La enciclopedia católica en español

Papa Celestino III

Celestino III, nacido Giacinto Bobone, fue papa de la Iglesia católica desde el 30 de marzo de 1191 hasta el 8 de enero de 1198. Su pontificado transcurrió durante una etapa marcada por la rivalidad entre el papado y el Imperio, la cuestión del reino de Sicilia, la defensa de la disciplina matrimonial y la consolidación de las decretales como instrumento fundamental del derecho canónico medieval.1

Pope Celestine III
Ver información de la imagenEsta ilustración está extraída de The Lives and Times of the Popes de Chevalier Artaud de Montor, Nueva York: The Catholic Publication Society of America, 1911. Fue publicada originalmente en 1842, c. 2016. https://archive.org/details/thelivesandtimes00montuoft, Artaud de Montor (1772-1849), Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Celestino III
CategoríaPersona
Nombre CompletoGiacinto Bobone
DescripciónRivalidad papado-Imperio, cuestión del reino de Sicilia, defensa de la disciplina matrimonial y consolidación de decretales canónicas.
Fecha de Nacimiento1106
Lugar de NacimientoRoma
Fecha de Muerte1198-01-08
Lugar de MuerteRoma
NacionalidadItaliana
CanonizacionesSan Malaquías de Armagh, San Bernwardo de Hildesheim, San Juan Gualberto, San Ubald de Gubbio
Edad al Morir92
Fin del Pontificado8 de enero de 1198
Importancia HistóricaConsolidó normas canónicas sobre matrimonio y procesos judiciales; mantuvo la autonomía pontificia frente al imperio y promovió órdenes militares.
Inicio del Pontificado30 de marzo de 1191
Personas relacionadas
  • Clemente III
  • Inocencio III
TipoPapa

Tabla de contenido

Biografía

Origen y formación eclesiástica

Giacinto Bobone nació en Roma hacia 1106 y pertenecía a la aristocracia romana vinculada a la familia Orsini. Durante cuarenta y siete años formó parte del Colegio de Cardenales antes de alcanzar el pontificado. Su prolongada experiencia cardenalicia le proporcionó un conocimiento directo de la administración de la Iglesia, de la diplomacia pontificia y de los conflictos entre Roma, el Imperio y las monarquías europeas.1

La tradición histórica lo considera el primer miembro de los Orsini que llegó a la sede de Pedro. La familia ocupaba una posición destacada entre las casas nobiliarias romanas y poseía tierras, fortalezas y dominios en diversos territorios italianos. Habitualmente, los Orsini defendían la causa pontificia frente a sus rivales Colonna, que con frecuencia apoyaban las posiciones imperiales.2

La pertenencia de Celestino a los Orsini influyó en la percepción política de su pontificado, pero no permite reducir su gobierno a una simple expresión de intereses familiares. En el siglo XII, la influencia de una familia noble no equivalía a un control automático del papado. El poder efectivo dependía de la cooperación entre el papa, el Colegio de Cardenales, las autoridades romanas, los príncipes territoriales y las redes eclesiásticas europeas. La larga carrera cardenalicia de Giacinto Bobone resulta, en este sentido, tan relevante como su origen aristocrático.

Elección y ordenación

Celestino III fue elegido el 30 de marzo de 1191, después de la muerte de Clemente III. Tenía aproximadamente ochenta y cinco años, una edad excepcional para un pontífice medieval. Como todavía era diácono, recibió la ordenación sacerdotal el 13 de abril, Sábado Santo, y la consagración episcopal al día siguiente, domingo de Pascua.1

Su elección reflejó la importancia que los cardenales concedían a la experiencia y a la continuidad institucional. La Iglesia afrontaba entonces una relación particularmente delicada con el emperador Enrique VI, heredero de Federico Barbarroja y esposo de Constanza de Sicilia. Celestino tuvo que gobernar en un contexto que exigía simultáneamente autoridad doctrinal, prudencia diplomática y capacidad para defender los derechos de la Santa Sede.

El pontificado

Coronación imperial de Enrique VI

El 15 de abril de 1191, día siguiente a su consagración episcopal, Celestino III coronó emperador a Enrique VI y a su esposa Constanza. Enrique pretendía hacer valer los derechos de Constanza sobre el reino de Sicilia, cuya corona disputaba Tancredo de Lecce. La coronación no resolvió el conflicto político: Enrique marchó hacia el sur de Italia, pero sufrió una derrota y tuvo que retirarse, mientras Constanza quedó prisionera de Tancredo. La intervención pontificia contribuyó después a obtener su liberación.1

La relación entre Celestino III y Enrique VI combinó cooperación y enfrentamiento. El papa reconocía la dignidad imperial de Enrique, pero debía impedir que la unión del Imperio germánico y el reino normando de Sicilia colocara a los Estados de la Iglesia bajo una presión excesiva. La cuestión siciliana constituía una amenaza estratégica para la independencia pontificia, porque un mismo soberano podía controlar los territorios situados al norte y al sur de Roma.

El conflicto de Tusculum

Antes de que tuvieran lugar las ceremonias imperiales, los romanos exigieron una acción contra Tusculum, ciudad vecina y tradicionalmente enfrentada a Roma. La ciudad fue destruida y abandonada a la violencia de sus habitantes. Una valoración histórica antigua atribuyó la principal responsabilidad de aquella política a Enrique VI, aunque también censuró la cooperación de Celestino III.1

El episodio muestra la complejidad del gobierno pontificio en la Roma del siglo XII. El papa no ejercía su autoridad en un espacio político estable, sino en una ciudad donde las facciones nobiliarias, las instituciones comunales y las fuerzas imperiales competían por el control. La defensa de los intereses romanos podía entrar en tensión con las exigencias de la justicia, la moderación y la protección de las poblaciones sometidas.

Enrique VI y el reino de Sicilia

Tras la muerte de Tancredo en 1194, Enrique VI volvió a Italia y consiguió imponer su autoridad sobre el reino de Sicilia. Su campaña estuvo acompañada de una política severa y de graves violencias. El emperador también intentó obtener del papa el reconocimiento de sus proyectos políticos y utilizó promesas de cruzada para reforzar su posición.1

Celestino III tuvo que aceptar finalmente al hijo de Enrique y Constanza, el futuro Federico II, como rey de Sicilia. Esta decisión no significó una renuncia completa a las pretensiones pontificias, pero mostró los límites prácticos de la acción papal frente al poder militar imperial. La muerte de Enrique VI, el 28 de septiembre de 1197, evitó una prolongación inmediata del conflicto y dejó a su hijo, todavía niño, en una situación política vulnerable.1

El caso de Ricardo Corazón de León

La captura de Ricardo I de Inglaterra, conocido como Ricardo Corazón de León, creó otra crisis diplomática. El monarca regresaba de la Tercera Cruzada cuando el duque Leopoldo de Austria lo entregó a Enrique VI en 1192. El emperador exigió un rescate extraordinario antes de permitir su liberación.1

Celestino III actuó con cautela y tardó en amenazar al emperador con la excomunión. En 1193, el papa excomulgó al duque Leopoldo y a sus colaboradores e intentó conseguir la restitución del rescate. La lentitud de la respuesta pontificia recibió críticas, pero también refleja la dificultad de enfrentarse directamente con Enrique VI mientras la cuestión siciliana seguía sin resolver.1

Actividad pastoral y defensa de la disciplina eclesiástica

Matrimonio y autoridad de la Iglesia

Celestino III intervino con firmeza en diversos conflictos matrimoniales de la realeza europea. Rechazó el intento de Alfonso IX de León de contraer matrimonio con una princesa portuguesa con la que existía un impedimento de parentesco. También defendió la validez del matrimonio de la reina Ingeborg con Felipe Augusto de Francia y declaró inválido el divorcio que los obispos del reino habían concedido al monarca.1

Estas actuaciones manifiestan una concepción del matrimonio como vínculo sometido a la autoridad de la Iglesia, incluso cuando afectaba a reyes y dinastías. El pontífice no trató las uniones regias como simples acuerdos políticos, sino como realidades sujetas a normas jurídicas y morales comunes a todos los bautizados.

Órdenes militares y cruzada

La recuperación de Jerusalén permaneció entre las grandes preocupaciones del pontificado. Celestino III apoyó la causa de la cruzada y favoreció a las órdenes militares que protegían a los peregrinos y defendían los territorios cristianos de Oriente. En 1191 confirmó la nueva Orden Teutónica y mostró una actitud favorable hacia los templarios y los hospitalarios.1

Una respuesta pontificia dirigida a un obispo estableció que los templarios, los hospitalarios y otras comunidades que disponían de oratorios privados no podían colocar campanas en ellos ni hacerlas sonar públicamente. La norma refleja la preocupación de la Santa Sede por delimitar los derechos litúrgicos de las comunidades religiosas y evitar conflictos con las iglesias parroquiales.3

Canonizaciones

Durante su pontificado, Celestino III canonizó a san Malaquías de Armagh, san Bernwardo de Hildesheim, san Juan Gualberto y san Ubald de Gubbio. La promoción de estos cultos formaba parte de la función pastoral pontificia y de la consolidación de la memoria de figuras consideradas ejemplares para la vida cristiana.1

Actividad legislativa y decretales

Las decretales pontificias

La actividad jurídica de Celestino III quedó recogida en diversas decretales, cartas pontificias que respondían a consultas concretas de obispos, arzobispos, abades y comunidades eclesiásticas. Aunque muchas respuestas trataban casos particulares, su autoridad favoreció la formación de principios generales para el derecho canónico medieval.

Las decretales abordaron materias como los procedimientos judiciales, los recursos, el matrimonio, la disciplina clerical, los derechos de las órdenes religiosas y la organización interna de los cabildos. Su incorporación a las colecciones canónicas permitió que las decisiones pontificias influyeran más allá del caso concreto que había originado cada respuesta.

Procedimiento judicial y recursos

En una respuesta al arzobispo de Canterbury, Celestino III trató la cuestión de una apelación presentada por una persona acusada de despojo. El papa sostuvo que no debía atenderse la apelación cuando el adversario estuviera dispuesto a demostrar inmediatamente que el despojo había tenido lugar después de una apelación legítimamente interpuesta. La norma relacionaba la eficacia de los recursos con la buena fe procesal y con la necesidad de impedir que una apelación sirviera para proteger una actuación ilícita.4

Otra decretal dirigida al mismo arzobispo precisó que, cuando una causa matrimonial adquiría carácter penal, el tribunal debía resolver la cuestión a partir de la relación matrimonial principal y no mediante una persona interpuesta. La respuesta muestra la tendencia a concentrar el juicio en el vínculo y en los hechos esenciales del matrimonio.5

Matrimonio y esponsales

La legislación pontificia también examinó la fuerza jurídica de las promesas matrimoniales. En un caso remitido por un obispo, Celestino III determinó que no debía disolverse el matrimonio de un hombre que, después de jurar que tomaría por esposa a una determinada mujer, había cambiado de voluntad y había contraído otra unión.6

Otra decretal trató el caso de un clérigo que había prometido matrimonio con una joven y después había recibido una dignidad canonical. La respuesta pertenece al conjunto de decisiones que relacionaban las obligaciones asumidas antes de la promoción eclesiástica con la disciplina clerical.7

Organización de los cabildos

Celestino III intervino también en cuestiones relativas a la composición de los capítulos catedralicios y colegiales. En una respuesta al prior y a los canónigos de San Ranerio, declaró que la autoridad de la Sede Apostólica podía modificar el juramento relativo a un número determinado de canónigos. La decretal confirma la superioridad de la autoridad pontificia sobre determinados compromisos institucionales asumidos localmente.8

Este tipo de decisiones contribuyó a reforzar la concepción medieval del papa como juez supremo de la Iglesia latina. La intervención pontificia no anulaba la vida jurídica de las comunidades locales, pero podía corregirla cuando los compromisos internos entraban en conflicto con la autoridad apostólica o con necesidades pastorales más amplias.

Los Orsini y el poder cardenalicio

Una familia poderosa, pero no un gobierno familiar

La pertenencia de Celestino III a los Orsini ha llevado a presentar su pontificado como el comienzo de una dinastía papal. Esa interpretación resulta insuficiente. Los Orsini poseían una notable influencia territorial y política, pero el gobierno pontificio dependía de un entramado más amplio de cardenales, funcionarios, legados, obispos, autoridades comunales y monarcas.

Durante el siglo XII, los cardenales no constituían una administración moderna sometida a una disciplina uniforme. Muchos pertenecían a familias nobles, mantenían vínculos con ciudades y cortes, y participaban en la diplomacia europea. Al mismo tiempo, el Colegio de Cardenales actuaba como cuerpo electoral y como principal órgano de asesoramiento del papa. La autoridad de Celestino se apoyó, por tanto, tanto en su identidad romana y familiar como en su larga trayectoria dentro del colegio cardenalicio.

La elección de su sucesor

Al final de su vida, Celestino III habría considerado la posibilidad de renunciar al pontificado en favor de un candidato más joven, pero los cardenales no aceptaron esa solución. Murió en Roma el 8 de enero de 1198, en torno a los noventa y dos años.1

Tras su muerte, los cardenales eligieron el mismo día a Lotario de los Condes de Segni, que tomó el nombre de Inocencio III. El nuevo papa, de unos treinta y siete años, pertenecía a una generación distinta y poseía una formación teológica y jurídica excepcional.9

El contraste entre ambos pontificados resulta significativo: Celestino representó la experiencia acumulada de un cardenal romano de edad avanzada; Inocencio encarnó un papado más enérgico, jurídico y centralizador. La transición no fue una ruptura absoluta, pues Inocencio heredó los conflictos con el Imperio, la cuestión siciliana y la necesidad de afirmar la autoridad pontificia sobre Roma y sus territorios.

Valoración histórica

El pontificado de Celestino III combinó prudencia diplomática, defensa de la disciplina eclesiástica y limitaciones políticas frente a Enrique VI. Su gobierno no alcanzó una victoria definitiva sobre el Imperio, pero mantuvo viva la reivindicación de la autonomía pontificia en un periodo de enorme presión militar y dinástica.

Su importancia también radica en la dimensión jurídica de su pontificado. Las decretales atribuidas a Celestino III contribuyeron a consolidar normas sobre el matrimonio, los procesos, los recursos, las órdenes militares, los capítulos eclesiásticos y la autoridad de la Sede Apostólica. La legislación pontificia reforzó la tendencia hacia un derecho canónico más sistemático y hacia una mayor centralización judicial en Roma.

Celestino III no fue canonizado ni beatificado. La Iglesia lo recuerda históricamente como un papa de transición entre la generación de Alejandro III y el gran pontificado de Inocencio III, en una época en la que la reforma jurídica, la diplomacia internacional y la defensa de la libertad eclesial se encontraban estrechamente unidas.

Citas y referencias

  1. Papa Celestino III. Enciclopedia Católica, Papa Celestino III (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13
  2. Orsini. Enciclopedia Católica, Orsini (1913).
  3. Papa Celestino III. Decretos (Papa Celestino III), I (1198).
  4. Papa Celestino III. Decretos (Papa Celestino III), X (1198).
  5. Papa Celestino III. Decretos (Papa Celestino III), XI (1198).
  6. Papa Celestino III. Decretos (Papa Celestino III), XLI (1198).
  7. Papa Celestino III. Decretos (Papa Celestino III), LII (1198).
  8. Papa Celestino III. Decretos (Papa Celestino III), XXXII (1198).
  9. Papa Inocencio III. Enciclopedia Católica, Papa Inocencio III (1913).
Modificado el 12 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.61 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/t9c23kkr2

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →