San Félix I sucedió a San Dionisio como cabeza de la Iglesia romana a principios del año 269 d.C.1. Su papado abarcó un período de aproximadamente cinco años, desde el 5 de enero de 269 hasta el 30 de diciembre de 2742. Durante este tiempo, el Imperio Romano estuvo bajo el gobierno del emperador Aureliano2.
La Controversia de Antioquía y la Doctrina Trinitaria
Un evento significativo durante su pontificado fue la llegada a Roma de un informe del Sínodo de Antioquía, que había depuesto al obispo local, Pablo de Samosata, por sus enseñanzas heréticas sobre la doctrina de la Trinidad1,3. En respuesta a este informe sinodal, Félix I probablemente envió una carta al Oriente que contenía una exposición de la doctrina trinitaria. Sin embargo, este documento fue posteriormente interpolado por un seguidor de Apolinar para servir a los intereses de su secta, y este escrito espurio fue presentado en el Concilio de Éfeso en 4311,3. El fragmento conservado de este documento enfatiza la unidad e identidad del Hijo de Dios y el Hijo del Hombre en Cristo1.
Oposición al Montanismo
El pontificado de Félix I también se caracterizó por su firme postura contra el movimiento montanista, que representaba un desafío a las creencias cristianas ortodoxas2. Este énfasis en la consolidación de la Iglesia y el fomento de la unidad fue un aspecto central de su liderazgo2.
Desarrollo de la Autoridad Eclesiástica
Félix I también destacó la importancia del papel del obispo en la Iglesia, contribuyendo al desarrollo de la autoridad eclesiástica2.

