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Papa Honorio I

Honorio I fue papa entre los años 625 y 638. Su pontificado quedó ligado a la controversia monotelita y, sobre todo, a la condena que recibió después de su muerte durante el III Concilio de Constantinopla. Su caso ocupa un lugar singular en la historia de la teología católica porque exige distinguir entre una respuesta pontificia de carácter pastoral, una enseñanza personal insuficientemente precisa y una definición dogmática ex cathedra.

Pope Honorius I - Apse mosaic - SantAgnese fuori le mura - Rome 2016
Ver información de la imagenSant'Agnese fuera de los muros - Roma, c. 2016. Original, José Luiz, CC BY-SA 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Honorio I
CategoríaPersona
DescripciónCondemnadо por el III Concilio de Constantinopla (680-681) por apoyar implícitamente el monotelismo
ContextoTensiones teológicas y políticas en el Imperio romano de Oriente, polémica monotelita
Fin del Pontificado638
ImportanciaEjemplo histórico en la discusión sobre la infalibilidad papal
Inicio del Pontificado625
LugarRoma
TipoPapa

Tabla de contenido

Pontificado

Honorio I ocupó la sede de Roma en un periodo de profundas tensiones teológicas y políticas dentro del Imperio romano de Oriente. La controversia cristológica heredada de los siglos anteriores intentaba explicar adecuadamente la relación entre la divinidad y la humanidad de Jesucristo.

En ese contexto, algunos teólogos y obispos defendieron que Cristo poseía una sola voluntad y una sola operación. Esta doctrina recibió el nombre de monotelismo, de monos-«uno»- y thelēma-«voluntad»-. La posición acabaría siendo rechazada por la Iglesia porque comprometía la plena humanidad de Cristo.

Honorio intervino principalmente mediante cartas dirigidas a Sergio, patriarca de Constantinopla. En ellas trató de frenar la disputa y recomendó evitar las expresiones «una operación» y «dos operaciones», por considerar que podían provocar nuevas divisiones. La controversia posterior mostró que aquella estrategia conciliadora resultaba doctrinalmente peligrosa.

La controversia monotelita

La cuestión cristológica

La fe católica enseña que Jesucristo es una sola persona, el Hijo eterno de Dios, con dos naturalezas completas: divina y humana. La naturaleza humana de Cristo incluye una voluntad humana verdadera, al igual que la naturaleza divina incluye la voluntad divina.

Por tanto, Cristo posee dos voluntades naturales y dos operaciones naturales. Ambas actúan conjuntamente, sin oposición ni división, porque pertenecen a la única persona del Verbo encarnado. Esta fue la doctrina definida por el III Concilio de Constantinopla, que confesó en Cristo «dos voluntades naturales y dos operaciones naturales» que proceden conjuntamente y sin división.1

Diferencia entre voluntad y operación

La distinción terminológica resulta esencial:

  • Voluntad (thelēma): facultad o principio por el que un ser quiere y tiende hacia un bien.
  • Operación (energeia): actividad o acto que procede de una naturaleza.

En Cristo, la existencia de dos naturalezas exige dos voluntades naturales y dos operaciones naturales. La voluntad humana de Jesús no se opone pecaminosamente a la voluntad divina; permanece siempre libre de pecado y plenamente unida a ella. Sin embargo, la ausencia de oposición no elimina la diferencia real entre ambas voluntades.

El monotelismo confundía la unidad personal de Cristo con una supuesta unidad de voluntad. La Iglesia rechazó esta conclusión porque, si Cristo careciera de voluntad humana, tampoco habría asumido plenamente la humanidad. El III Concilio de Constantinopla vinculó expresamente la defensa de una sola voluntad y una sola operación con la negación de la perfección de la encarnación.2

Las cartas de Honorio a Sergio

Honorio escribió a Sergio en respuesta a la controversia suscitada por las posiciones de Ciro de Alejandría y Sofronio de Jerusalén. En lugar de resolver la cuestión mediante una exposición precisa de la doctrina cristológica, aconsejó abandonar las fórmulas «una operación» y «dos operaciones».

La primera carta contenía la expresión «una voluntad de nuestro Señor Jesucristo». Esa frase podía interpretarse de manera ortodoxa si pretendía afirmar que Cristo no tenía una voluntad humana rebelde o pecaminosa. Sin embargo, dentro del contexto de la controversia, la formulación resultaba ambigua y favorecía la interpretación monotelita. Una defensa posterior sostuvo que Honorio quería negar solo una supuesta voluntad carnal opuesta a la voluntad superior, no la existencia de una verdadera voluntad humana en Cristo.3

En otra carta, Honorio recomendó sustituir la discusión sobre una o dos operaciones por la confesión de que el único Cristo actúa según ambas naturalezas. Esta formulación podía expresar correctamente la unidad personal del Salvador, pero su rechazo de la expresión «dos operaciones» dejaba sin protección explícita la doctrina de la plena humanidad de Cristo.4

La dificultad no consistía solo en una palabra aislada. Honorio aceptó el planteamiento de Sergio y no afirmó con la claridad necesaria la doctrina que posteriormente defendería el Concilio: dos voluntades naturales y dos operaciones naturales en Cristo.

La expansión del monotelismo

Después de la intervención de Honorio, Sergio promovió una fórmula conocida como Ecthesis, promulgada por el emperador Heraclio. El documento afirmaba una sola voluntad en Cristo y prohibía hablar de una o dos operaciones. La Ecthesis no fue una simple recomendación privada, sino una profesión doctrinal con pretensión de regular la fe eclesial. Honorio ya había muerto cuando apareció, y los papas sucesores la rechazaron.3

El papa Juan IV defendió la intención ortodoxa de Honorio y explicó que no había querido enseñar que Cristo careciera de voluntad humana. También san Máximo el Confesor defendió una interpretación favorable de sus palabras. Sin embargo, la defensa resultaba más difícil respecto de la prohibición de hablar de «dos operaciones», pues esa expresión acabaría formando parte de la doctrina ortodoxa contra el monotelismo.3

El III Concilio de Constantinopla

Definición de la doctrina católica

El III Concilio de Constantinopla, celebrado entre los años 680 y 681, condenó el monotelismo y definió la doctrina de las dos voluntades y las dos operaciones naturales de Cristo. El Concilio recibió como ortodoxa la enseñanza del papa Agatón, que rechazaba a quienes defendían una sola voluntad y una sola operación.2

La definición conciliar afirmó que la voluntad humana de Cristo sigue a la voluntad divina sin resistencia ni oposición. De este modo, el Concilio preservó simultáneamente dos verdades:

  1. Cristo posee una humanidad completa, incluida una voluntad humana.
  2. Cristo es una única persona divina, por lo que sus dos voluntades actúan en perfecta armonía.

Condena de Honorio

El Concilio examinó las cartas de Sergio y de Honorio. Los padres conciliares declararon que aquellas cartas resultaban ajenas a los dogmas apostólicos y seguían las enseñanzas de los herejes. Por ello condenaron a Sergio, Ciro, Pirro, Pablo, Pedro y también a Honorio, a quien acusaron de haber seguido y confirmado las doctrinas impías de Sergio.5

La documentación conciliar presenta, por tanto, una condena explícita de Honorio. La fórmula de condena no se limita a reprocharle una falta de prudencia política: lo incluye entre quienes apoyaron la doctrina monotelita. El documento conciliar también contrapone su posición a la de Sofronio de Jerusalén, cuya enseñanza recibió como conforme con la fe verdadera y la tradición apostólica.5

¿Fue Honorio un papa hereje?

La interpretación histórica y teológica de su caso ha sido objeto de debate. Algunos autores entendieron que Honorio enseñó personalmente el monotelismo. Otros distinguieron entre la intención ortodoxa que pudo tener y la insuficiencia objetiva de sus expresiones.

Una interpretación tradicional católica sostiene que Honorio no quiso negar la voluntad humana de Cristo, sino excluir una voluntad humana pecaminosa o rebelde. Desde este punto de vista, sus cartas no contienen una definición formal del monotelismo, aunque emplean expresiones desafortunadas y omiten una afirmación clara de la doctrina católica.4

Otra interpretación concede mayor peso a la literalidad y al contexto de sus cartas. Según esta lectura, Honorio aprobó una política doctrinal errónea al prohibir la expresión «dos operaciones» y al hablar de una sola voluntad. Aunque quizá no pretendiera formular una herejía plenamente consciente, su intervención contribuyó a la expansión del error y justificó una censura eclesial grave.3

La condena conciliar no permite presentar a Honorio como un defensor de la definición dogmática posterior. Su actuación fue, como mínimo, doctrinalmente negligente y pastoralmente ineficaz. El sucesor de Honorio, León II, confirmó la condena, pero la explicó principalmente como una falta de vigilancia en el ejercicio del ministerio apostólico y como una tolerancia que permitió la expansión de la herejía.6

Honorio I y la infalibilidad papal

La definición ex cathedra

La infalibilidad papal no significa que un papa sea impecable, que posea una competencia teológica ilimitada o que todas sus opiniones, cartas y decisiones prudenciales estén libres de error. La doctrina se refiere a las definiciones solemnes sobre la fe y la moral que el papa propone como pastor y maestro supremo para que toda la Iglesia las mantenga.

Las cartas de Honorio a Sergio no presentan las características de una definición ex cathedra. No establecen una doctrina para toda la Iglesia mediante una fórmula definitiva ni pretenden cerrar solemnemente la cuestión cristológica. Su objetivo inmediato consistía en contener una disputa y evitar la división. La valoración teológica católica tradicional ha insistido en que aquellas cartas no constituyeron una definición dogmática universal.6

Por tanto, el caso de Honorio no demuestra que una definición papal ex cathedra pueda contener error. Muestra, más bien, que un papa puede actuar con imprudencia, expresarse de manera ambigua o no cumplir adecuadamente su deber de custodiar y exponer la fe, sin que cada actuación pontificia adquiera el carácter de una definición infalible.

Error personal y autoridad doctrinal

La distinción puede resumirse así:

  • Error personal o negligencia: una carta privada, una opinión teológica, una intervención pastoral desafortunada o una falta de vigilancia pueden contener deficiencias.
  • Definición ex cathedra: una enseñanza solemne y vinculante sobre fe o moral, dirigida a toda la Iglesia en el ejercicio supremo del oficio pontificio.

Honorio no ejerció la infalibilidad pontificia en sus cartas a Sergio. La dificultad histórica consiste en determinar hasta qué punto sus expresiones fueron materialmente heréticas, hasta qué punto reflejaron una intención ortodoxa y cuál fue exactamente el fundamento de la condena conciliar.

Recepción posterior de la condena

La tradición medieval y moderna

La condena de Honorio fue conocida por teólogos católicos y por autores contrarios a las prerrogativas doctrinales del papa. Algunos la utilizaron como argumento para afirmar que un pontífice podía caer en herejía incluso al ejercer públicamente su cargo.

Otros teólogos católicos defendieron a Honorio mediante varias explicaciones: algunos pusieron en duda la integridad de las actas conciliares; otros sostuvieron que el Concilio había interpretado mal sus cartas; y otros admitieron una condena válida por negligencia, pero no por una definición doctrinal formal. Roberto Belarmino recogió estas posiciones y defendió que las cartas podían entenderse en sentido ortodoxo, aunque reconoció la fuerza histórica de los argumentos contrarios.7

Belarmino también consideró posible que un concilio general errase en una cuestión histórica o factual sin errar al definir un dogma. Según esta interpretación, los padres conciliares podían haber juzgado equivocadamente el sentido de las cartas de Honorio, aun manteniendo intacta la autoridad del Concilio en la definición de la doctrina sobre Cristo.8

El contexto del Concilio Vaticano I

Durante la preparación y recepción de la doctrina sobre la infalibilidad papal, el caso de Honorio volvió a ocupar un lugar central. Los adversarios de la definición vaticana lo presentaron como prueba de que un papa había enseñado una herejía y había sido condenado por un concilio ecuménico.

La respuesta católica distinguió entre la persona del pontífice y el ejercicio infalible de su oficio. La condena de Honorio no afectó a una definición solemne dirigida a toda la Iglesia, sino a cartas que no pretendían definir la fe. Además, la explicación de León II puso el acento en la falta de vigilancia y en la permisividad ante el error, no necesariamente en una definición papal formal de la herejía.6

La recepción teológica posterior también observó que el propio III Concilio de Constantinopla elogió la enseñanza del papa Agatón como expresión de la fe apostólica. El Concilio podía, por tanto, condenar a Honorio por su actuación concreta y recibir al mismo tiempo otra enseñanza pontificia como conforme con la tradición de Pedro.2

La controversia ayudó a precisar una cuestión fundamental: la infalibilidad pertenece a determinados actos doctrinales del papa, no a toda palabra, decisión o intervención de un pontífice. El caso de Honorio constituye precisamente uno de los ejemplos históricos utilizados para establecer esa diferencia.

Valoración histórica

Honorio I no puede describirse de forma equilibrada ni como un simple defensor plenamente consciente del monotelismo ni como un maestro impecable injustamente condenado. Sus cartas muestran una voluntad de pacificación, pero también una grave falta de precisión doctrinal. Al aceptar el marco propuesto por Sergio y recomendar el abandono de la expresión «dos operaciones», Honorio debilitó la defensa de la fe cristológica.

La condena del III Concilio de Constantinopla forma parte de la recepción oficial de la controversia monotelita. Al mismo tiempo, la interpretación exacta de la responsabilidad personal de Honorio continúa dependiendo de la valoración de sus palabras, de su intención y del alcance que se atribuya a la condena conciliar.

La enseñanza católica posterior mantiene dos afirmaciones conjuntamente:

  1. Honorio actuó de manera deficiente al no defender con claridad la doctrina apostólica sobre las dos voluntades y las dos operaciones de Cristo.
  2. Sus cartas no constituyeron una definición papal ex cathedra y, por tanto, su caso no refuta la infalibilidad pontificia en las condiciones propias de ese carisma.

Legado

El pontificado de Honorio I quedó marcado por una intervención doctrinal que pretendía apagar una disputa, pero que terminó favoreciendo una fórmula ambigua. Su caso demuestra el riesgo de sustituir la precisión teológica por compromisos terminológicos cuando está en juego la confesión de la plena humanidad de Jesucristo.

La doctrina definida posteriormente por la Iglesia afirma que el único Cristo posee dos voluntades naturales y dos operaciones naturales, plenamente concordes y unidas en la única persona del Verbo. La condena de Honorio, interpretada a la luz de esta doctrina y de la distinción entre enseñanza privada y definición ex cathedra, constituye uno de los episodios más complejos de la historia del papado y de la teología católica.

Citas y referencias

  1. III Concilio de Constantinopla (d.C. 680-681) - El prosphoneticus al emperador, Documento conciliar. III Concilio de Constantinopla (d.C. 680-681), El Prosphoneticus al Emperador (680).
  2. III Concilio de Constantinopla (d.C. 680-681) - La definición de la fe, Documento conciliar. III Concilio de Constantinopla (d.C. 680-681), La Definición de la Fe (680). 2 3
  3. Monotelismo y monotelitas. Enciclopedia Católica, Monotelismo y Monotelitas (1913). 2 3 4
  4. Robert Bellarmine. Controversias de la fe cristiana (Disputationes de Controversiis), 994 (1586). 2
  5. III Concilio de Constantinopla (d.C. 680-681) - Sesión XIII - La sentencia contra los monotelitas, Documento conciliar. III Concilio de Constantinopla (d.C. 680-681), Sesión XIII - La Sentencia contra los Monotelitas (680). 2
  6. Infalibilidad. Enciclopedia Católica, Infalibilidad (1913). 2 3
  7. Capítulo XI, Robert Bellarmine. Controversias de la fe cristiana (Disputationes de Controversiis), 993 (1586).
  8. Robert Bellarmine. Controversias de la fe cristiana (Disputationes de Controversiis), 999 (1586).
Modificado el 9 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.19 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/2hf3kzcng

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