El pontificado de Clemente XI, que duró desde el 23 de noviembre de 1700 hasta el 19 de marzo de 1721, fue uno de los más largos y desafiantes de la historia moderna de la Iglesia,. Se caracterizó por su compromiso con los principios de la Contrarreforma en un momento de importantes retos religiosos y políticos en Europa.
Lucha contra el Jansenismo
Uno de los principales focos de su pontificado fue la lucha contra el jansenismo, una doctrina teológica que él consideraba una amenaza para la ortodoxia católica. El jansenismo había resurgido bajo el liderazgo de Pasquier Quesnel, cuyas «Réflexions morales sur le Nouveau Testament» contenían errores que Clemente XI se propuso condenar,.
La Constitución «Vineam Domini» (1705)
En 1705, Clemente XI emitió la Constitución Vineam Domini, que condenaba la evasión jansenista conocida como silentium obsequiosum o «silencio respetuoso»,. Esta práctica permitía a los jansenistas aceptar externamente las condenas papales sin renunciar internamente a sus errores doctrinales.
La Constitución «Unigenitus Dei Filius» (1713)
El conflicto con el jansenismo culminó con la publicación de la célebre Constitución Apostólica Unigenitus Dei Filius el 8 de septiembre de 1713,. Esta bula condenó 101 proposiciones extraídas textualmente de la obra de Quesnel. Las proposiciones fueron declaradas «falsas, capciosas, de mal sonido, ofensivas para los oídos piadosos, escandalosas, perniciosas, temerarias, injuriosas para la Iglesia y su práctica, contumeliosas para la Iglesia y el Estado, sediciosas, impías, blasfemas, sospechosas y con sabor a herejía, que favorecen a los herejes, la herejía y el cisma, erróneas, cercanas a la herejía, a menudo condenadas, heréticas y que reviven varias herejías, especialmente las contenidas en las famosas proposiciones de Jansenio».
Las proposiciones condenadas abarcaban diversos temas:
Gracia y predestinación: Las primeras cuarenta y tres proposiciones repetían errores de Bayo y Jansenio, afirmando que la gracia opera con omnipotencia y es irresistible, y que sin gracia el hombre solo puede cometer pecado, o que Cristo murió solo por los elegidos.
Fe, esperanza y caridad: Las siguientes veintiocho proposiciones (44-71) sostenían que todo amor que no es sobrenatural es malo, y que sin amor sobrenatural no puede haber esperanza en Dios, obediencia a Su ley, buenas obras, oración, mérito ni religión. Se afirmaba que la oración del pecador y sus otros actos buenos realizados por miedo al castigo son solo nuevos pecados.
Iglesia, disciplina y sacramentos: Las últimas treinta proposiciones (72-101) trataban sobre la Iglesia, su disciplina y los sacramentos, incluyendo afirmaciones como que la Iglesia comprende solo a los justos y los elegidos, que la lectura de la Biblia es obligatoria para todos, o que la absolución sacramental debe posponerse hasta después de la satisfacción.
La bula Unigenitus fue confirmada por el propio Clemente XI en la bula Pastoralis Officii (28 de agosto de 1718) contra los Appellantes, declarando que los católicos que no la aceptaban estaban «claramente fuera del seno de la Iglesia Romana». Posteriormente, fue confirmada por Inocencio XIII (1722), Benedicto XIII (1725) y Benedicto XIV (1756), y aceptada por el clero galicano en varias asambleas y concilios.
La publicación de la Unigenitus generó una fuerte oposición en Francia, especialmente por parte del Cardenal Noailles, arzobispo de París, quien inicialmente había aprobado la obra de Quesnel. Aunque Luis XIV ordenó la aceptación de la bula, la resistencia de Noailles y otros obispos llevó a un largo conflicto. Muchos, conocidos como Appellantes, apelaron a un concilio general, una acción que Clemente XI consideró una desviación herética,. La sumisión de los Appellantes fue un proceso gradual que continuó bajo los pontificados de Inocencio XIII y Benedicto XIII, con la sumisión final e incondicional de Noailles en 1728.
Relaciones con las Potencias Europeas
El pontificado de Clemente XI estuvo inmerso en las complejas dinámicas políticas de Europa, especialmente la Guerra de Sucesión Española. Inicialmente, el Papa intentó mantener una postura neutral, pero esto resultó imposible.
España y el Imperio: Clemente XI se encontró en una posición difícil debido a la disputa por la sucesión española. Aunque el difunto Carlos II había consultado al Papa Inocencio XII sobre su testamento a favor de Felipe de Anjou, la posterior aquiescencia de Clemente XI al título de Felipe V de España irritó al emperador Leopoldo. Las relaciones con Austria se tensaron, y las tropas austriacas invadieron los Estados Pontificios, tomando Piacenza y Parma, anexando Comacchio y asediando Ferrara. Finalmente, el Papa fue forzado a reconocer al Archiduque Carlos como Rey de España «sin perjuicio de los derechos de otro» y a prometerle la investidura de Nápoles.
Paz de Utrecht (1713): En las negociaciones que precedieron a la Paz de Utrecht, los derechos del Papa fueron «estudiadamente descuidados». Sicilia fue entregada a Víctor Amadeo II de Saboya, con quien Clemente XI ya tenía disputas sobre inmunidades eclesiásticas y nombramientos. El nuevo rey intentó revivir la Monarchia Sicula, un privilegio antiguo que excluía prácticamente la autoridad papal sobre la Iglesia en Sicilia. Cuando Clemente respondió con la excomunión y el interdicto, la mayoría del clero leal a la Santa Sede fue desterrado de la isla.
Prusia: Clemente XI también protestó contra la asunción del título de Rey de Prusia por parte del Elector de Brandeburgo en 1701, considerando que la concesión de títulos reales era un privilegio de la Santa Sede y que Prusia pertenecía por derecho antiguo a la Orden Teutónica.
Actividad Misionera y Reorganización Eclesiástica
Clemente XI demostró una «vigilancia pastoral» que se extendió por todo el mundo.
Filipinas y Asia: Organizó la Iglesia en las Islas Filipinas y envió misioneros a lugares distantes. Fomentó la expansión del catolicismo en regiones como China e India.
Controversia de los Ritos Chinos: En la desafortunada controversia entre misioneros dominicos y jesuitas en China sobre la permisibilidad de ciertos ritos y costumbres locales, Clemente XI se pronunció a favor de los primeros.
Patriarcado de Lisboa: Erigió Lisboa en patriarcado el 7 de diciembre de 1716.
Congregación para la Propagación de la Fe: Es conocido por el establecimiento de la Congregación para la Propagación de la Fe, que tenía como objetivo coordinar los esfuerzos misioneros en todo el mundo.
Administración y Mecenazgo
Como administrador de los Estados de la Iglesia, Clemente XI fue muy capaz.
Gobierno: Proveyó diligentemente las necesidades de sus súbditos, fue extremadamente caritativo con los pobres, mejoró las condiciones de las prisiones y aseguró alimentos para la población en tiempos de escasez.
Nepotismo: Al ascender al pontificado, los reformadores católicos sinceros vieron su elección como el fin del nepotismo, ya que se sabía que él había instigado y escrito la severa condena de ese abuso emitida por su predecesor. Como pontífice, no desmintió sus principios, otorgando los cargos de su corte a los sujetos más dignos y ordenando a su hermano que se mantuviera a distancia y se abstuviera de adoptar cualquier nuevo título o interferir en asuntos de estado.
Cultura y Ciencia: Se ganó la buena voluntad de los artistas al prohibir la exportación de obras maestras antiguas, y de los científicos al encargar a Bianchini que trazara el meridiano de Roma en el pavimento de Santa María de los Ángeles, conocido como la Clementina.
Biblioteca Vaticana: Enriqueció la Biblioteca Vaticana con tesoros manuscritos recopilados por Joseph Simeon Assemani en sus investigaciones por Egipto y Siria.
Devoción y Vida Personal
Clemente XI era un hombre de «prodigiosa capacidad de trabajo». Dormía poco y comía tan frugalmente que unos pocos peniques al día bastaban para su mesa. Confesaba y celebraba Misa todos los días. Se involucraba minuciosamente en los detalles de cada medida que se le presentaba y preparaba con su propia mano las numerosas alocuciones, breves y constituciones que luego fueron recopiladas y publicadas. También encontraba tiempo para predicar sus «hermosas homilías» y se le veía con frecuencia en el confesionario. A pesar de que su poderosa constitución cedió más de una vez bajo el peso de sus labores y preocupaciones, continuó observando rigurosamente los ayunos de la Iglesia y generalmente se permitía el menor respiro posible de sus trabajos.
Tenía una particular devoción por San José, en cuyo honor compuso el Oficio especial que se encuentra en el Breviario. Hizo de la fiesta de la Concepción de la Santísima Virgen María un día de precepto y canonizó a Pío V, Andrés de Avellino, Félix de Cantalice y Catalina de Bolonia.