Federico de Lorena nació probablemente a principios del siglo XI1. Era hijo de Gozelon, Duque de la Baja Lorena, y de Junca, hija de Berengario II, Rey de Italia1. A medida que crecía, Federico se distinguió por su carácter y erudición1.
Se cree que mientras era canónigo en Lieja, su primo, el Papa San León IX, lo conoció y lo nombró canciller y bibliotecario de la Iglesia Romana alrededor del año 10511. Federico acompañó a San León IX en sus viajes apostólicos por Europa1. En 1054, fue enviado por el Papa León IX en una importante embajada a Constantinopla, un evento que culminó en la separación definitiva de las Iglesias de Oriente y Occidente1.
A su regreso de Oriente, fue asaltado por el Conde de Teate1. Para evitar caer en manos del Emperador Enrique III, quien desconfiaba de él debido a su hermano, Godofredo el Barbudo, Duque de Lorena, Federico se hizo monje en Monte Cassino en 10551. Tras la muerte del Emperador Enrique, se convirtió en abad de Monte Cassino en 10571. El Papa Víctor II lo nombró cardenal-presbítero de San Crisógono1.
