La elección de Cornelio como obispo de Roma tuvo lugar alrededor de marzo del año 251 d.C., tras un período de vacancia papal de aproximadamente catorce meses, provocado por el martirio de su predecesor, el Papa Fabián, el 20 de enero del 250 d.C. durante la persecución de Decio1,2. En ese momento, la persecución había disminuido debido a la ausencia del emperador, quien enfrentaba rivales por el trono. Esta pausa permitió que dieciséis obispos se reunieran en Roma para proceder con la elección1.
A pesar de su reticencia, Cornelio fue elegido por el «juicio de Dios y de Cristo», con el testimonio de casi todo el clero, el voto del pueblo presente y el consentimiento de sacerdotes ancianos y hombres de bien. Su elección fue vista como un acto de gran fortaleza, ya que asumió el cargo en un momento en que el tirano Decio profería amenazas inauditas contra los obispos1. San Cipriano de Cartago elogió la valentía de Cornelio, considerándolo digno de ser contado entre los confesores y mártires que esperaron con intrepidez la espada, la cruz o la hoguera1.

