Desde el inicio de su pontificado, Hormisdas dedicó especial atención a los asuntos de la Iglesia Griega, particularmente al Cisma Acaciano, que había surgido a raíz del Henotikon del Emperador Zenón y había provocado la separación entre las Iglesias Griega y Romana,. Este cisma se originó por desacuerdos sobre la naturaleza de Cristo y la autoridad eclesial.
Negociaciones con el Emperador Anastasio I
El Emperador Anastasio I (491-518), sucesor de Zenón, mantuvo el Henotikon y se inclinó cada vez más hacia el Monofisismo, persiguiendo a los obispos que se negaban a repudiar el Concilio de Calcedonia. En medio de esta confusión, varios obispos orientales apelaron a Roma durante el pontificado de Símaco para fortalecer sus posiciones y frenar el avance del Monofisismo.
Vitalian, un comandante del ejército de Mesia Inferior, lideró una revuelta contra Anastasio, exigiendo el reconocimiento del Concilio de Calcedonia y el restablecimiento de la unidad con Roma. Anastasio se vio obligado a negociar y prometió convocar un sínodo en Heraclea e invitar al Papa a asistir. En consecuencia, Anastasio escribió a Hormisdas el 28 de diciembre de 514, invitándole al sínodo que se celebraría el 1 de julio siguiente.
Hormisdas llevó a cabo las negociaciones con cautela, convocó un sínodo en Roma y envió una embajada a Constantinopla con instrucciones detalladas y una fórmula de confesión de fe para que los obispos orientales la firmaran. Sin embargo, esta primera embajada no tuvo éxito, ya que Anastasio dio a los enviados una carta evasiva. Una segunda embajada papal también fracasó, e incluso el emperador intentó sobornar a los legados. Anastasio escribió una carta insolente a Hormisdas el 11 de julio de 517, rompiendo las negociaciones y continuando la persecución de los defensores de la unión con Roma.
La Fórmula de Hormisdas y la reunificación
La situación cambió drásticamente con la muerte repentina del Emperador Anastasio el 9 de julio de 518. Su sucesor, Justino I (518-527), era un cristiano ortodoxo y buscó de inmediato la reunificación con Roma,,. Juan II, el Patriarca de Constantinopla (518-520), también estaba dispuesto a sanar el cisma.
El pueblo de Constantinopla insistió en que el nuevo Patriarca Juan anatematizara la herejía monofisita, reconociera la definición de Calcedonia y reuniera la Iglesia Griega con Roma. Un sínodo celebrado en Constantinopla respaldó estas opiniones. Hormisdas nombró una nueva embajada con las mismas instrucciones y la misma confesión de fe que se habían dado a los legados anteriores.
La embajada fue recibida con gran esplendor en Constantinopla. Todas las demandas del pontífice fueron concedidas: el nombre del condenado Patriarca Acacio, así como los nombres de los Emperadores Anastasio y Zenón, fueron eliminados de los dípticos de la iglesia,. El Patriarca Juan aceptó la Fórmula de Hormisdas,.
El Jueves Santo, 28 de marzo de 519, la reunificación de la Iglesia Griega con Roma fue ratificada solemnemente en la catedral de Constantinopla. La mayoría de los obispos orientales y griegos aprobaron y firmaron la Fórmula de Hormisdas. En Antioquía, se eligió un patriarca ortodoxo para reemplazar al herético Severo.
Contenido de la Fórmula de Hormisdas
La Fórmula de Hormisdas es una confesión de fe que el Papa envió a Constantinopla para ser firmada por todos los obispos que se reunieran con la Iglesia Latina. Comienza con las palabras: «Prima salus est, regulam rectae fidei custodire et a constitutis Patrum nullatenus deviare. Et quia non potest Domini Nostri Jesu Christi praetermitti sententia dicentis: Tu es Petrus et super hanc petram aedificabo ecclesiam meam…. Haec quae dicta sunt rerum probantur effectibus, quia in sede apostolica immaculata est semper Catholica conservata religio».
Traducido, esto significa: «La primera condición para la salvación es guardar la regla de la fe recta y no desviarse en modo alguno de las cosas que han sido establecidas por los Padres. Y porque la sentencia de Nuestro Señor Jesucristo que dice: 'Tú eres Pedro; y sobre esta roca edificaré mi Iglesia' [Mateo 16:18], no puede ser ignorada; estas cosas que fueron dichas son demostradas por los resultados, pues la religión católica ha sido siempre preservada inmaculada en la Sede Apostólica».
A continuación, la fórmula condena a Nestorio y a otros heresiarcos, así como a Acacio. Este documento fue mencionado repetidamente en el Concilio Vaticano I y significó el reconocimiento explícito de la primacía de Roma en materia de fe,.