El breve reinado de Inocencio VII estuvo marcado por numerosos desafíos que obstaculizaron sus esfuerzos por unificar la Iglesia y restaurar la autoridad papal,.
Disturbios en Roma y el Rey Ladislao de Nápoles
Una de las principales dificultades fue la inestabilidad política en Roma. Los elementos revolucionarios de la ciudad se levantaron contra la autoridad temporal del papa. El rey Ladislao de Nápoles intervino, ofreciendo ayuda para sofocar la insurrección. A cambio de sus servicios, Ladislao extorsionó varias concesiones de Inocencio VII, incluyendo la promesa de que el papa no llegaría a ningún acuerdo con el antipapa rival sin estipular que los derechos del rey sobre Nápoles permanecerían intactos.
Sin embargo, Ladislao no se contentó con estas concesiones y buscó extender su dominio sobre Roma y el territorio eclesiástico. En 1405, apoyó a la facción gibelina en Roma en sus intentos revolucionarios, lo que exacerbó la ya tensa situación.
Nepotismo y sus consecuencias
Un grave error en el pontificado de Inocencio VII fue la elevación de su sobrino, Ludovico Migliorati, al cardenalato, un acto de nepotismo que empañó su reputación. Ludovico, enfurecido por la rebelión de los romanos contra su tío, emboscó y asesinó a varios de los ciudadanos más influyentes que regresaban de una conferencia con el papa. Este acto cruel indignó a la población, obligando a Inocencio VII a huir de Roma para salvar su vida, a pesar de no ser directamente responsable del crimen de su sobrino. Se refugió en Viterbo hasta que los romanos le pidieron que regresara en 1406.
A su regreso, los romanos reconocieron nuevamente su autoridad, pero un destacamento de tropas del rey Ladislao de Nápoles continuó ocupando el Castillo de Sant' Angelo, realizando frecuentes incursiones en Roma y sus alrededores. Solo después de que Ladislao fuera excomulgado, cedió a las demandas del papa y retiró sus tropas.
Obstáculos para la supresión del Cisma
En medio de estas constantes turbulencias políticas, Inocencio VII no pudo dedicar la atención necesaria a la cuestión más apremiante de la Iglesia: la supresión del Cisma. Su rival, Benedicto XIII, aprovechó esta situación para proyectar la imagen de que el único obstáculo para la terminación del cisma era la falta de voluntad de Inocencio VII.
Las razones principales por las que Inocencio VII hizo poco para poner fin al cisma fueron:
El estado de agitación en Roma.
Su desconfianza en la sinceridad de Benedicto XIII.
La actitud hostil del rey Ladislao de Nápoles.