Emilio Bonaventura Altieri nació en Roma el 13 de julio de 1590, hijo de Lorenzo Altieri y Vittoria Delfin, una noble veneciana1. La familia Altieri, de la antigua nobleza papal romana, había ocupado cargos importantes en la Iglesia durante siglos y mantenía alianzas con familias influyentes como los Colonna y los Orsini1.
Altieri obtuvo un doctorado en derecho en el Colegio Romano en 16111. Tras sus estudios, comenzó su carrera eclesiástica, siendo nombrado auditor de Giovanni Battista Lancellotti en la nunciatura de Polonia en 16231. Fue ordenado sacerdote el 6 de abril de 16241.
A su regreso a Roma, fue nombrado Obispo de Camerino y posteriormente gobernador de Loreto y de toda Umbría1. El Papa Urbano VIII (1623-1644) le encomendó la supervisión de las obras destinadas a proteger el territorio de Rávena del río Po1. Más tarde, el Papa Inocencio X (1644-1655) lo envió como nuncio a Nápoles, donde permaneció ocho años y se le atribuye un papel significativo en el restablecimiento de la paz tras los tumultuosos días de Masaniello1,2. El Papa Alejandro VII (1655-1667) le confió una misión en Polonia3.
El Papa Clemente IX (1667-1669) lo nombró Superintendente del Tesoro Papal y, en 1667, su maestro di camera, además de Secretario de la Congregación de Obispos y Regulares1,4. Poco antes de su muerte, Clemente IX lo elevó a la dignidad de cardenal en 1669, a la edad de setenta y nueve años, prediciendo que sería su sucesor1.

