práctica de repetir las ordenaciones revela que muchos responsables eclesiásticos juzgaban que una irregularidad del ministro podía impedir o, al menos, poner en duda la eficacia del sacramento.5,4

El carácter político de las deposiciones

Las deposiciones de clérigos y obispos podían cumplir una función disciplinaria legítima, pero también podían convertirse en armas de las facciones. Una sentencia de deposición podía servir para:

  • Deslegitimar al adversario político.
  • Impugnar la elección de un obispo o de un papa.
  • Anular las ordenaciones realizadas por una autoridad rival.
  • Justificar la sustitución de los clérigos pertenecientes a la facción vencida.
  • Reescribir la memoria de un pontificado anterior.

La crisis de Formoso muestra este mecanismo con especial claridad. Esteban VI y, más tarde, Sergio III actuaron contra las ordenaciones y consagraciones relacionadas con Formoso, mientras que los papas Romano, Teodoro II y Juan IX defendieron la legitimidad de su pontificado y revocaron las decisiones de Esteban VI. La oscilación de estas decisiones demuestra la estrecha relación entre la disciplina eclesiástica y las luchas por el poder en Roma.5,8

La repetición de una ordenación podía causar graves daños pastorales y jurídicos. La incertidumbre afectaba a la condición de los clérigos, a la validez de los sacramentos administrados y a la continuidad de las diócesis. Por esta razón, la Iglesia posterior desarrolló criterios más precisos para distinguir la pérdida de un oficio o de una jurisdicción de la pérdida del carácter sacramental.

Juan IX y la reparación de la crisis

La revocación de las decisiones de Esteban VI

Juan IX, elegido después de Romano y Teodoro II, convocó sínodos en Roma y en Rávena durante los años 897 y 898. Estos concilios rechazaron las decisiones del Sínodo del cadáver y restauraron la memoria de Formoso. Juan IX ordenó conservar los documentos y confirmó la legitimidad de las ordenaciones conferidas durante su pontificado.8,5

El sínodo romano de 898 declaró nula la elección de Bonifacio VI. Esta decisión afectaba al estatuto jurídico de su breve pontificado, pero no debe confundirse con los actos de reparación referentes a Formoso. Juan IX realizó dos intervenciones diferentes:

  • Respecto de Bonifacio VI, declaró nula su elección por razones relacionadas con su situación canónica.
  • Respecto de Formoso, revocó las condenas de Esteban VI y reconoció las ordenaciones y actos realizados durante el pontificado de Formoso.

La distinción resulta esencial. La reparación de Juan IX no consistió en validar retroactivamente el pontificado de Bonifacio VI, sino en corregir las consecuencias del Sínodo del cadáver y restaurar la posición eclesial de Formoso. La posterior política de Sergio III, que volvió a impugnar a Formoso, pertenece a otra etapa y no puede atribuirse a Bonifacio VI.1,5,8

Alcance eclesiológico de la reparación

Las decisiones de Juan IX contribuyeron a restablecer la continuidad institucional de la Iglesia romana. Al reconocer las ordenaciones formosianas, el papa evitó que la disputa política destruyera retrospectivamente la vida sacramental y administrativa de numerosas diócesis.

La reparación también manifestó un principio de gran importancia: la Iglesia podía corregir una decisión disciplinaria anterior sin aceptar automáticamente todas las interpretaciones teológicas que habían acompañado aquella decisión. La restauración de las ordenaciones de Formoso no equivalía únicamente a una rehabilitación política; también implicaba reconocer que la dignidad moral o jurídica de un ministro no permite invalidar sin más el sacramento del orden.

El llamado «siglo oscuro» del papado

La expresión «siglo oscuro» designa habitualmente el periodo de crisis que afectó al papado entre los siglos IX y X, especialmente desde las luchas posteriores a Formoso hasta la reforma eclesiástica del siglo XI. La fórmula posee utilidad descriptiva, pero también puede inducir a simplificaciones. No toda la vida de la Iglesia romana quedó reducida a corrupción, violencia o intriga, ni todos los pontífices de ese periodo tuvieron el mismo perfil.

El pontificado de Bonifacio VI pertenece a una fase particularmente turbulenta por varias razones:

  • La fragmentación del poder carolingio.
  • La rivalidad entre los príncipes italianos.
  • La presión de los duques de Spoleto sobre Roma.
  • La intervención de la aristocracia urbana en las elecciones pontificias.
  • La utilización de procesos eclesiásticos para deslegitimar a los adversarios.
  • La incertidumbre sobre la relación entre deposición disciplinaria y validez sacramental.

La historiografía debe evitar convertir la expresión «siglo oscuro» en un juicio global sobre la Iglesia de la época. Resulta más exacto hablar de una crisis de gobierno, legitimidad y memoria institucional que afectó especialmente a la sede romana.

Liutprando de Cremona como testigo

Liutprando de Cremona constituye una fuente fundamental para el conocimiento de la Italia de los siglos X y principios del XI. Escribió la Antapodosis, la Historia de Otón y la Relación de la embajada a Constantinopla. Sus obras ofrecen información valiosa sobre la política italiana y las relaciones entre el papado, el Imperio y las aristocracias locales.9

Sin embargo, Liutprando no fue un cronista neutral. Mantuvo una estrecha vinculación con Otón I y defendió de manera intensa la política imperial. Sus relatos condenan con dureza a los romanos y a sus adversarios políticos, por lo que contienen exageraciones, juicios partidistas y una retórica moralizante. Además, nació a comienzos del siglo X, después del pontificado de Bonifacio VI, de modo que no constituye un testigo directo de su elección ni de su muerte.9

Por ello, la información de Liutprando resulta especialmente útil para comprender el clima político y la memoria posterior del papado, pero no debe emplearse de manera aislada para reconstruir los acontecimientos de abril de 896. El historiador debe contrastar sus afirmaciones con actas sinodales, catálogos pontificios, documentos diplomáticos y otras tradiciones narrativas.

Muerte y sucesión

Bonifacio VI murió a finales de abril de 896, después de un pontificado de unos quince días. Las fuentes antiguas no ofrecen una explicación uniforme de su muerte. La tradición que atribuye el fallecimiento a la gota presenta una causa natural; la versión que habla de una expulsión violenta lo vincula directamente con las luchas entre las facciones romana y espoletana.1

Le sucedió Esteban VI, también conocido en algunas cronologías como Esteban VII debido a diferencias en la numeración medieval. Esteban VI impulsó el proceso contra el cadáver de Formoso, una de las decisiones más controvertidas de toda la historia del papado. La sucesión de Bonifacio a Esteban muestra que el breve pontificado de 896 no resolvió el conflicto político, sino que dejó la sede romana expuesta a una nueva fase de enfrentamiento.2,8

Valoración histórica

Bonifacio VI ocupa un lugar marginal en la historia doctrinal y administrativa del papado debido a la duración excepcionalmente breve de su pontificado. No dejó una obra legislativa, teológica o diplomática comparable a la de otros papas medievales. Su importancia histórica procede principalmente de tres elementos:

  1. La irregularidad de sus antecedentes clericales, que plantea preguntas sobre la relación entre disciplina, elección y autoridad pontificia.
  2. Su vinculación con la crisis posterior a Formoso, aunque no participara en el Sínodo del cadáver.
  3. La declaración posterior de nulidad de su elección por Juan IX, dentro del proceso de reorganización de la Iglesia romana.

La figura de Bonifacio VI también permite comprender que la historia del papado no puede reducirse a una sucesión lineal de decisiones doctrinales. Durante la alta Edad Media, las elecciones pontificias, las deposiciones y los juicios sobre las ordenaciones estuvieron profundamente condicionados por el poder militar, las rivalidades aristocráticas y la inestabilidad política italiana.

Distinción frente a otros papas llamados Bonifacio

Bonifacio VI no debe confundirse con otros pontífices y antipapas que utilizaron el mismo nombre:

  • Bonifacio III, papa del año 607.
  • Bonifacio IV, papa entre 608 y 615.
  • Bonifacio VII, antipapa romano del siglo X.
  • Bonifacio VIII, papa entre 1294 y 1303.

En particular, Bonifacio VII fue un antipapa de época posterior, identificado con Franco, que ocupó violentamente la sede romana en 974 y nuevamente entre 984 y 985. Su trayectoria no guarda relación personal con Bonifacio VI, salvo la coincidencia del nombre pontificio.10

Legado

El legado de Bonifacio VI no reside en reformas duraderas ni en definiciones doctrinales, sino en el testimonio que ofrece sobre una etapa de profunda fragilidad institucional. Su elección y su rápida desaparición ilustran la influencia de las facciones romanas y la dificultad de separar las cuestiones canónicas de las luchas políticas.

La crisis también dejó una enseñanza decisiva para la evolución posterior de la doctrina sacramental: la deposición de un clérigo, la pérdida de un oficio o la irregularidad de una elección no implican necesariamente la inexistencia del sacramento del orden. Aunque la práctica del siglo IX mostró vacilaciones y decisiones contradictorias, la teología latina avanzó hacia una comprensión más precisa de la permanencia del carácter sacramental y de la diferencia entre validez y licitud.4,6

Bonifacio VI fue, en definitiva, un pontífice de transición cuya breve presencia quedó eclipsada por el conflicto entre los partidarios y los adversarios de Formoso. Su pontificado pertenece a la historia de la crisis del papado romano, pero conviene distinguir cuidadosamente sus propios actos de las actuaciones posteriores de Esteban VI, Sergio III y Juan IX.

Citas y referencias

  1. Papa Bonifacio VI. Enciclopedia Católica, Papa Bonifacio VI (1913). 2 3 4 5 6 7
  2. Papa #112: Bonifacio VI, Magisterio IA. Breve historia de los papas de la Iglesia Católica, Papa 112 (2024). 2 3 4 5
  3. Papa Formoso. Enciclopedia Católica, Papa Formoso (1913). 2
  4. Reordenaciones. Enciclopedia Católica, Reordenaciones (1913). 2 3 4
  5. Marcelino Zalba. Num Ecclesia potestatem habeat invalidandi ritum sacramentalem ordinis ab episcopis exclusis peractum, 1989, N.o 2, págs. 187-242, 3 (1989). 2 3 4 5
  6. Marcelino Zalba. Num Ecclesia potestatem habeat invalidandi ritum sacramentalem ordinis ab episcopis exclusis peractum, 1989, N.o 2, págs. 187-242, 5 (1989). 2
  7. John Henry Newman. La Reforma del siglo XI: Ensayos seleccionados de John Henry Cardenal Newman, 9 (1903).
  8. Robert Bellarmine. Controversias de la Fe Cristiana (Disputationes de Controversiis), 1003 (1586). 2 3 4 5
  9. Liutprand de Cremona. Enciclopedia Católica, Liutprand de Cremona (1913). 2
  10. Bonifacio VII (antipapa). Enciclopedia Católica, Bonifacio VII (Antipapa) (1913).
Modificado el 15 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.96Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónPermalink: ark:28736/7j3476mh4

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →