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Papa Gregorio III

Gregorio III fue papa de la Iglesia católica entre los años 731 y 741. De origen sirio, gobernó la Iglesia de Roma durante una etapa marcada por la controversia iconoclasta, el retroceso de la autoridad bizantina en Italia y la expansión lombarda. Defendió la veneración cristiana de las imágenes sagradas, fortaleció la misión evangelizadora en Europa y solicitó ayuda a los francos ante las amenazas militares que rodeaban Roma.

178-7866 IMG - Gregorius III AV
Ver información de la imagenEl Gregorio III en medalla papal del siglo VIII (vista frontal), c. 2006. Foto propia File:178-7866_IMG_-_Gregorius_III_AV.jpg, ASKI, CC BY-SA 3.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Gregorio III
CategoríaPersona
Nombre CompletoSan Gregorio III
DescripciónControversia iconoclasta, retirada de la autoridad bizantina en Italia y expansión lombarda
TítuloPapa
Fecha de Muerte741-11-28
Lugar de MuerteRoma
NacionalidadSirio
SexoMasculino
Elección Papal11 de febrero de 731
Fin del Pontificado741
Importancia HistóricaDefendió la veneración de imágenes, aumentó la autonomía papal y buscó alianzas con los francos
Inicio del Pontificado731
Lugar de OrigenSiria
Lugar de SepulturaOratorio de Nuestra Señora en la basílica de San Pedro
Relaciones PolíticasSolicitó ayuda a Carlos Martel; se opuso al emperador León III
TipoPapa, Obispo de Roma
Virtudesvirtud, competencia pastoral

Tabla de contenido

Biografía

Origen y elección pontificia

Gregorio III nació en Siria, aunque no consta la fecha exacta de su nacimiento. Era hijo de un sirio llamado Juan y alcanzó reputación por su formación intelectual, su virtud y su competencia pastoral. Los romanos lo eligieron papa por aclamación el 11 de febrero de 731, mientras acompañaba el cortejo fúnebre de su predecesor, Gregorio II.1

La consagración no tuvo lugar inmediatamente. Gregorio III recibió la ordenación episcopal y la consagración pontificia más de un mes después de su elección, probablemente a causa de la antigua práctica de solicitar la confirmación del representante imperial en Italia, el exarca de Rávena. Esta circunstancia lo convirtió en el último papa que pidió formalmente la confirmación de su elección al emperador bizantino.1

El retraso refleja una realidad política que estaba cambiando con rapidez. Aunque el papado todavía mantenía vínculos jurídicos con el Imperio romano de Oriente, la capacidad efectiva de Constantinopla para intervenir en Roma disminuía ante las incursiones lombardas, la distancia geográfica y los conflictos religiosos.

Duración del pontificado

El pontificado de Gregorio III se prolongó desde 731 hasta 741. Murió en Roma el 28 de noviembre de 741, aunque algunos testimonios antiguos no precisan si el fallecimiento ocurrió en noviembre o en diciembre. Recibió sepultura en el oratorio dedicado a la Virgen María que había mandado construir en la basílica de San Pedro.1

La controversia iconoclasta

El conflicto con León III

La principal cuestión doctrinal del pontificado de Gregorio III fue la controversia iconoclasta. El emperador León III había promovido una política contraria al uso y a la veneración de las imágenes sagradas. Los defensores de esta política consideraban que las imágenes podían conducir a la idolatría y pretendían eliminarlas del culto cristiano.

Gregorio III continuó la defensa de las imágenes que había caracterizado el pontificado de Gregorio II. Envió cartas y legados al emperador para exhortarlo a abandonar la persecución contra quienes veneraban los iconos. Una primera misión, confiada al presbítero Jorge, no consiguió presentar sus cartas en Constantinopla. En un segundo intento, el enviado fue arrestado y encarcelado en Sicilia por las autoridades imperiales.2

La oposición de Gregorio III no constituía una defensa de la idolatría. La teología católica distingue entre la adoración debida solo a Dios y la veneración dirigida a las imágenes por razón de la persona representada. En este marco, una imagen de Cristo remite a Cristo mismo, mientras que una imagen de la Virgen o de un santo orienta la piedad hacia la persona representada.

Los sínodos romanos de 731

En 731 Gregorio III convocó sínodos en Roma para condenar la iconoclasia. La tradición histórica habla de dos reuniones romanas y de la participación de numerosos obispos. Estos actos confirmaron la posición de la Iglesia de Roma frente a la política imperial y amenazaron con la excomunión a quienes destruyeran las imágenes sagradas.1

El papa acompañó la defensa doctrinal con una acción litúrgica y pastoral concreta. Promovió un honor especial a las imágenes y a las reliquias, con particular atención a las vinculadas con san Pedro. También mandó construir un oratorio en la cripta de la basílica vaticana y estableció oraciones específicas en aquel lugar. Las inscripciones conservadas en las criptas del Vaticano recuerdan esta iniciativa.1

Consecuencias políticas y eclesiales

El conflicto iconoclasta agravó la separación entre Roma y el poder imperial. León III respondió a la oposición pontificia mediante medidas administrativas y económicas. Confiscó patrimonios de la sede romana en Sicilia, Calabria y otros territorios bajo control bizantino, y transfirió al patriarcado de Constantinopla jurisdicciones eclesiásticas que antes dependían de Roma, entre ellas las del antiguo exarcado de Ilírico.1

La disputa no fue, por tanto, solo teológica. También afectó a la autoridad territorial, a la fiscalidad y a la organización de las Iglesias locales. La política imperial favoreció una progresiva reducción de la influencia administrativa romana en el sur de Italia y en otras regiones vinculadas tradicionalmente con el papado.

Evolución de las relaciones con el Imperio bizantino

La antigua dependencia imperial

Durante siglos, el obispo de Roma había vivido dentro del marco político del Imperio romano. La elección pontificia podía requerir confirmación imperial, y los funcionarios bizantinos ejercían autoridad en buena parte de Italia. Sin embargo, durante el siglo VIII la protección imperial resultó cada vez menos eficaz.

Las conquistas lombardas habían debilitado el exarcado de Rávena y reducido la capacidad militar de Constantinopla en la península. Al mismo tiempo, la política iconoclasta enfrentó al emperador con la población de Roma, Rávena y otras ciudades italianas. El conflicto religioso convirtió una relación política ya frágil en una abierta confrontación.2

La pérdida de influencia en el sur de Italia

La ruptura alcanzó especialmente a Sicilia, Calabria y el sur de Italia. León III confiscó allí propiedades de la Iglesia romana y reorganizó las jurisdicciones eclesiásticas en favor de Constantinopla. También separó del ámbito romano diversos territorios de la antigua prefectura de Ilírico y los incorporó a la esfera del patriarcado constantinopolitano.2

Esta transformación privó al papado de ingresos, propiedades y capacidad administrativa. Roma conservaba una autoridad espiritual considerable, pero perdía instrumentos concretos de gobierno en regiones que habían dependido de ella. El emperador ya no actuaba como protector eficaz de Roma, sino como gobernante que imponía decisiones doctrinales y administrativas contrarias a la voluntad pontificia.

Del vínculo imperial a la búsqueda de aliados occidentales

La evolución política llevó al papado a buscar nuevos apoyos en Occidente. Gregorio III no rompió formalmente con el Imperio bizantino, pero su política mostró que Roma ya no podía confiar exclusivamente en Constantinopla para defender sus territorios o garantizar la libertad de la Iglesia.

La posterior alianza entre el papado y los francos tuvo sus raíces en esta transformación. Gregorio III recurrió a Carlos Martel, mientras que sus sucesores desarrollarían una cooperación mucho más estrecha con Pipino el Breve y con la dinastía carolingia.

La amenaza lombarda

Liutprando y la expansión lombarda

La segunda gran dificultad del pontificado fue la presión del reino lombardo. El rey Liutprando aspiraba a consolidar su autoridad sobre toda Italia y a someter a los ducados de Spoleto y Benevento, además de ampliar su control sobre el ducado romano y los territorios vinculados al exarcado de Rávena.

Gregorio III comprendió que la expansión lombarda podía aislar Roma y cortar las comunicaciones con las posesiones septentrionales. Por ello reforzó las defensas de la ciudad y trató de asegurar las rutas estratégicas que unían Roma con Rávena y Perugia.1

La recuperación de Galese

En torno al año 738, el duque Trasamundo de Spoleto tomó el castillo de Galese, una fortaleza que protegía la vía hacia Perugia. Gregorio III consiguió recuperarlo mediante el pago de una cantidad considerable. Después intentó convertir a Trasamundo en aliado contra Liutprando.3

La posición de Galese tenía valor militar y político. Su control ayudaba a mantener abiertas las comunicaciones entre Roma y las regiones del norte, especialmente hacia Rávena. La actuación pontificia muestra que Gregorio III no desempeñó solo una función religiosa: también dirigió una política territorial destinada a preservar la seguridad de la población romana.

La ofensiva de 739

En 739 Liutprando reanudó la ofensiva. Sus tropas devastaron parte del exarcado y el propio rey marchó hacia el sur para someter a los duques de Spoleto y Benevento. Trasamundo huyó a Roma y pidió protección al papa.

Liutprando ocupó varias fortalezas situadas en la frontera del ducado romano, entre ellas Blera, Orte, Bomarzo y Amelia. Estas conquistas cortaron las comunicaciones de Roma con Perugia y Rávena. Ante la gravedad de la situación, Gregorio III pidió ayuda a Carlos Martel, poderoso dirigente de los francos.3

Las embajadas ante Carlos Martel

La petición pontificia de 739

La embajada de Gregorio III ante Carlos Martel ocurrió en 739, cuando la ofensiva lombarda había alcanzado una fase especialmente peligrosa. El papa pidió al gobernante franco que protegiera la tumba de san Pedro y defendiera a la Iglesia romana frente a Liutprando. La solicitud no equivalía todavía a una intervención militar efectiva: constituía una petición formal de auxilio y una búsqueda de alianza política.3

Los embajadores francos llegaron a Roma en el mismo año. Su presencia contribuyó a una tregua momentánea, aunque la pausa pudo relacionarse también con el calor del verano y con las circunstancias militares. La llegada de aquellos emisarios no significó que Carlos Martel hubiera enviado un ejército ni que hubiese comenzado una campaña franca en Italia.1

La falta de una respuesta militar inmediata

Carlos Martel respondió a la embajada y aceptó los regalos enviados por el papa, pero no ofreció la ayuda militar solicitada. Mantenía una relación de alianza con Liutprando, quien le había prestado apoyo en sus campañas contra los musulmanes de Provenza. Además, la enfermedad que acabaría con la vida de Carlos pudo influir en su negativa o en su incapacidad para emprender una expedición italiana.3,4

Conviene distinguir claramente tres momentos:

  • Primero, Gregorio III pidió auxilio a Carlos Martel en 739.
  • Después, una embajada franca llegó a Roma, pero no produjo una intervención militar.
  • Finalmente, la ayuda efectiva de los francos no llegó durante el pontificado de Gregorio III.

Algunas tradiciones posteriores atribuyeron a Carlos Martel una disposición general a proteger a la Iglesia romana. Sin embargo, durante la crisis concreta de 739-740 no cumplió la petición pontificia de intervenir contra los lombardos. La alianza militar entre el papado y los francos solo adquiriría eficacia bajo los sucesores de Gregorio III.

La campaña de 740 y la acción romana

En 740 Liutprando volvió a las armas. Los romanos abandonaron temporalmente la estrategia puramente defensiva y ayudaron a Trasamundo a recuperar Spoleto. Una vez recuperado su ducado, Trasamundo no restituyó, o no pudo restituir, las cuatro ciudades del ducado romano que Gregorio III le había pedido recuperar.1

La actuación romana logró aliviar momentáneamente la presión lombarda, pero no resolvió la amenaza. Gregorio III murió antes de obtener una alianza franca efectiva y antes de conseguir una solución estable para los territorios ocupados.

Relaciones con las Iglesias de Occidente

Apoyo a san Bonifacio

Gregorio III continuó la colaboración con san Bonifacio, misionero y organizador de la Iglesia en Germania. El papa le concedió apoyo y autoridad para proseguir su trabajo evangelizador. Bonifacio consideraba decisiva la ayuda de la sede apostólica para consolidar las comunidades cristianas, organizar el clero y combatir las prácticas religiosas ajenas al cristianismo.1

En torno a 737, Bonifacio regresó a Roma para informar de su actividad y recibir nuevas orientaciones. Gregorio III también envió a san Willibaldo para colaborar con él. De esta manera, el pontificado impulsó la expansión de la Iglesia en las regiones germánicas mediante una combinación de misión, organización episcopal y comunión con Roma.1

La Iglesia anglosajona

El papa mantuvo también relaciones con la Iglesia de Inglaterra. Concedió el palio a Egberto de York, conforme al proyecto de organización eclesiástica iniciado por Gregorio I Magno, que había reconocido derechos metropolitanos a York para el norte de Inglaterra y a Canterbury para el sur.

Los arzobispos Tatwino y Nothelmo de Canterbury recibieron sucesivamente el palio de Gregorio III, en 731 y 736. Estas concesiones expresaban la integración de las Iglesias anglosajonas en la estructura metropolitana y jurídica de la Iglesia latina.1

Aquileia y Grado

Gregorio III confirmó las disposiciones de sus predecesores sobre los derechos respectivos de los patriarcados de Aquileia y Grado. También envió el palio a Antonino de Grado. La intervención pontificia buscaba preservar el orden jerárquico y evitar conflictos jurisdiccionales en el norte de Italia.1

Obras y actividad litúrgica

Gregorio III promovió la veneración de las reliquias y de las imágenes, especialmente en la basílica de San Pedro. La tradición litúrgica también le atribuye una labor de organización de los cantos de la misa, aunque la atribución exacta de algunos repertorios llamados posteriormente gregorianos ha sido objeto de discusión histórica. Una tradición antigua vinculada con la Iglesia de York atribuyó a Gregorio Magno la composición del antifonario y del sacramentario, mientras que algunos estudios relacionaron ciertas recopilaciones con papas posteriores, entre ellos Gregorio III.5

El pontífice impulsó además la restauración de defensas y edificios religiosos. La reparación de las murallas de Roma respondió a la amenaza lombarda, mientras que el oratorio mariano construido en San Pedro expresó su devoción a la Virgen y su deseo de reforzar el culto apostólico en torno a la tumba de san Pedro.1

Muerte y sepultura

Gregorio III murió en 741, en un momento en que Roma seguía expuesta a la presión lombarda y carecía de una protección militar estable por parte del Imperio bizantino o de los francos. Recibió sepultura en el oratorio de Nuestra Señora que había mandado construir en la basílica de San Pedro. Su memoria litúrgica quedó fijada el 28 de noviembre en el Martirologio Romano.1

Veneración y santidad

Gregorio III recibe culto como santo en la Iglesia católica, especialmente dentro de la tradición litúrgica de la Iglesia de Roma. La veneración de los papas del siglo VIII constituye, en gran medida, un fenómeno propio de la Iglesia católica romana, vinculado a la memoria litúrgica local y a la continuidad histórica de la sede apostólica.

La tradición católica honra en Gregorio III a un pontífice que defendió la fe recibida, protegió la veneración de las imágenes sagradas y sostuvo la vida de la Iglesia durante una etapa de invasiones, conflictos políticos y debilitamiento de la autoridad imperial. Algunas obras históricas lo presentan también como venerado en ámbitos orientales, pero la forma más característica y estable de su culto pertenece a la tradición romana.6

Importancia histórica

El pontificado de Gregorio III ocupa un lugar decisivo en la transición entre el orden romano-bizantino y la configuración política de la Europa medieval occidental.

Su gobierno produjo varios cambios duraderos:

  • Consolidó la defensa romana de las imágenes sagradas frente a la política iconoclasta de León III.
  • Acentuó la autonomía del papado frente al emperador de Constantinopla.
  • Puso de manifiesto la pérdida de influencia administrativa bizantina en Sicilia, Calabria, el sur de Italia y el antiguo Ilírico.
  • Fortaleció la organización de las Iglesias occidentales, especialmente en Germania, Inglaterra y el norte de Italia.
  • Inició una búsqueda más decidida de protección franca, aunque Carlos Martel no prestó ayuda militar efectiva durante su pontificado.
  • Preparó indirectamente el cambio de alianzas que llevaría a sus sucesores a establecer una relación estrecha con la dinastía carolingia.

Gregorio III no contempló la creación inmediata de los Estados Pontificios en el sentido pleno que alcanzarían después. Sin embargo, su actuación contribuyó a que el papado asumiera responsabilidades territoriales y defensivas cada vez mayores. La debilidad de Bizancio, la expansión lombarda y la falta de una respuesta franca inmediata obligaron a Roma a desarrollar una política propia, tanto en el ámbito religioso como en el civil.

Valoración

Gregorio III fue un papa de transición y de resistencia. Su pontificado comenzó dentro de las estructuras políticas del Imperio bizantino, pero terminó mostrando que esas estructuras ya no garantizaban la seguridad de Roma ni protegían la libertad de la Iglesia occidental. La defensa de las imágenes sagradas lo enfrentó al emperador; la expansión lombarda lo llevó a intervenir en la política italiana; y la búsqueda de apoyo franco abrió una orientación diplomática que transformaría la historia del papado.

Aunque murió antes de ver consolidada la alianza entre Roma y los francos, su pontificado preparó el terreno para el posterior ascenso político de la sede apostólica en Occidente.

Citas y referencias

  1. Papa San Gregorio III. Enciclopedia Católica, Papa San Gregorio III (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15
  2. Iconoclasia. Enciclopedia Católica, Iconoclasia (1913). 2 3
  3. Estados de la Iglesia. Enciclopedia Católica, Estados de la Iglesia (1913). 2 3 4
  4. Carlos Martel. Enciclopedia Católica, Carlos Martel (1913).
  5. Antifonario gregoriano. Enciclopedia Católica, Antifonario gregoriano (1913).
  6. Papa no 90: San Gregorio III, Magisterio IA. Breve Historia de los Papas de la Iglesia Católica, Papa 90 (2024).
Modificado el 17 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.16 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/wdtsthwqp

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