La presión sobre el Papa para suprimir la Compañía de Jesús fue inmensa y constante,. Los reyes de Francia, España, Portugal y las Dos Sicilias habían expulsado a los Jesuitas de sus reinos y estados, considerándolo un remedio necesario para evitar divisiones entre los pueblos cristianos,. Estas peticiones, que ya se habían dirigido a Clemente XIII, se reiteraron a Clemente XIV, sumándose las opiniones de muchos obispos y figuras influyentes.
El Breve Dominus ac Redemptor
Tras una larga y madura consideración, y «movido por su oficio, que le impone la obligación de procurar, mantener y consolidar con todo su poder la paz y la tranquilidad del pueblo cristiano», Clemente XIV resolvió suprimir la Compañía de Jesús. El breve Dominus ac Redemptor, firmado el 8 de junio de 1773 y fechado el 21 de julio de 1773, declaró que la Compañía ya no podía producir los frutos y beneficios para los que fue instituida, y que su existencia hacía imposible una paz verdadera y duradera en la Iglesia,.
El Papa declaró la «extinción y supresión» de la Compañía, anulando todos sus oficios, ministerios, administraciones, casas, escuelas, colegios, hospicios y cualquier otro lugar perteneciente a ella, así como sus estatutos, costumbres, decretos y privilegios. La autoridad de los superiores jesuitas fue transferida a los obispos. Se prohibió la admisión de nuevos miembros y se ordenó la disolución de los noviciados. Los miembros con votos simples que no hubieran sido ordenados debían abandonar las casas jesuitas en un plazo de un año y eran libres de elegir otra forma de vida,. Aquellos que ya habían sido expulsados de sus provincias fueron incluidos en la supresión general y se redujeron al estado de clérigos seculares, sujetos a los ordinarios locales.
Es importante destacar que el breve no culpó a las reglas de la orden, a la conducta personal de sus miembros o a la ortodoxia de su enseñanza. El único motivo expuesto fue la necesidad de restaurar la paz de la Iglesia. El breve fue promulgado de una manera menos formal que una bula papal, siendo un breve (decreto de menor fuerza vinculante y más fácil revocación) y no fue fijado en las puertas de San Pedro.
Reacciones a la Supresión
La supresión generó diversas reacciones. En Francia, no fue publicada, ya que la Iglesia galicana se opuso, considerándola un acto personal del Papa no vinculante para la Iglesia de Francia. El rey de España consideró el breve demasiado indulgente, ya que no condenaba la doctrina ni la moral de los Jesuitas. La corte de Nápoles prohibió su publicación bajo pena de muerte. María Teresa de Austria permitió a su hijo José II confiscar las propiedades jesuitas, pero luego accedió a la supresión «por la paz de la Iglesia».
Sorprendentemente, dos soberanos no católicos, Federico de Prusia y Catalina de Rusia, tomaron a los Jesuitas bajo su protección. Sus motivos pudieron ser el deseo de desafiar al Papa y a las cortes borbónicas, o de complacer a sus súbditos católicos y preservar los servicios de los Jesuitas como educadores. Su intervención mantuvo viva la orden hasta su restauración completa en 1804. Catalina II, en particular, resistió hasta el final, y los obispos de Rusia Blanca ignoraron el breve, permitiendo a los Jesuitas continuar con su trabajo, una conducta que Clemente XIV parece haber aprobado.
El Papa Clemente XIV prohibió, bajo pena de excomunión reservada al Sumo Pontífice, que cualquier persona eclesiástica, regular o secular, defendiera, impugnara, escribiera o hablara sobre la supresión, sus causas, motivos o el instituto de la Compañía sin licencia expresa del Romano Pontífice. También prohibió ofender o provocar a los antiguos miembros de la Compañía.