Tras la muerte del Papa Inocencio II, Guido del Castello fue elegido su sucesor el 25 de septiembre de 1143, asumiendo el nombre de Celestino II,. Su pontificado, que duró aproximadamente seis meses, se desarrolló en un período de inestabilidad política y eclesiástica, marcado por los resabios de la controversia entre Inocencio II y el antipapa Anacleto II.
Acciones Principales
Una de las primeras y más significativas acciones de Celestino II fue levantar el interdicto que su predecesor, Inocencio II, había impuesto a Francia. Este interdicto había sido consecuencia de la oposición del rey Luis VII a la elección legítima de un obispo en Bourges, favoreciendo a su propio candidato. Al levantar esta medida, Celestino II buscó restaurar la paz y la armonía con el reino francés.
Durante su breve papado, Celestino II también se dedicó a estabilizar la autoridad papal y a continuar las reformas iniciadas por sus predecesores. Sin embargo, enfrentó desafíos para consolidar el poder de la Iglesia, especialmente debido a la persistencia del cisma y la influencia de diversas facciones políticas en Roma.
Relaciones con Poderes Seculares
El pontificado de Celestino II estuvo a punto de enfrentar un serio conflicto con Roger de Sicilia. Sin embargo, su muerte prematura impidió que esta confrontación se desarrollara. Su sucesor, Lucio II, tendría que lidiar con las demandas de Roger de Sicilia y sus aspiraciones como vasallo de la Sede Apostólica.