Reconciliación con el reino de Francia
La primera decisión relevante de Celestino II consistió en levantar el entredicho impuesto a Francia durante el pontificado de Inocencio II. La medida había afectado al reino a raíz de la intervención del rey Luis VII en la disputa por la sede episcopal de Bourges. Luis VII había apoyado a su propio candidato frente al obispo considerado legítimamente elegido por la autoridad eclesiástica.
El entredicho constituía una sanción eclesiástica de gran alcance, pues restringía la celebración pública de determinados actos litúrgicos en un territorio. Celestino II optó por retirar la sanción para facilitar la normalización de las relaciones entre la monarquía francesa y la Santa Sede. Su decisión no significaba aceptar la injerencia regia en las elecciones episcopales; expresaba más bien la voluntad de concluir una crisis disciplinaria una vez modificadas las circunstancias políticas.
Esta actuación revela un rasgo central de su pontificado: la defensa de la libertad de la Iglesia mediante la diplomacia y la reconciliación, sin renunciar al principio de que las designaciones episcopales debían respetar la autoridad canónica.
La cuestión de Roger II de Sicilia
Celestino II murió cuando comenzaba a perfilarse un conflicto serio con Roger II de Sicilia. La brevedad de su reinado impide atribuirle una política plenamente desarrollada respecto al monarca normando. La relación entre la Santa Sede y Roger II tampoco puede reducirse a una simple oposición entre el papa y un rey enemigo.
Roger II había construido un poderoso dominio en el sur de Italia y Sicilia. En 1130, el antipapa Anacleto II le había concedido el título de rey. Más tarde, en 1139, Inocencio II confirmó su dignidad regia, y Roger renovó el juramento de fidelidad a la Santa Sede. Esta confirmación pontificia integró el reino normando dentro de una compleja relación feudal y política con Roma.
La situación contenía una contradicción evidente: Roger necesitaba la legitimación papal, mientras que el papado pretendía conservar derechos de soberanía, tributo y tutela sobre los territorios del sur de Italia. El rey, por su parte, aspiraba a ejercer un poder prácticamente autónomo sobre Sicilia, Apulia y Capua. La disputa no era únicamente doctrinal ni exclusivamente militar; incluía cuestiones de vasallaje, jurisdicción, reconocimiento regio y equilibrio territorial.
Celestino II heredó esta situación sin disponer de tiempo suficiente para resolverla. La fuente contemporánea a su memoria describe su muerte en vísperas de un conflicto grave con Roger de Sicilia, pero no atribuye al papa una guerra abierta ni una derrota militar.
Su sucesor, Lucio II, afrontó directamente las exigencias de Roger. En una entrevista celebrada en Ceprano, en junio de 1144, el rey formuló demandas que los cardenales consideraron excesivas. Roger recurrió entonces a la fuerza armada y obligó al papa a aceptar una tregua en condiciones desfavorables para la Santa Sede. Estos acontecimientos pertenecen ya al pontificado de Lucio II y no deben atribuirse directamente a Celestino II.