Roma y la autoridad temporal del papa
La situación romana constituía el principal obstáculo para el gobierno de Inocencio VII. Una parte de la población se rebeló contra la autoridad temporal del papa, y el rey Ladislao de Nápoles acudió a Roma para ayudar a sofocar la insurrección. A cambio de su apoyo, el monarca obtuvo importantes concesiones, entre ellas la promesa de que ningún acuerdo con el papa rival perjudicaría sus derechos sobre el reino de Nápoles.
Ladislao no pretendía limitarse a proteger al papa. Aspiraba a extender su dominio sobre Roma y sobre los territorios sometidos a la autoridad pontificia. En 1405 apoyó a la facción gibelina y fomentó nuevas tentativas revolucionarias dentro de la ciudad. La ayuda militar del rey permitió a Inocencio VII conservar temporalmente el control, pero también redujo su libertad diplomática y política.
Conviene distinguir dos dimensiones de la autoridad pontificia:
- La autoridad temporal comprendía el gobierno de Roma y de los territorios pontificios, la administración de recursos, la defensa militar y la negociación con príncipes italianos.
- La autoridad espiritual universal se refería al ministerio del papa como cabeza visible de la Iglesia latina, a su función doctrinal, judicial y pastoral, y a su responsabilidad respecto de la unidad de la Iglesia.
Las dificultades de Inocencio VII afectaron especialmente a su autoridad temporal. La rebelión romana, la intervención de Ladislao y la ocupación militar del castillo de Sant’Angelo no demostraban por sí mismas la inexistencia de su autoridad espiritual. Sin embargo, la debilidad del gobierno territorial impedía al pontífice actuar con libertad en la cuestión decisiva del cisma.
La tradición medieval distinguía, aunque no siempre de manera uniforme, entre la jurisdicción civil de los gobernantes y la misión espiritual de la Iglesia. Incluso en la doctrina medieval sobre la intervención pontificia en asuntos temporales, la actuación papal se justificaba principalmente cuando estaban en juego la fe, la moral o la salvación de las almas, no como una sustitución ordinaria de la autoridad civil.,
El nepotismo y la violencia de 1405
Uno de los errores más graves de Inocencio VII consistió en elevar al cardenalato a su sobrino Ludovico Migliorati, persona que no estuvo a la altura de la responsabilidad recibida. La decisión constituye el principal reproche moral y político dirigido contra el pontífice.
En 1405, Ludovico Migliorati y sus seguidores atacaron a varios ciudadanos romanos influyentes cuando regresaban de una entrevista con el papa. Los condujeron a su residencia y allí los asesinaron. La noticia provocó una reacción popular violenta. Aunque Inocencio VII no había ordenado el crimen, la responsabilidad política recayó sobre su gobierno por la posición que ocupaba el cardenal y por la incapacidad de controlar a sus colaboradores.
La población se levantó contra el pontífice y este tuvo que abandonar Roma. Inocencio VII se refugió en Viterbo, mientras la crisis política debilitaba aún más la obediencia romana. El episodio muestra la diferencia entre la responsabilidad personal del papa y la responsabilidad institucional de un gobierno: el pontífice no fue autor directo de los asesinatos, pero el nombramiento de su sobrino y la protección concedida a su entorno dañaron gravemente la credibilidad de la Santa Sede.
Retorno a Roma y conflicto con Ladislao
Los romanos pidieron el regreso de Inocencio VII en 1406 y reconocieron de nuevo su autoridad. Sin embargo, la normalización resultó incompleta. Las tropas enviadas por Ladislao para ayudar a los Colonna permanecieron en el castillo de Sant’Angelo y realizaron incursiones contra Roma y los territorios vecinos.
El papa excomulgó a Ladislao. Solo después de esta medida el rey aceptó retirar sus tropas y ceder ante las exigencias pontificias. El episodio revela la fragilidad de la posición de Inocencio VII: necesitaba la ayuda militar del monarca napolitano para conservar el poder, pero al mismo tiempo debía frenar sus aspiraciones territoriales para proteger la independencia de los Estados Pontificios.