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Papa Celestino V

Celestino V, nacido Pietro Angelerio o Pietro del Morrone, fue papa durante unos cinco meses en 1294. Ermitaño de gran austeridad y fundador de la congregación celestina, llegó al pontificado tras una prolongada crisis electoral y renunció voluntariamente el 13 de diciembre del mismo año. La Iglesia católica lo canonizó en 1313; su figura permanece vinculada a la historia de la renuncia papal, a la espiritualidad eremítica medieval y a las tensiones entre reforma religiosa, expectativas proféticas y gobierno eclesial.1,2

Giulio cesare bedeschini, san pietro celestino, 1613, dallarcivescovado dellaquila (cropped)
Ver información de la imagenGiulio Cesare Bedeschini, San Pietro Celestino, 1613, del Arzobispado de L'Aquila (recortado). c. 2019. Original, Sailko, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Celestino V
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • Pietro Angelerio
  • del Morrone
DescripciónCrisis electoral prolongada y tensiones entre facciones de los Orsini y los Colonna
TítuloPapa
Fecha de Nacimiento1215
Lugar de NacimientoMolise, Italia
Fecha de Muerte1296-05-19
Lugar de MuerteCastillo de Fumone, cerca de Anagni, Italia
Canonización1313
Fecha de Celebración19 de mayo
Fin del Pontificado13 de diciembre de 1294
Importancia HistóricaPrimera renuncia papal documentada
Inicio del Pontificado5 de julio de 1294
Lugar de SepulturaIglesia de Santa Maria del Colle, Aquila
Miembro de
  • Benedictina
  • Orden Celestina
Personas relacionadas
  • Nicolás IV
  • Bonifacio VIII
  • Clemente V
  • Congregación Celestina
TipoPapa
Virtudespenitencia, humildad, austeridad

Tabla de contenido

Vida anterior al pontificado

Origen y formación religiosa

Pietro Angelerio nació en 1215 en la región italiana de Molise, dentro de una familia humilde. Ingresó en la vida benedictina a los diecisiete años y recibió la ordenación sacerdotal en Roma. Su inclinación hacia la soledad le llevó primero al monte Morrone, en los Abruzos, lugar del que procedió su sobrenombre de Pietro del Morrone, y más tarde a las zonas montañosas del monte Maiella.1

Su ideal espiritual combinaba penitencia rigurosa, oración prolongada y alejamiento del mundo. Practicaba ayunos frecuentes, llevaba cilicio y cadena de hierro, y dedicaba gran parte del día y de la noche a la oración y al trabajo manual. La tradición biográfica lo presenta como un asceta inspirado en san Juan Bautista y empeñado en reproducir la austeridad de los antiguos padres del desierto.1,3

La comunidad de los ermitaños

Aunque Pietro buscaba una existencia solitaria, numerosos hombres acudieron a él para compartir su forma de vida. La comunidad creció hasta organizar una red de monasterios y eremitorios. Pietro redactó una disciplina basada en la Regla de san Benito, y el papa Urbano IV aprobó la congregación en 1264; Gregorio X volvió a confirmarla en 1274. La comunidad recibió posteriormente el nombre de congregación celestina.1,4

La congregación llegó a adquirir una estructura propia, con monasterios dependientes de la abadía del Santo Espíritu de Sulmona y provincias religiosas. Su expansión alcanzó Italia y Francia, además de algunas casas en otros territorios europeos. La tradición celestina identificó la santidad con una vida de penitencia, obediencia, silencio y pobreza monástica.4

Pietro, sin embargo, no mostraba inclinación por el gobierno institucional. En 1284 nombró un vicario y volvió a retirarse a la soledad. Este dato resulta significativo para comprender la tensión posterior entre su experiencia espiritual, esencialmente eremítica, y las exigencias administrativas y políticas del pontificado.1

Contexto de la elección pontificia

La vacante tras Nicolás IV

El papa Nicolás IV murió el 4 de abril de 1292. El Colegio de Cardenales permaneció casi dos años sin alcanzar un acuerdo sobre su sucesor. El cónclave, reunido en Perugia, estaba dividido por rivalidades políticas y familiares que reflejaban las luchas entre las facciones de los Orsini y los Colonna, asociadas a las tensiones entre güelfos y gibelinos.1,2

La prolongación de la vacante generó preocupación por la estabilidad de la Iglesia. En este contexto, la elección de un ermitaño ajeno a las facciones curiales podía presentarse como una solución de compromiso. Los cardenales eligieron a Pietro el 5 de julio de 1294, aunque la elección sorprendió profundamente al propio candidato.1,5

La documentación pontificia posterior describe la elección como una respuesta a los daños que ocasionaba la prolongada vacante. El propio Pietro habría expresado temor ante la carga del oficio y ante la desproporción entre su experiencia ascética y la responsabilidad de gobernar la Iglesia universal. Finalmente aceptó por obediencia y por confianza en la providencia divina.5

Joaquimismo y expectativas de renovación

La elección de Pietro ocurrió en un ambiente religioso marcado por diversas corrientes de reforma y por expectativas escatológicas. Entre ellas destacó el joaquimismo, inspirado en las interpretaciones proféticas de Joaquín de Fiore.

Joaquín había propuesto una lectura de la historia dividida en tres grandes etapas relacionadas simbólicamente con las personas de la Trinidad: la edad del Padre, vinculada al Antiguo Testamento; la edad del Hijo, correspondiente a la Iglesia histórica; y una futura edad del Espíritu Santo, caracterizada por una renovación espiritual y por una forma más intensa de amor y libertad.6

Algunos grupos franciscanos llamados espirituales interpretaron la pobreza evangélica como signo de una transformación inminente de la Iglesia. Ciertos joaquimistas fueron mucho más lejos que Joaquín de Fiore y llegaron a sostener que la era de las instituciones eclesiales estaba a punto de concluir. La Iglesia condenó estas interpretaciones radicales, especialmente las asociadas al llamado Evangelio eterno.6

La aparición de un papa ermitaño, pobre y apartado de la política podía alimentar la expectativa de una nueva época espiritual. Algunos contemporáneos contemplaron la elección de Celestino como el posible comienzo de una renovación profetizada. Sin embargo, no resulta legítimo identificar sin más al propio Celestino con las tesis joaquimistas extremas. La relación entre el papa y los grupos espirituales exige distinguir entre su aprecio por la pobreza y la vida eremítica, por una parte, y las doctrinas escatológicas heterodoxas de algunos de esos grupos, por otra.1,7,6

Pontificado de Celestino V

Elección, consagración y coronación

Pietro Angelerio aceptó la elección y adoptó el nombre de Celestino V. Fue consagrado y coronado en Aquila el 29 de agosto de 1294. Su llegada despertó entusiasmo entre quienes esperaban un pontífice de vida santa, alejado del lujo y de los conflictos de la corte romana.1,3

La imagen del ermitaño elevado al trono pontificio poseía una gran fuerza simbólica. Para los admiradores de la reforma espiritual, Celestino encarnaba la posibilidad de que la pobreza y la penitencia ocupasen el centro de la vida eclesial. Para los grupos políticos, en cambio, su falta de experiencia podía facilitar la influencia de quienes controlaban el entorno pontificio.3

Dificultades de gobierno

Celestino carecía de la formación jurídica, diplomática y administrativa que exigía el gobierno de la Iglesia medieval. Su experiencia correspondía a la dirección espiritual de comunidades monásticas, no a la gestión de una institución internacional implicada en conflictos entre reinos, ciudades y familias aristocráticas.2,8

El papa trasladó su residencia a Nápoles, circunstancia que favoreció la influencia de Carlos II de Anjou. También nombró numerosos cardenales vinculados al ámbito franco-napolitano, una medida que provocó malestar entre otros sectores del Colegio Cardenalicio. Las fuentes tradicionales describen decisiones confusas, concesiones contradictorias y una creciente desorganización administrativa.3

La dificultad no residía en la falta de piedad personal, sino en la distancia entre el ideal eremítico y la naturaleza del oficio pontificio. La santidad ascética no proporcionaba por sí sola las competencias necesarias para resolver conflictos canónicos, administrar beneficios eclesiásticos, negociar con monarcas y mantener el equilibrio entre las facciones cardenalicias.

Protección de los «pobres ermitaños»

Durante su breve pontificado, Celestino concedió protección a ciertos franciscanos espirituales que deseaban vivir como ermitaños según la Regla de san Francisco, al margen de los superiores ordinarios de la Orden de Frailes Menores. Este grupo recibió el nombre de Pobres ermitaños del señor Celestino.7

Celestino puso a estos religiosos bajo una protección específica y confió su supervisión a determinados responsables eclesiásticos. La iniciativa reflejaba su simpatía por las formas radicales de pobreza y soledad, pero también creó una estructura difícil de integrar en la organización franciscana existente. Después de la renuncia papal, Bonifacio VIII revocó las concesiones que no confirmase expresamente y el grupo acabó dispersándose.7

Conviene distinguir esta fraternidad franciscana de la congregación celestina benedictina, fundada por Pietro antes de su elección pontificia. Ambas instituciones compartieron el nombre de Celestino, pero pertenecían a tradiciones religiosas distintas.1,7,4

La renuncia al pontificado

Naturaleza jurídica del acto

Celestino renunció al pontificado el 13 de diciembre de 1294, en Nápoles, después de aproximadamente cinco meses de gobierno. La renuncia no consistió simplemente en abandonar las obligaciones cotidianas ni en retirarse de la administración. El acto pretendía extinguir jurídicamente su condición de pontífice y permitir la elección de un sucesor.

La cuestión exigía distinguir entre la voluntad personal del papa y la potestad suprema de la Iglesia. Celestino podía manifestar libremente su intención de renunciar, pero la validez del acto requería claridad jurídica: debía quedar determinado que abandonaba realmente el oficio y que el Colegio de Cardenales podía proceder legítimamente a una nueva elección. La tradición canónica vinculada a su caso sostuvo que la renuncia papal podía realizarse de manera válida y libre.9

Según el relato tradicional, antes de renunciar Celestino promulgó una disposición que declaraba lícita la renuncia del pontífice. Después presentó formalmente su dimisión ante los cardenales, quienes la aceptaron. La libertad del acto resultaba esencial: una renuncia obtenida por coacción no tendría la misma naturaleza que una decisión personal adoptada con conocimiento y voluntad.9,5

La renuncia no implicaba que los cardenales hubieran conferido la potestad pontificia a Celestino ni que pudieran disponer de ella como una autoridad superior. Los cardenales habían elegido al pontífice, pero la cuestión decisiva consistía en que el propio titular abandonase libremente el oficio. Solo después de esa renuncia podía iniciarse legítimamente el procedimiento para elegir otro papa.9

Motivos de la renuncia

Celestino alegó su edad, su falta de conocimientos, su incapacidad para soportar la carga del gobierno, su insuficiente preparación y su deseo de volver a la vida solitaria. La declaración de renuncia presentó el pontificado como una responsabilidad que excedía sus fuerzas y su experiencia.10,5

La tradición hagiográfica interpreta su decisión como un acto de humildad y desprendimiento. Desde esta perspectiva, Celestino renunció para no aferrarse a un honor que consideraba superior a sus capacidades y para regresar a la vida de penitencia que había abandonado por obediencia.

El análisis histórico concede peso a esa motivación, pero añade otros factores. La desorganización del gobierno, la presión de las facciones políticas, la influencia del ambiente napolitano y la incapacidad del papa para desenvolverse en la Curia contribuyeron probablemente a su decisión. La explicación histórica no obliga a negar la sinceridad espiritual de Celestino; permite comprender que una decisión religiosa también podía responder a una crisis institucional concreta.

El papel del cardenal Gaetani

Benedetto Gaetani, cardenal jurista, desempeñó un papel relevante en las discusiones jurídicas relacionadas con la renuncia y fue elegido sucesor con el nombre de Bonifacio VIII. La tradición polémica sostuvo durante siglos que Gaetani había manipulado o presionado al anciano ermitaño para obtener el pontificado.8

La historiografía crítica ha matizado esta interpretación. Bonifacio VIII tenía un claro interés en defender la validez de la renuncia, pues su propia legitimidad dependía de que Celestino hubiera abandonado libremente el oficio. Sin embargo, las noticias conservadas también apuntan a que la idea de renunciar nació en la mente del propio Celestino y que Gaetani actuó, como máximo, aconsejándole que estableciera previamente la legitimidad jurídica del acto.8,9

La hagiografía tradicional presenta a Celestino como un santo sencillo víctima de maniobras políticas. El análisis histórico crítico evita tanto convertir a Bonifacio en único responsable como idealizar la situación. Celestino poseía motivos propios para dimitir, pero la atmósfera política y la actuación de los cardenales influyeron en el desarrollo de los acontecimientos. Ninguna de las dos perspectivas permite reducir el episodio a una explicación puramente espiritual o puramente conspirativa.

Retiro, custodia y muerte

Tras su renuncia, Celestino recuperó el hábito religioso y trató de volver a la vida monástica. Bonifacio VIII, preocupado por la posibilidad de que los adversarios utilizasen la popularidad del antiguo papa para cuestionar su legitimidad, ordenó que permaneciera bajo vigilancia.8,10

Celestino intentó alejarse y, según la tradición, buscó refugio en zonas montañosas con la intención de cruzar el Adriático. Finalmente fue capturado y llevado al castillo de Fumone, cerca de Anagni. Allí vivió recluido durante varios meses y murió el 19 de mayo de 1296.1,10

La frase tradicionalmente atribuida a Celestino -«yo no quería nada del mundo salvo una celda, y una celda me han dado»- resume la paradoja de su vida final: el antiguo ermitaño alcanzó la máxima dignidad eclesial, renunció a ella y terminó recluido en un espacio semejante a la celda que siempre había deseado.10

Su cuerpo reposó en la iglesia de Santa Maria del Colle, en Aquila, lugar asociado a su consagración y coronación.10

Canonización y culto

Celestino fue canonizado en 1313 por el papa Clemente V. La canonización reconoció su vida de penitencia, su dedicación a la oración y su perseverancia religiosa, sin convertir necesariamente todas las decisiones de su pontificado en un modelo de gobierno eclesial.2

La Iglesia lo venera como san Pedro Celestino. Su memoria litúrgica corresponde al 19 de mayo, aniversario de su muerte. El culto a Celestino quedó especialmente vinculado a los Abruzos y a la ciudad de Aquila, donde su figura adquirió una importancia religiosa y cultural duradera.

Interpretación histórica

Un ermitaño en el centro de la política medieval

Celestino V representa el contraste entre dos formas de autoridad. La primera procede del prestigio espiritual del asceta: pobreza, penitencia, oración y renuncia al poder. La segunda exige competencias institucionales: administración, derecho, diplomacia y capacidad para negociar con actores políticos diversos.

Su elección respondió, en parte, al deseo de superar un bloqueo entre facciones. El prestigio de su santidad podía unir a quienes no aceptaban a ningún candidato perteneciente a los grupos enfrentados. Pero la misma condición que facilitó su elección dificultó posteriormente su gobierno.1,2

Entre la tradición devocional y la crítica histórica

La tradición devocional presenta a Celestino como un santo humilde, fiel a su vocación y liberado de la ambición. La crítica histórica reconoce esos rasgos, pero examina también los condicionamientos políticos y jurídicos de su pontificado.

La responsabilidad de Bonifacio VIII constituye el principal punto de contraste entre ambas interpretaciones. Las narraciones hagiográficas tendieron a describir la renuncia como el resultado de una presión injusta. La investigación histórica, sin negar la vulnerabilidad de Celestino, considera más probable que la decisión naciera de una combinación de motivos personales, dificultades de gobierno y asesoramiento jurídico.8,10

Significado de la renuncia

La renuncia de Celestino convirtió una posibilidad teórica en un precedente histórico claramente documentado. Su caso mostró que el pontificado no debía entenderse como una dignidad inseparable de la persona que la ejercía, sino como un oficio que podía abandonarse mediante un acto libre, expreso y jurídicamente reconocible.9

Su importancia no deriva solo de la excepcionalidad del acontecimiento. También plantea una cuestión teológica y jurídica fundamental: la grandeza del ministerio pontificio no elimina la responsabilidad personal del titular ni impide que este reconozca honestamente su incapacidad para desempeñarlo. Al mismo tiempo, la renuncia exige proteger la libertad del papa y garantizar la continuidad legítima de la Iglesia.

Legado

El legado de Celestino V reúne elementos aparentemente opuestos:

  • La espiritualidad eremítica, centrada en la penitencia, el silencio y la oración.
  • La fundación de la congregación celestina, una expresión institucional de su ideal monástico.
  • La elección como solución de compromiso en medio de una prolongada crisis cardenalicia.
  • La brevedad y dificultad de su pontificado, marcadas por su falta de experiencia administrativa.
  • La primera renuncia papal históricamente indiscutida, realizada mediante un acto solemne.
  • La tensión entre santidad personal y eficacia de gobierno, especialmente visible en la relación con Bonifacio VIII.
  • La influencia del clima espiritual de finales del siglo XIII, en el que confluyeron movimientos de pobreza, expectativas proféticas y conflictos sobre la reforma de la Iglesia.

Celestino V no fue solo el papa que renunció. Fue también un monje convertido en pontífice, un reformador involuntario situado en el centro de la política medieval y un santo cuya vida obliga a distinguir entre la autenticidad de la conciencia religiosa, la validez jurídica de una renuncia y la complejidad histórica de las luchas por el poder eclesial.

Citas y referencias

  1. Papa San Celestino V. Catholic Encyclopedia, Papa San Celestino V (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  2. Papa #192: San Celestino V. Magisterium AI. Breve Historia de los Papas de la Iglesia Católica, Papa 192 (2024). 2 3 4 5
  3. Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, 350 (1990). 2 3 4
  4. Orden Celestina. Catholic Encyclopedia, Orden Celestina (1913). 2 3
  5. Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomus IV, 133 (1859). 2 3 4
  6. Joachim de Flora. Catholic Encyclopedia, Joachim de Flora (1913). 2 3
  7. Celestinos. Catholic Encyclopedia, Celestinos (1913). 2 3 4
  8. Papa Bonifacio VIII. Catholic Encyclopedia, Papa Bonifacio VIII (1913). 2 3 4 5
  9. Abdicación. Catholic Encyclopedia, Abdicación (1913). 2 3 4 5
  10. Santas Pudentiana y Pudens, mártires, siglo? (primero o segundo), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Volumen II, 351 (1990). 2 3 4 5 6
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