El pontificado de Eugenio III (1145-1153) estuvo marcado por importantes eventos y desafíos:
La Segunda Cruzada
Uno de los aspectos más destacados de su papado fue su papel en la proclamación de la Segunda Cruzada. La caída de Edesa en 1144 causó gran consternación en Occidente, y Eugenio III, desde Viterbo, emitió un llamamiento a la caballería europea para defender los Santos Lugares. Encargó a San Bernardo de Claraval la predicación de la cruzada, quien cumplió su tarea con gran éxito,. En 1146, el Papa se unió a San Bernardo en Francia para alentar la empresa.
A pesar de los esfuerzos del Papa y de San Bernardo, la Segunda Cruzada, liderada por el Rey de los Romanos y el Rey de Francia, resultó en un fracaso. No obstante, el fracaso no se atribuyó ni al santo ni al Papa.
Conflictos en Roma y con Arnoldo de Brescia
Eugenio III enfrentó constantes conflictos con la comuna romana, que buscaba establecer una república y limitar el poder temporal del papado. Arnoldo de Brescia, un reformador que criticaba la riqueza y el poder temporal de la Iglesia, lideró la revuelta romana. Arnoldo reprochó al Papa por depender de la fuerza física y por «defender con homicidio» sus derechos.
Como resultado, Eugenio III se vio obligado a abandonar Roma, y la democracia romana triunfó bajo Arnoldo de Brescia durante un tiempo (1146-1149). Aunque excomulgado por el Papa en 1148, Arnoldo no se desanimó. Sin embargo, su programa revolucionario evolucionó hacia una subordinación del poder espiritual al civil, e incluso ofreció al rey Conrado III las llaves del Castillo de Sant’Angelo para que los emperadores alemanes pudieran disponer de la tiara y el gobierno de Roma.
Eugenio III, con astucia y tacto, logró ganarse el apoyo del sucesor de Conrado, Federico Barbarroja, para la causa del papado, debilitando así la posición de Arnoldo.
Relaciones con el Sacro Imperio Romano Germánico
El Papa Eugenio III estuvo involucrado en las complejas relaciones con los emperadores alemanes. Tras la muerte de Conrado III, Eugenio III concluyó un tratado en Constanza en la primavera de 1153 con su sobrino, Federico Barbarroja, que fue favorable a los intereses de la Iglesia y del Imperio. Este acuerdo contribuyó a que los romanos más moderados se unieran a los nobles para reprimir a los arnoldistas, permitiendo al pontífice pasar sus últimos días en paz.
Durante su pontificado, la Controversia de las Investiduras, aunque ya resuelta en gran medida por el Concordato de Worms, seguía siendo un tema subyacente en las relaciones entre el papado y el Imperio.
Reformas Eclesiásticas y Actividad en Francia
El prolongado tiempo que el Papa pasó en Francia fue beneficioso para la Iglesia francesa y realzó el prestigio del papado. Eugenio III se dedicó a la propagación de la fe, la corrección de errores y abusos, y el mantenimiento de la disciplina.
Animó el nuevo movimiento intelectual al que Pedro Lombardo había dado un fuerte impulso. Con la ayuda del Cardenal Pullus, su canciller, quien había establecido la Universidad de Oxford, el Papa mejoró la estructura de las escuelas de teología y filosofía. También apoyó a Graciano en su tarea de organizar las Decretales y emitió varias regulaciones útiles sobre los grados académicos.
Convocó varios sínodos, destacando el gran Sínodo de Reims en 1148, donde se promulgaron cánones sobre la vestimenta y conducta del clero. Para asegurar la estricta ejecución de estos cánones, se amenazó con la suspensión a los obispos que los descuidaran. Eugenio III fue implacable en el castigo de los indignos, llegando a deponer a los metropolitanos de York y Maguncia, y retirando el palio al Arzobispo de Reims por una causa que San Bernardo consideró no suficientemente grave.