A pesar de las turbulencias políticas, Gregorio IV realizó importantes contribuciones a la Iglesia y a la ciudad de Roma.
Fortificación y Desarrollo de Roma
Para garantizar la seguridad de Roma frente a los avances sarracenos, que se habían apoderado de Sicilia y estaban siendo invitados a participar en las guerras de los pequeños príncipes del sur de Italia, Gregorio IV fortificó la antigua Ostia con la construcción de una fortaleza que llevó su nombre, Gregoriópolis. También se dedicó a reparar acueductos e iglesias, y fundó «colonias agrícolas» en la Campaña romana, beneficiando tanto a Roma como al «Patrimonio de San Pedro».
Promoción de la Fe y la Disciplina Eclesiástica
Gregorio IV apoyó los esfuerzos de San Anscario, el Apóstol del Norte, en la conversión de Suecia. Autorizó su consagración como el primer Arzobispo de Hamburgo, le envió el palio y le concedió plena autoridad para predicar el Evangelio, nombrándolo su legado entre suecos, daneses y eslavos.
También otorgó el palio a los Arzobispos de Salzburgo, Canterbury y Grado, favoreciendo a este último contra las intromisiones del Patriarca de Aquileya. Asimismo, respaldó a Aldric, Obispo de Le Mans, quien enfrentó dificultades por su leal apoyo a Luis el Piadoso contra sus hijos rebeldes,. Gregorio IV instruyó al emperador Luis para que proclamara la observancia de la Fiesta de Todos los Santos en todo el imperio, una tradición que continúa en la Iglesia Occidental,. Además, envió a algunos de sus eclesiásticos a Roma para ser formados en música, a petición de Luis.
En una de sus cartas, dirigida a Rábano Mauro, abad de Fulda, Gregorio IV reafirmó la concesión y confirmación perpetua del monasterio de Fulda, así como la donación del monasterio de San Andrés Apóstol en Roma. En esta carta, también decretó que ningún obispo, arzobispo o patriarca pudiera celebrar la Misa sobre el altar principal del monasterio de Fulda sin la licencia del abad, ni tener autoridad sobre él, excepto la Sede Apostólica.