La caída de Constantinopla
La conquista de Constantinopla por Mehmed II en 1453 transformó el equilibrio político y militar del Mediterráneo oriental. El acontecimiento provocó una profunda preocupación en la Europa cristiana y convirtió la defensa frente al Imperio otomano en la prioridad internacional del nuevo pontífice.,
Calixto III consideraba necesario superar las rivalidades entre los príncipes europeos. Envió nuncios a las principales cortes para solicitar una acción común y pidió a los monarcas que dejaran temporalmente de lado sus conflictos nacionales para contener el avance otomano.
La predicación de la cruzada
El papa envió predicadores y misioneros a Inglaterra, Francia, Alemania, Hungría, Portugal y Aragón. Sus tareas incluían fomentar el reclutamiento de voluntarios, recaudar fondos para la campaña militar y promover la oración por el éxito de la empresa.
La iniciativa pontificia encontró importantes obstáculos. Francia e Inglaterra continuaban enfrentadas y no querían debilitar sus ejércitos. El emperador Federico III tampoco mostró suficiente disposición a colaborar, en parte por sus rivalidades con Hungría. Algunos obispos y príncipes alemanes rechazaron los impuestos destinados a financiar la cruzada. Génova envió una flota, pero quedó expuesta a la guerra con Aragón, mientras Portugal retiró la suya después de perder confianza en las posibilidades de éxito.
Esta respuesta limitada revelaba una transformación profunda de la política europea: la unidad religiosa no bastaba para superar los intereses dinásticos, territoriales y económicos de las monarquías y repúblicas emergentes.
Las oraciones por los defensores de la cristiandad
Calixto III vinculó la movilización militar con la penitencia y la oración. Una bula de 1456 ordenó que los sacerdotes rezaran durante la misa por la defensa frente a los paganos y estableció prácticas públicas de oración, como el toque diario de campanas al mediodía, el rezo de tres padrenuestros y tres avemarías, y procesiones mensuales.
La tradición posterior relacionó estas campanadas con la victoria cristiana de Belgrado y con la costumbre del Ángelus del mediodía. Sin embargo, la famosa leyenda según la cual Calixto III habría excomulgado el cometa Halley carece de fundamento histórico. La aparición del cometa coincidió cronológicamente con la campaña, pero la documentación sitúa su desaparición antes de la batalla y no prueba ninguna condena pontificia contra el astro.
La batalla de Belgrado
Las fuerzas cristianas dirigidas por Juan Hunyadi, con el apoyo del legado pontificio Juan de Capistrano, derrotaron al ejército otomano en Belgrado el 22 de julio de 1456. La victoria constituyó uno de los mayores reveses sufridos por los turcos durante sus conflictos con la Europa cristiana.
Calixto III recibió la noticia con gran esperanza y envió mensajeros a las cortes europeas para comunicar el triunfo. El éxito, sin embargo, no produjo la coalición estable que el papa deseaba. Los príncipes expresaron felicitaciones, pero mantuvieron sus prioridades políticas y militares.
La victoria de Belgrado mostró tanto la eficacia como los límites de la diplomacia pontificia. El papado podía convocar, predicar y coordinar, pero dependía de la voluntad de monarcas que ya actuaban con mayor autonomía frente a Roma.