Cornelio ocupó la sede romana después de un prolongado periodo de vacancia provocado por la persecución del emperador Decio. Su predecesor, el papa Fabián, murió durante aquella persecución, en enero del año 250. La violencia y la amenaza de nuevas represalias dificultaron durante meses la elección de un sucesor. Cuando la persecución perdió intensidad, los obispos pudieron reunirse en Roma y elegir a Cornelio, en marzo de 251.1
La Iglesia afrontaba entonces una cuestión pastoral urgente: cómo tratar a los lapsi, nombre dado a los cristianos que habían cedido ante las autoridades paganas. Algunos habían ofrecido sacrificios a los dioses; otros habían obtenido certificados que aseguraban, de forma real o ficticia, que habían cumplido las órdenes imperiales. La comunidad debía conjugar la seriedad de la apostasía con la posibilidad de que quien se arrepintiese volviera a la comunión.4



