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Papa Bonifacio VII

Bonifacio VII fue un dirigente romano que ocupó por la fuerza la sede de san Pedro en dos periodos: en 974 y entre 984 y 985. La Iglesia católica lo considera un antipapa, no un pontífice legítimo, porque su acceso al gobierno de Roma se produjo en oposición a los papas legítimamente reconocidos, Benedicto VI, Benedicto VII y Juan XIV. Su figura refleja la profunda inestabilidad política que afectó a Roma durante el siglo X, cuando las familias aristocráticas romanas y el poder imperial germánico competían por controlar las elecciones pontificias.1

Bonifacio 7
Ver información de la imagenEfigie de Bonifacio VII en la Basílica de San Pablo Extramuros, Roma, c. 201 6. Original, Fex 1993, Dominio público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Bonifacio VII
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • Franco, hijo de Ferrucio
  • Bonifacio VII
Descripciónjulio de 985
Cargo Eclesiásticoantipapa
Lugar de NacimientoRoma
Lugar de MuerteRoma
Contexto HistóricoInestabilidad política del siglo X; familias aristocráticas romanas y el Imperio germánico luchaban por el control de la sede papal.
Estadofallecido
Fin del Pontificado985
ImportanciaEjemplo de usurpación papal que ilustra la separación entre poder temporal y autoridad espiritual.
Inicio del Pontificado974
Miembro decardenal diácono
Personas relacionadas
  • Benedicto VI
  • Juan XV
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y denominación

Bonifacio VII nació en Roma y era hijo de Ferrucio. Antes de adoptar el nombre pontificio, llevaba el nombre de Franco y pertenecía al clero romano con el rango de cardenal diácono. La documentación histórica lo identifica también como Franco, hijo de Ferrucio.1

El ordinal «VII» no significa que la Iglesia lo incluya entre los papas legítimos llamados Bonifacio. La numeración histórica de los pontífices reconoce a:

  • Bonifacio I, papa entre 418 y 422.
  • Bonifacio II, papa entre 530 y 532.
  • Bonifacio III, papa en 607.
  • Bonifacio IV, papa entre 608 y 615.
  • Bonifacio V, papa entre 619 y 625.
  • Bonifacio VI, papa durante un breve periodo en 896.
  • Bonifacio VIII, papa entre 1294 y 1303.

Bonifacio VII figura aparte como antipapa del siglo X. Las listas históricas de pontífices sitúan entre los papas legítimos de su época a Benedicto VI, Benedicto VII, Juan XIV y Juan XV, sin incluir a Bonifacio VII en la sucesión legítima.2

Contexto político y eclesial

Roma después de la dinastía carolingia

Durante el siglo X, la desaparición de la dinastía carolingia debilitó la protección política que había amparado al Gobierno pontificio. La aristocracia romana llenó aquel vacío de poder y pasó a intervenir directamente en la administración de la ciudad y en la elección de los papas.3

El emperador Otón I había reforzado la influencia germánica en Roma y había defendido la autoridad pontificia frente a las facciones nobiliarias. Tras su muerte, el emperador Otón II tuvo que afrontar conflictos militares y políticos que limitaron temporalmente su capacidad de intervenir en la ciudad. Los grupos aristocráticos romanos aprovecharon aquella coyuntura para desafiar la tutela imperial.3

La sucesión de 974

En 972, el papa Benedicto VI había sucedido a Juan XIII. La elección de Benedicto VI contó con el respaldo imperial, circunstancia que provocó el rechazo de una parte de la nobleza romana, contraria a la intervención de los emperadores en las elecciones pontificias.3

En 974, una insurrección encabezada por Crescentio el Viejo depuso a Benedicto VI y lo encerró en el castillo de Sant’Angelo. Los insurgentes elevaron entonces a Franco, que adoptó el nombre de Bonifacio VII. El representante imperial, el conde Sicco, protestó contra aquella elección, pero inicialmente no pudo impedirla.1

La sucesión apostólica legítima no reconoció aquel acto. Desde la perspectiva de la Iglesia, Bonifacio no recibió el pontificado mediante una elección válida, sino que ocupó violentamente la sede romana en oposición al papa legítimo.

Primer periodo: 974

Depósito y muerte de Benedicto VI

Bonifacio VII quedó vinculado desde el principio a la caída de Benedicto VI. El papa depuesto permaneció encarcelado en Sant’Angelo y murió estrangulado en julio de 974. La tradición histórica relaciona directamente aquel asesinato con el grupo que había llevado a Bonifacio al poder.3

La violencia contra Benedicto VI agravó la ilegitimidad de la situación. El antipapa no solo había sustituido por la fuerza a un pontífice legítimo, sino que su facción permitió la eliminación física de su predecesor.

Intervención imperial y huida

La reacción imperial no tardó en producirse. El conde Sicco recuperó el control de Roma en nombre de Otón II. Bonifacio VII no pudo mantener su posición y huyó a Constantinopla. Antes de abandonar Roma, saqueó el tesoro de la basílica de San Pedro, según la tradición historiográfica transmitida por las fuentes medievales y modernas.1

Tras su fuga, Benedicto VII ocupó la sede romana con el consentimiento del emperador. Su pontificado duró aproximadamente de 974 a 983 y pertenece a la sucesión legítima de los papas.2

Exilio en Constantinopla

Bonifacio VII permaneció en Constantinopla durante cerca de nueve años. Allí conservó sus pretensiones al pontificado y esperó una ocasión favorable para regresar a Roma. La muerte del emperador Otón II, ocurrida el 7 de diciembre de 983, creó una situación de debilidad política, puesto que el nuevo emperador, Otón III, era todavía menor de edad.1

La minoría de Otón III redujo temporalmente la capacidad del poder imperial para sostener a la autoridad pontificia en Roma. La facción aristocrática contraria a la influencia germánica interpretó aquel momento como una oportunidad para recuperar el control de la ciudad.

Segundo periodo: 984-985

Regreso a Roma

Bonifacio VII regresó de Constantinopla en abril de 984 y tomó Roma con el apoyo de sus partidarios. El papa legítimo Juan XIV, elegido después de Benedicto VII, fue depuesto, detenido y encerrado en el castillo de Sant’Angelo. Bonifacio volvió a ejercer el gobierno de la Iglesia romana, aunque la Iglesia no reconoció la legitimidad de su autoridad.3

Bonifacio consideraba que su pontificado había comenzado en 974 y, por ello, calculaba la duración de su gobierno desde su primera usurpación. Esta actitud muestra que no se veía a sí mismo como un simple pretendiente temporal, sino como el verdadero papa, pese a la oposición de la sucesión legítima.1

El destino de Juan XIV

Juan XIV permaneció encarcelado durante aproximadamente cuatro meses. Murió en Sant’Angelo, probablemente por hambre y malos tratos; algunas tradiciones añadieron la posibilidad de envenenamiento. El Magnum Bullarium Romanum recoge la tradición según la cual Juan XIV sufrió enfermedad, hambre y muerte violenta durante su cautiverio.4

La muerte de Juan XIV consolidó la imagen de Bonifacio VII como un gobernante impuesto por la violencia. La sucesión legítima quedó gravemente dañada por la persecución de tres pontífices vinculados a la crisis: Benedicto VI, Benedicto VII y Juan XIV.

Muerte y profanación del cadáver

Bonifacio VII murió en julio de 985, después de poco más de un año de su segunda ocupación de Roma. La causa exacta de su muerte no está plenamente establecida; la tradición antigua la atribuye probablemente a una muerte violenta.1

Después de su muerte, la población romana ultrajó su cadáver. Los habitantes arrastraron el cuerpo desnudo por las calles y lo arrojaron bajo una estatua ecuestre de Marco Aurelio que entonces se encontraba junto al palacio de Letrán. Al día siguiente, algunos clérigos recogieron el cadáver y le dieron sepultura cristiana.1

El episodio expresa el rechazo popular acumulado contra su gobierno y contra la violencia política que había acompañado sus dos periodos de dominio. También revela la extrema brutalidad de los conflictos romanos del siglo X, en los que la lucha por el pontificado podía desembocar en encarcelamientos, asesinatos y profanaciones.

La familia Crescentii y la política eclesiástica romana

Origen de la influencia aristocrática

La familia Crescentii, o Crescencios, constituyó una de las principales fuerzas políticas de Roma durante los siglos X y comienzos del XI. Su influencia nació en el contexto de la debilidad del poder imperial y de la creciente autonomía de la aristocracia romana. Los Crescentii no actuaban solo como una familia noble más: controlaban amplios sectores de la administración urbana y podían influir decisivamente en la elección de los papas.3

El linaje estaba relacionado con la familia de Teofilacto, alto dignatario de la administración pontificia, y con Teodora, figura de enorme poder en la Roma de comienzos del siglo X. Teofilacto ejerció los cargos de cónsul y senador de los romanos. Sus descendientes participaron durante décadas en la política romana y en las disputas por el control de la sede apostólica.3

Crescentio el Viejo

El principal protector de Bonifacio VII fue Crescentio el Viejo, hijo de Teodora y hermano del papa Juan XIII. Crescentio apareció como dirigente de la oposición romana al control imperial y encabezó la revuelta que depuso a Benedicto VI en 974.3

Su actuación combinaba intereses políticos y familiares. La aristocracia romana defendía una mayor autonomía frente al emperador, pero también buscaba convertir esa autonomía en capacidad efectiva para designar al papa y controlar el Gobierno de Roma. La elección de Bonifacio VII respondió a ese programa de resistencia al poder imperial.

La relación entre Crescentio y Bonifacio no fue meramente circunstancial. Crescentio facilitó la primera ascensión del antipapa y, después, probablemente participó en las condiciones que permitieron su restauración tras la muerte de Otón II. La cronología exacta de sus últimos años no resulta completamente uniforme en las fuentes: algunas tradiciones sitúan su muerte en 984 y otras no permiten fijar con seguridad si su actividad en favor del regreso de Bonifacio tuvo lugar antes o después de su retiro monástico.3

Continuidad del poder crescentiano

La muerte de Crescentio el Viejo no acabó con la influencia de la familia. Su hijo, también llamado Crescentio, asumió posteriormente el liderazgo político de Roma tras la muerte de Bonifacio VII. La aristocracia crescentiana continuó ejerciendo poder sobre la ciudad y condicionando las relaciones entre el papado, la nobleza romana y el Imperio.3

A finales del siglo X, la autoridad pontificia necesitó de nuevo la protección imperial. En 996, el emperador Otón III entró en Roma, apoyó la elección de Gregorio V y puso fin al dominio de Crescentio el Joven, que fue sitiado en el castillo de Sant’Angelo y decapitado.5

La rivalidad entre los Crescentii y el poder imperial anticipó otras luchas nobiliarias que marcarían Roma durante el siglo XI. Más adelante, los condes de Tusculum disputarían a los Crescentii la supremacía política y llegarían a promover varios pontificados vinculados a su propia familia.6

Bonifacio VII y la sucesión apostólica

La condición de antipapa

La Iglesia denomina antipapa a quien pretende ocupar la sede romana en oposición a un pontífice elegido legítimamente. El antipapa puede ejercer durante un tiempo funciones de gobierno y recibir obediencia de una parte de Roma, pero esa eficacia política no convierte su ocupación en un pontificado legítimo.7

Bonifacio VII reúne plenamente las características de un antipapa:

  • Depuso por la fuerza a Benedicto VI.
  • Ocupó la sede romana sin reconocimiento de la autoridad imperial ni de la sucesión legítima.
  • Huyó cuando perdió el control militar de Roma.
  • Regresó y depuso a Juan XIV.
  • Mantuvo sus pretensiones al pontificado durante los periodos de exilio y usurpación.

La legitimidad de la sucesión apostólica no depende solo de controlar físicamente Roma. La Iglesia distingue entre posesión efectiva del poder y elección válida para la sede de Pedro. Por este motivo, la historiografía eclesiástica sitúa a Bonifacio VII fuera de la serie de los papas legítimos.1

Los papas legítimos de la época

La cronología correcta de la crisis pontificia es la siguiente:

PontíficePeriodo aproximadoSituación histórica
Benedicto VI973-974Papa legítimo; depuesto y asesinado
Bonifacio VII974Antipapa; huyó a Constantinopla
Benedicto VII974-983Papa legítimo, elegido con apoyo imperial
Juan XIV983-984Papa legítimo; depuesto y encarcelado
Bonifacio VII984-985Antipapa; volvió a ocupar Roma
Juan XVDesde 985Papa legítimo posterior a Bonifacio VII

Esta secuencia evita confundir a Bonifacio VII con Bonifacio VI, pontífice del siglo IX, o con Bonifacio VIII, que ocupó la sede romana más de tres siglos después. La lista histórica de papas coloca inmediatamente después de Juan XIV a Juan XV y omite a Bonifacio VII de la sucesión legítima.2

Valoración histórica

Un pontificado sin gobierno eclesial legítimo

Bonifacio VII ejerció un poder real sobre Roma durante dos periodos, pero careció de legitimidad canónica. Su autoridad dependió de grupos armados y de alianzas aristocráticas, no de una elección reconocida por la Iglesia. La violencia contra Benedicto VI y Juan XIV impidió cualquier valoración de su gobierno como un pontificado ordinario.

Su caso muestra la diferencia entre la historia política del papado y la continuidad espiritual y jurídica de la Iglesia. Aunque un usurpador pueda controlar temporalmente la basílica de San Pedro, los archivos, el tesoro y la administración romana, la sucesión apostólica continúa vinculada al pontífice legítimo.

El papado en manos de facciones romanas

El episodio de Bonifacio VII forma parte de la crisis conocida tradicionalmente como el siglo de hierro del papado, periodo caracterizado por la intervención de familias aristocráticas, la presión imperial y la inestabilidad de las elecciones romanas. La familia Crescentii desempeñó un papel central en esa etapa, aunque no fue la única fuerza nobiliaria que condicionó la vida eclesiástica romana.3

La fragilidad institucional de Roma permitió que las disputas políticas se transformaran en conflictos sobre la sede apostólica. La elección de un papa podía convertirse en una lucha entre facciones, y la deposición de un pontífice podía realizarse mediante la fuerza militar. La experiencia de Bonifacio VII representa uno de los ejemplos más graves de esa subordinación del gobierno eclesiástico a los intereses aristocráticos.

Memoria eclesiástica

La Iglesia no incluye a Bonifacio VII en la lista de los papas legítimos ni le atribuye el ejercicio válido del ministerio petrino. Las listas históricas lo clasifican expresamente entre los antipapas del siglo X.7

Su nombre permanece asociado a:

  • La deposición violenta de Benedicto VI.
  • El asesinato de un papa legítimo.
  • La huida a Constantinopla.
  • La restauración armada de 984.
  • La prisión y muerte de Juan XIV.
  • La lucha entre los Crescentii y el Imperio.
  • La crisis de la sucesión pontificia romana durante el siglo X.

Bonifacio VII no fue papa legítimo de la Iglesia católica, sino antipapa en dos periodos de la segunda mitad del siglo X. Su trayectoria ilustra cómo la sucesión apostólica, aun sometida a graves crisis políticas, no se identifica con la mera posesión temporal de Roma.

Citas y referencias

  1. Bonifacio VII (antipapa). Enciclopedia Católica, Bonifacio VII (Antipapa) (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Lista de los papas. Enciclopedia Católica, Lista de los papas (1913). 2 3
  3. Crescentius. Enciclopedia Católica, Crescentius (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11
  4. Juan XV, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomo I, 461 (1857).
  5. Estados de la Iglesia. Enciclopedia Católica, Estados de la Iglesia (1913).
  6. Frascati. Enciclopedia Católica, Frascati (1913).
  7. Antipapa. Enciclopedia Católica, Antipapa (1913). 2
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