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Papa Gregorio XII

Gregorio XII, nacido Angelo Correr -también conocido como Angelo Corrario o Correr-, fue papa de la obediencia romana durante el Cisma de Occidente. Su pontificado transcurrió entre 1406 y 1415, en una época marcada por la existencia simultánea de obediencias romana, aviñonesa y, desde 1409, pisana. Su renuncia en el Concilio de Constanza facilitó la elección de Martín V y contribuyó decisivamente al restablecimiento de la unidad visible de la Iglesia latina.1,2

Gregorio Incaelum Relato
Ver información de la imagenRetrato de Gregorio XII (como Gregorio I el Grande), c. 1473. https://artslife.com, Justus van Gent / Pedro Berruguete, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Gregorio XII
CategoríaPersona
Nombre Completo
  • Angelo Correr
  • Angelo Corrario
Descripciónc. 1327
Lugar de NacimientoVenecia
Fecha de Muerte1417-10-18
Lugar de MuerteRecanati
SexoMasculino
Fin del Pontificado4 de julio de 1415
Inicio del Pontificado30 de noviembre de 1406
Personas relacionadas
  • Inocencio VII
  • Martín V
TipoPapa

Tabla de contenido

Biografía

Origen y formación eclesiástica

Angelo Correr nació en Venecia hacia 1327, en el seno de una familia noble. En 1380 recibió el nombramiento de obispo de Castello y, diez años después, fue creado patriarca titular de Constantinopla. Durante el pontificado de Inocencio VII desempeñó diversos cargos en la administración pontificia, entre ellos el de secretario apostólico y legado en la Marca de Ancona. En 1405 fue elevado al cardenalato con el título de San Marcos.1

Su trayectoria anterior a la elección pontificia estuvo vinculada principalmente a la diplomacia y al gobierno eclesiástico. La experiencia adquirida en la Curia romana resultó especialmente relevante en un momento en que la Iglesia afrontaba una profunda división institucional y política.

Elección pontificia

Tras la muerte de Inocencio VII, los cardenales de la obediencia romana eligieron a Correr el 30 de noviembre de 1406. El nuevo pontífice adoptó el nombre de Gregorio XII. La elección pretendía favorecer una solución negociada al cisma, pues los cardenales habían aceptado previamente que el papa elegido renunciaría si el pontífice rival de Aviñón, Benedicto XIII, aceptaba idéntica condición.1

Gregorio XII confirmó después de su elección el compromiso de renunciar para facilitar una elección común. El 12 de diciembre de 1406 comunicó a Benedicto XIII su disposición a abandonar el pontificado si el pontífice aviñonés hacía lo mismo. Benedicto respondió favorablemente en principio, y ambos bandos proyectaron una entrevista en Savona.1,3

El Cisma de Occidente

La división de las obediencias

El Cisma de Occidente comenzó en 1378, después de la elección de Urbano VI en Roma y de la elección posterior de Clemente VII en Aviñón. La cristiandad latina quedó dividida entre dos obediencias rivales. La crisis no consistía en una controversia doctrinal sobre la naturaleza del papado, sino en la dificultad de determinar cuál de las elecciones pontificias había sido válida. Ambas partes reconocían la institución del papado y defendían la necesidad de obedecer al verdadero sucesor de san Pedro.4

Cuando Gregorio XII fue elegido, Benedicto XIII ya ejercía su autoridad sobre la obediencia aviñonesa. La elección romana no puso fin al conflicto porque ninguno de los dos pontífices aceptó finalmente abandonar la dignidad pontificia.

El fracaso de la entrevista de Savona

Las negociaciones entre Roma y Aviñón avanzaron lentamente. Ambos pontífices aceptaron en principio reunirse en Savona, pero el encuentro nunca tuvo lugar. Los partidarios de Gregorio XII -entre ellos algunos familiares del papa y el rey Ladislao de Nápoles- temían que Benedicto XIII aprovechara la reunión para capturarle. Por su parte, Benedicto dio muestras de no querer renunciar efectivamente a sus pretensiones.1

Gregorio XII también comenzó a vacilar. La falta de confianza entre las dos obediencias, las presiones políticas y el temor a perder la propia posición hicieron fracasar la llamada vía de la convención, basada en el acuerdo directo entre los dos pontífices.

El Concilio de Pisa y el tercer pontífice

En 1408, varios cardenales de las obediencias romana y aviñonesa abandonaron a sus respectivos pontífices. Convocaron un concilio en Pisa para poner fin al cisma y elegir un nuevo papa si Gregorio XII y Benedicto XIII no aceptaban renunciar. Ninguno de los dos acudió al concilio.1

El Concilio de Pisa depuso a ambos pontífices el 5 de junio de 1409 y eligió a Pedro Filargo, que adoptó el nombre de Alejandro V, el 26 de junio. La iniciativa no resolvió la división: añadió una tercera obediencia a las dos anteriores. Desde entonces, buena parte de la cristiandad occidental tuvo que discernir entre la obediencia romana de Gregorio XII, la obediencia aviñonesa de Benedicto XIII y la obediencia pisana de Alejandro V, sucedido después por Juan XXIII.2,1

Gregorio XII no reconoció la validez del procedimiento de Pisa. En respuesta, convocó un concilio en Cividale del Friuli, cerca de Aquilea, para el 6 de junio de 1409. Aquella iniciativa tampoco consiguió restablecer la unidad.1

El camino hacia el Concilio de Constanza

La elección de Juan XXIII, sucesor de Alejandro V, agravó la crisis. En 1414 coexistían tres obediencias: algunos cristianos obedecían a Gregorio XII, otros a Benedicto XIII y otros a Juan XXIII. El emperador Segismundo promovió la convocatoria del Concilio de Constanza, inaugurado el 5 de noviembre de 1414. El concilio recibió un triple encargo: poner fin al cisma, afrontar diversas controversias doctrinales y promover la reforma de la Iglesia.2

La situación jurídica y eclesiológica del concilio resultaba extraordinaria. Juan XXIII lo había convocado formalmente, pero su posterior huida obligó a los participantes a buscar una base que permitiera la continuidad de la asamblea. La crisis exigía una solución excepcional, porque la Iglesia latina carecía de un reconocimiento pacífico y universal de la persona que ocupaba legítimamente la sede de Roma.5,6

La renuncia de Gregorio XII

Convocatoria formal del concilio

Gregorio XII fue considerado por la historiografía católica como el titular con mejor fundamento jurídico entre los tres pretendientes. Sin embargo, en 1415 su obediencia había quedado reducida a un territorio limitado, especialmente a Rimini y a algunas diócesis alemanas.7

Para favorecer una solución aceptable y preservar la legitimidad romana del proceso, Gregorio XII autorizó que el Concilio de Constanza continuara formalmente bajo su convocatoria. El cardenal Juan Dominici de Ragusa, representante pontificio, convocó de nuevo el concilio en nombre de Gregorio. De este modo, el papa no aceptó simplemente que una asamblea independiente juzgara la primacía romana, sino que empleó su autoridad para facilitar una resolución excepcional del cisma.7

La abdicación de 1415

En la decimocuarta sesión, celebrada el 4 de julio de 1415, Carlo Malatesta, señor de Rimini y representante de Gregorio XII, pronunció la renuncia del papa a cualquier derecho sobre el pontificado. La renuncia tuvo lugar bajo condiciones destinadas a proteger la dignidad de la sede romana: el concilio debía quedar formalmente reconvocado por Gregorio XII y ningún representante de Juan XXIII debía presidir la sesión que aceptara la abdicación.7

Gregorio confirmó estos actos en la decimoséptima sesión, el 14 de julio de 1415. El concilio le reconoció entonces como cardenal-obispo de Porto, decano del Colegio Cardenalicio y legado perpetuo de Ancona. Su pontificado terminó, por tanto, con una renuncia voluntaria, no con una deposición.7

La distinción resulta esencial. El concilio depuso a Juan XXIII y más tarde a Benedicto XIII, mientras que Gregorio XII renunció por propia voluntad para facilitar la elección de un pontífice aceptado por toda la Iglesia latina.2,7

El conciliarismo y la primacía del papa

Definición del conciliarismo

El conciliarismo fue una corriente eclesiológica que atribuyó al concilio general una autoridad superior a la del papa en determinadas circunstancias, especialmente durante una crisis de legitimidad pontificia. En Constanza, el decreto Haec sancta, aprobado en 1415, sostuvo que la autoridad suprema de la Iglesia correspondía al concilio general entendido como representación de la comunidad eclesial y de las fuerzas políticas cristianas.8

La doctrina conciliarista no constituyó simplemente una técnica administrativa para resolver el cisma. Algunos de sus defensores pretendían establecer un sistema permanente de gobierno eclesial en el que un concilio se reuniera periódicamente y limitara de forma estable la autoridad del papa. Esta propuesta ponía en cuestión la función propia del primado romano y podía subordinar la libertad de la Iglesia a modelos corporativos derivados del derecho civil.8

La solución extraordinaria de Constanza

La Iglesia católica distingue entre la necesidad histórica de recurrir a un concilio en una emergencia y la aceptación del conciliarismo como principio permanente de gobierno. El Concilio de Constanza resolvió una situación excepcional en la que tres personas reclamaban simultáneamente el título pontificio. La Comisión Teológica Internacional describe aquella solución como la aplicación de recursos jurídicos de emergencia presentes en la reflexión canónica medieval.6

La renuncia de Gregorio XII permite comprender esta distinción. El papa de la obediencia romana reconvocó formalmente el concilio y autorizó sus actos decisivos para la unidad. Desde esta perspectiva, la solución no pretendía abolir la primacía petrina, sino superar una crisis concreta mediante la cooperación entre el pontífice reconocido por la obediencia romana, el colegio cardenalicio, el concilio y las autoridades cristianas.

La evolución posterior de la doctrina católica juzgó que la pretensión de colocar permanentemente un concilio por encima del papa no concordaba con la Tradición. La sinodalidad legítima necesita mantenerse vinculada a la autoridad primacial del pontífice romano, que garantiza la unidad de la Iglesia.6

La elección de Martín V

La renuncia de Gregorio XII no produjo inmediatamente la elección de Martín V. Después de la abdicación del papa romano, el concilio todavía tuvo que resolver la cuestión de las otras dos obediencias. Juan XXIII fue depuesto y Benedicto XIII rechazó renunciar. El concilio depuso finalmente a Benedicto XIII el 27 de julio de 1417, aunque este continuó defendiendo su pretensión desde Peñíscola.3

Una vez debilitadas las obediencias rivales, el concilio eligió a Otón Colonna como papa el 11 de noviembre de 1417. El nuevo pontífice adoptó el nombre de Martín V y recibió el reconocimiento general de la Iglesia latina. Su elección restableció la unidad pontificia después de casi cuatro décadas de cisma.2,9

La cronología evita una confusión frecuente: Gregorio XII renunció el 4 de julio de 1415, mientras que Martín V fue elegido más de dos años después, el 11 de noviembre de 1417. Gregorio no fue, por tanto, el predecesor inmediato de Martín V en el sentido ordinario de una sucesión pontificia normal; su renuncia abrió el camino jurídico y eclesial que permitió al Concilio de Constanza completar la reunificación y elegir un nuevo papa.

Últimos años y muerte

Después de su renuncia, Gregorio XII conservó una posición honorífica de gran dignidad dentro de la Iglesia. El concilio le reconoció como cardenal-obispo de Porto, decano del Colegio Cardenalicio y legado perpetuo de Ancona. Murió en Recanati el 18 de octubre de 1417, pocas semanas antes de la elección de Martín V.1,7

Su muerte tuvo lugar, por tanto, durante la fase final del Concilio de Constanza, pero antes de que la elección de Martín V culminara la restauración de la unidad pontificia.

Valoración histórica

Gregorio XII ocupa un lugar singular en la historia del papado. Su pontificado comenzó con la intención de poner fin al Cisma de Occidente mediante un acuerdo con Benedicto XIII, pero las negociaciones fracasaron por la desconfianza mutua, las presiones políticas y la resistencia de los partidarios de ambas obediencias.

El Concilio de Pisa, al deponer a los dos pontífices y elegir a Alejandro V, agravó la crisis al crear una tercera obediencia. Constanza logró finalmente la unidad mediante una combinación de decisiones conciliares y renuncias pontificias. En ese proceso, la abdicación voluntaria de Gregorio XII ofreció una salida jurídicamente y eclesialmente significativa: el pontífice de la obediencia romana renunció para favorecer la elección de un papa universalmente reconocido.

La memoria histórica de Gregorio XII queda vinculada, sobre todo, a su decisión final. Sus vacilaciones anteriores dificultaron la solución del cisma, pero su renuncia permitió desbloquear el proceso que condujo a Martín V. Por ello, la historiografía católica suele valorar su último acto como un servicio decisivo a la unidad de la Iglesia.

Citas y referencias

  1. Papa Gregorio XII. Enciclopedia Católica, Papa Gregorio XII (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  2. Introducción 1, Documento del Concilio. Concilio de Constanza (1414-1418 d.C.), 1 (1414). 2 3 4 5
  3. Pedro de Luna. Enciclopedia Católica, Pedro de Luna (1913). 2
  4. Unión del cristianismo. Enciclopedia Católica, Unión del cristianismo (1913).
  5. Scripta Theologica. Reseñas, 47 (1982).
  6. Capítulo 1 - Sinodalidad en la Escritura, en la tradición y en la historia - 1.3 el desarrollo del procedimiento sinodal en el segundo milenio, Comisión Teológica Internacional. Sinodalidad en la vida y misión de la Iglesia, 34 (2018). 2 3
  7. Concilio de Constanza. Enciclopedia Católica, Concilio de Constanza (1913). 2 3 4 5 6
  8. B1. Desde 1054 al Concilio de Florencia (1438-1439), Dicasterio para la Promoción de la Unidad Cristiana. Sinodalidad y Primacía en el Segundo Milenio y Hoy, 1.15 (2023). 2
  9. Cisma de Occidente. Enciclopedia Católica, Cisma de Occidente (1913).
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