Franco, el futuro Bonifacio VII, era un diácono cardenal1. En junio de 974, un año después de la muerte del emperador Otón I, Roma fue escenario de una insurrección liderada por Crescentius, hijo de Teodora y hermano de Juan XIII1,2. Durante este levantamiento, el Papa Benedicto VI fue encarcelado en el Castillo de Sant’Angelo1,2,4. En medio de este tumulto, el cardenal diácono Franco fue elevado al papado por la facción romana, tomando el nombre de Bonifacio VII1,2.
Poco después de su intrusión, el pontífice encarcelado, Benedicto VI, fue asesinado por orden del usurpador1,4. Sin embargo, el reinado inicial de Bonifacio VII fue breve. En poco más de un mes, el representante imperial, el conde Sicco, tomó posesión de la ciudad1,3. Incapaz de mantenerse en el poder, Bonifacio VII saqueó el tesoro de la Basílica de San Pedro en el Vaticano y huyó a Constantinopla1. En su lugar, el clero y el pueblo romano eligieron a Benedicto, obispo de Sutri, quien se convirtió en Benedicto VII3,5. Benedicto VII reinó desde octubre de 974 hasta julio de 983, enfocándose en la reforma eclesiástica y la estabilidad de la Iglesia6.

