Pietro Angelerio nació en 1215 en la provincia napolitana de Molise, de orígenes humildes2. Desde joven, mostró una inclinación por la vida solitaria y «diferente»3. A los diecisiete años, se hizo benedictino y más tarde fue ordenado sacerdote en Roma2. Su profunda vocación por la soledad lo llevó a retirarse primero al desierto del Monte Morone, en los Abruzos, de donde tomó su apellido, y luego a las recónditas celdas del Monte Majella2.
Allí, Pietro llevó una vida de estricta ascesis, tomando como modelo a San Juan Bautista2. Utilizaba un cilicio áspero con nudos y una cadena de hierro rodeaba su cuerpo demacrado2. Ayunaba todos los días excepto los domingos y observaba cuatro Cuaresmas al año, tres de ellas a pan y agua2. Dedicaba todo el día y gran parte de la noche a la oración y el trabajo2.
A pesar de su deseo de permanecer oculto, su fama de santidad atrajo a otros que buscaban imitar su estilo de vida3. Con el tiempo, se formó una comunidad de ermitaños, y Pietro se convirtió en su líder3,2. Les dio una regla estricta basada en la de San Benito3. En 1274, el Papa Gregorio X aprobó su orden, cuyos miembros serían conocidos más tarde como Celestinos3,2. Antes de su muerte, la orden contaba con treinta y seis monasterios y seiscientos religiosos2. En 1284, abrumado por las responsabilidades de gobierno de su orden, Pietro nombró un vicario y se retiró nuevamente a la soledad del desierto2.

