La enciclopedia católica en español

Papa Clemente III

Clemente III, cuyo nombre de nacimiento fue Paolo Scolari, ocupó la sede de Roma entre diciembre de 1187 y marzo de 1191. Romano de origen y antiguo obispo de Palestrina, llegó al pontificado en una etapa marcada por la recuperación de Roma para la autoridad pontificia, la conmoción causada por la conquista de Jerusalén por Saladino y la rivalidad entre el papado, el Imperio y las monarquías europeas. Su pontificado destacó por la reconciliación con la comuna romana, la organización de la Tercera Cruzada, la defensa de la libertad de la Iglesia y la intervención en diversos conflictos eclesiásticos de Europa.

Pope Clement III
Ver información de la imagenEsta ilustración es de Vidas y Tiempos de los Papas, de Chevalier Artaud de Montor, Nueva York: The Catholic Publication Society of America, 1911. Fue publicada originalmente en 1842, c. 2013. https://archive.org/details/thelivesandtimes00montuoft, Artaud de Montor (1772-1849), Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Clemente III
CategoríaPersona
Nombre CompletoPaolo Scolari
TítuloPapa
Cargo EclesiásticoPapa
Lugar de NacimientoRoma
Fecha de Muerte1191-03-27
Lugar de MuerteRoma
NacionalidadRomano
Fin del Pontificado27 de marzo de 1191
Inicio del Pontificado19 de diciembre de 1187
Lugar de SepulturaBasílica de San Juan de Letrán
Personas relacionadas
  • Gregorio VIII
  • Celestino III
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y cronología

Paolo Scolari nació en Roma en una fecha desconocida. Antes de su elección perteneció al Colegio de Cardenales y ocupó la sede suburbicaria de Palestrina. La tradición historiográfica lo presenta como un hombre moderado, inclinado a la negociación y bien aceptado por la población romana.1

El papa Gregorio VIII murió en Pisa el 17 de diciembre de 1187, después de un pontificado de apenas dos meses. Dos días más tarde, el 19 de diciembre, los cardenales eligieron a Paolo Scolari, que adoptó el nombre de Clemente III. La elección resultó especialmente significativa porque Scolari era el primer romano elevado al papado desde la insurrección vinculada a Arnaldo de Brescia.1

Una fuente pontificia antigua registra su coronación el 20 de diciembre de 1187 y sitúa su muerte el 27 de marzo de 1191, tras un pontificado de tres años, tres meses y ocho días.2 Algunas cronologías modernas ofrecen una fecha distinta para su fallecimiento, pero la tradición documental citada conserva el 27 de marzo como fecha principal.

Contexto histórico

La situación de Roma

Durante buena parte del siglo XII, el papado mantuvo una relación conflictiva con la comuna romana. Las instituciones municipales defendían amplias libertades y, en distintos momentos, limitaron la capacidad del papa para residir y ejercer su autoridad dentro de la ciudad. La elección de un romano como pontífice facilitó un acercamiento entre la Santa Sede y la población.

Clemente III inició negociaciones que culminaron en un tratado durante 1188. El acuerdo procuró armonizar la soberanía pontificia con las libertades municipales. En febrero del año siguiente, el papa pudo entrar en Roma y establecerse en el palacio de Letrán, recibido con entusiasmo por la población. El pacto no eliminó todas las tensiones, pero creó las condiciones políticas para una presencia pontificia más estable en la ciudad.1

La crisis de Tierra Santa

La conquista de Jerusalén por Saladino en 1187 provocó una profunda conmoción en la cristiandad latina. El papa Gregorio VIII había comenzado a promover una expedición para recuperar la ciudad santa, y Clemente III asumió inmediatamente esa tarea.

El nuevo pontífice afrontó el problema de la división entre los príncipes cristianos. La expedición necesitaba la cooperación de poderes que con frecuencia mantenían guerras entre sí. Por esa razón, Clemente III no actuó solo como convocante religioso: también impulsó negociaciones destinadas a restablecer la concordia entre los gobernantes europeos y orientar sus recursos hacia Tierra Santa.1

La Tercera Cruzada

Convocatoria y predicación

Clemente III organizó la respuesta pontificia a la pérdida de Jerusalén. Envió legados a las principales cortes europeas para promover la cruzada, predicar la expedición y favorecer la reconciliación entre los monarcas. Su diplomacia pretendía transformar las rivalidades políticas de Europa en una empresa común de defensa de los lugares santos.1

La predicación pontificia contribuyó a movilizar a numerosos combatientes. Entre los principales dirigentes de la expedición figuraron:

  • Federico I Barbarroja, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
  • Felipe II Augusto, rey de Francia.
  • Ricardo I de Inglaterra, conocido como Ricardo Corazón de León.

La participación de estos monarcas no convirtió la cruzada en una operación directamente dirigida por el papa. Clemente III ejerció principalmente funciones de convocatoria, mediación y coordinación diplomática; las decisiones militares correspondieron a los gobernantes y a sus ejércitos. La expedición produjo resultados desiguales y el papa murió antes de la conquista de Acre.1

Responsabilidades políticas y militares

La distinción entre la acción pontificia y la conducta de los monarcas resulta esencial para valorar el pontificado. Clemente III trabajó para conseguir la unidad entre los príncipes y para proporcionar legitimidad religiosa a la defensa de Tierra Santa. No dirigió personalmente las campañas ni decidió las operaciones militares.

Federico Barbarroja murió ahogado durante la expedición, mientras que Felipe II regresó a Francia antes de la conclusión de la campaña. Ricardo I continuó la lucha y desempeñó un papel central en las operaciones posteriores. Estos acontecimientos pertenecen a la conducción militar de los soberanos cruzados y no pueden atribuirse directamente a las decisiones administrativas o diplomáticas de Clemente III.

La cuestión imperial y el Reino de Sicilia

La unión de las casas imperiales y sicilianas

La política italiana del pontificado estuvo condicionada por la relación entre el Imperio y el Reino de Sicilia. El matrimonio de Enrique VI, hijo de Federico Barbarroja, con Constanza de Sicilia, heredera de la dinastía normanda, había creado la posibilidad de que una misma persona reuniera bajo su autoridad el Imperio y el reino siciliano. La unión amenazaba con rodear territorialmente los Estados Pontificios y reducir la independencia política de la Santa Sede.3

Enrique VI reclamó la corona siciliana tras la muerte de Guillermo II de Sicilia, fallecido sin descendencia legítima. Los sicilianos, temerosos de una dominación germánica, eligieron como rey a Tancredo de Lecce, miembro ilegítimo de la casa normanda, pero con apoyos importantes en el reino.

La investidura de Tancredo

Clemente III apoyó a Tancredo y le concedió la investidura. La decisión obedecía a una consideración política fundamental: si Enrique VI reunía el Imperio y Sicilia, la Santa Sede podía perder su margen de independencia frente a una potencia territorial extendida por Alemania, Italia y el sur de la península.

Enrique VI entró en Italia con un ejército para hacer valer sus derechos. Clemente III murió antes de que el conflicto alcanzara una solución definitiva, de modo que la confrontación pasó a su sucesor, Celestino III.1

La actuación del papa no debe confundirse con una mera defensa dinástica de Tancredo. Clemente III trató de preservar el equilibrio político italiano y la autonomía del gobierno pontificio, aunque su decisión implicara intervenir en una disputa sucesoria de gran alcance.

Relaciones con las Iglesias particulares

La diócesis de Tréveris

Clemente III intervino con moderación en el conflicto producido por una elección disputada en la diócesis de Tréveris. La cuestión se inscribía en el problema más amplio de las elecciones episcopales, la autoridad de los capítulos catedralicios y la influencia de los poderes seculares sobre las sedes eclesiásticas.

El papa procuró resolver la controversia sin agravar la división dentro de la Iglesia alemana. Su actuación continuó la tradición reformadora desarrollada por los pontífices del siglo XII, que defendía la libertad de la Iglesia frente a la imposición política de candidatos episcopales.1

La Iglesia de Escocia

Uno de los asuntos más significativos del pontificado fue la relación entre la Iglesia escocesa y la archidiócesis de York. Clemente III declaró que la Iglesia de Escocia quedaba directamente sometida a la Santa Sede y no bajo la jurisdicción metropolitana de York. La decisión reforzó la autonomía institucional de las diócesis escocesas y consolidó los vínculos directos entre Escocia y Roma.1

La documentación pontificia conservada recoge también una disposición por la que determinadas sanciones contra la Iglesia escocesa y su rey quedaban reservadas al papa o a un legado pontificio. Esta medida muestra el valor que la Curia concedía a la autoridad apostólica directa en asuntos de especial relevancia eclesiástica y política.4

San Andrés

Clemente III actuó también en defensa de la Iglesia de San Andrés y de su obispo frente a las presiones del rey Guillermo de Escocia. El papa encargó a varios obispos y abades que exhortaran al monarca a restituir la paz a la Iglesia y que aplicaran el interdicto si persistía en su conducta.

El mandato pontificio muestra el funcionamiento de la autoridad delegada: el papa no intervenía siempre mediante una presencia personal, sino a través de representantes encargados de investigar, amonestar y ejecutar las medidas canónicas.2

Política administrativa y reformas de la Curia Romana

Delegación de competencias

La Curia Romana del siglo XII desarrolló una administración cada vez más especializada. Clemente III empleó delegados apostólicos para resolver disputas locales, proteger los derechos episcopales y hacer cumplir decisiones pontificias. La documentación de su pontificado incluye mandatos dirigidos a obispos y abades que actuaban en nombre de la Santa Sede.2

Este sistema permitía al papa intervenir en lugares alejados sin desplazar toda la administración a Roma. También favorecía la recopilación de testimonios, la corrección de abusos y la ejecución de penas como la excomunión o el interdicto.

Justicia y apelaciones

Las disposiciones atribuidas a Clemente III reflejan una Curia preocupada por ordenar los procedimientos judiciales. Una de sus normas conservadas trata de las apelaciones dirigidas a la Santa Sede y mantiene la secuencia tradicional de los cánones cuando la apelación afecta a arzobispos o primados.2

El papa procuró impedir que las apelaciones se convirtieran en instrumentos de dilación o de maniobra procesal. Al mismo tiempo, mantuvo abierta la posibilidad de recurrir a Roma cuando existiera una causa legítima. Esta combinación de control procesal y protección del derecho de apelación fortaleció la función judicial de la Santa Sede.

Protección de monasterios y órdenes religiosas

Clemente III confirmó bienes, privilegios e inmunidades de diversos monasterios. Entre ellos figura la abadía de Cluny, cuya protección pontificia formaba parte de la tradición de apoyo romano a las grandes instituciones monásticas. También confirmó disposiciones relativas a la disciplina de los ermitaños de Grandmont y protegió jurídicamente al monasterio de Montecasino.4

La Curia no actuaba solo como tribunal. También desempeñaba funciones de registro, confirmación patrimonial y garantía de las exenciones religiosas. Las confirmaciones pontificias ofrecían a los monasterios una defensa frente a obispos, señores laicos y autoridades locales que pretendieran limitar sus derechos.

Disciplina del clero regular

Entre las medidas conservadas figura la prohibición de que los canónigos regulares vagaran por las ciudades. La disposición pretendía preservar la estabilidad comunitaria y la disciplina de quienes vivían bajo una regla religiosa.4

Clemente III confirmó igualmente estatutos relacionados con la paz y la disciplina de los religiosos de Grandmont. Estas actuaciones muestran una política de continuidad: el papa no inició una reforma general comparable a la de un concilio ecuménico, pero consolidó normas disciplinarias y protegió instituciones que contribuían a la renovación de la vida religiosa.

Canonizaciones

Clemente III canonizó a dos figuras vinculadas a la evangelización y a la vida religiosa:

  • Otón de Bamberg, obispo y evangelizador de Pomerania, fallecido en 1139.
  • Esteban de Thiers, fundador de los ermitaños de Grandmont, fallecido en 1124.

La canonización de Otón reconocía la expansión de la fe cristiana en Europa central y oriental. La de Esteban honraba una forma de vida religiosa caracterizada por la austeridad y la observancia eremítica.1

Relación con la reforma eclesial del siglo XII

Clemente III heredó la orientación reformadora de los pontificados de Alejandro III, Lucio III, Urbano III y Gregorio VIII. El III Concilio de Letrán, celebrado en 1179, había reforzado la regulación de las elecciones pontificias, condenado movimientos considerados heréticos y promovido la disciplina eclesiástica. Entre sus disposiciones más relevantes figuraba la exigencia de una mayoría de dos tercios de los cardenales para elegir válidamente al papa.5

El pontificado de Clemente III no produjo un concilio de alcance semejante, pero aplicó varios principios de aquella etapa: defensa de la libertad eclesiástica, regulación de la disciplina, protección de las instituciones religiosas y uso más sistemático de la autoridad judicial y administrativa de Roma.

Muerte y sucesión

Clemente III murió el 27 de marzo de 1191 y recibió sepultura en la basílica de San Juan de Letrán. La sede romana quedó vacante durante dos días, tras los cuales fue elegido Jacinto Bobone, que tomó el nombre de Celestino III.2

Su sucesor heredó los principales problemas que Clemente no había podido resolver: la disputa entre Enrique VI y Tancredo por Sicilia, la compleja relación entre el papado y el Imperio y las consecuencias políticas de la Tercera Cruzada.

Valoración histórica

El pontificado de Clemente III duró poco más de tres años, pero coincidió con acontecimientos de enorme trascendencia. Su primer gran logro fue restablecer una presencia pontificia estable en Roma mediante un acuerdo con la comuna. La reconciliación no eliminó las tensiones municipales, aunque proporcionó al papado una base política mucho más firme.

Su segundo gran empeño consistió en organizar la Tercera Cruzada. Clemente III desempeñó una función diplomática y religiosa decisiva: convocó a los príncipes, envió legados y trató de superar sus conflictos. Las campañas militares posteriores pertenecieron, sin embargo, a Federico Barbarroja, Felipe II y Ricardo I, cuyas decisiones no pueden atribuirse directamente al papa.

En el ámbito institucional, Clemente III fortaleció el papel de la Curia Romana como centro de justicia, administración y protección de las Iglesias particulares y de los monasterios. Su política combinó la negociación con medidas disciplinarias y la defensa de la independencia de la Santa Sede frente a los poderes territoriales.

Aunque su pontificado quedó eclipsado por la fama de Alejandro III y, posteriormente, por la de Inocencio III -sobrino de Clemente y futuro protagonista del apogeo medieval del papado-, Clemente III ocupó una posición importante en la consolidación de la autoridad pontificia a finales del siglo XII.6

Citas y referencias

  1. Papa Clemente III. Enciclopedia Católica, Papa Clemente III (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  2. Clemens III, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomus III, 60 (1858). 2 3 4 5
  3. Papa Urbano III. Enciclopedia Católica, Papa Urbano III (1913).
  4. Gregorius VIII, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomus III, 847 (1858). 2 3
  5. Tercer Concilio de Letrán (1179). Enciclopedia Católica, Tercer Concilio de Letrán (1179) (1913).
  6. Papa Inocencio III. Enciclopedia Católica, Papa Inocencio III (1913).
Modificado el 13 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.78 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/d07wk4x5c

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →