La enciclopedia católica en español

Papa Juan IV

El papa Juan IV fue obispo de Roma entre los años 640 y 642, durante una etapa marcada por la crisis monotelita, la presión del Imperio bizantino y las incursiones eslavas en las provincias occidentales de los Balcanes. Natural de Dalmacia, defendió la doctrina de las dos voluntades de Cristo, protegió a los cautivos de Dalmacia e Istria y promovió la continuidad de la tradición católica en materia pascual y de gracia.

Murner History Cod Karlsruhe 3117 (crop)
Ver información de la imagenPapa Juan IV, página de: Thomas Murner: Historia del mundo adquirido de Marco Antonio Sabellico, Schlettstadt 1534/1535, autógrafo de Murner con probablemente ilustración propia, Biblioteca Estatal de Baden, Cod. Karlsruhe 3117, c. 1534. Esta imagen ha sido extraída de otro archivo, Thomas Murner, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Juan IV
CategoríaPersona
Nombre CompletoJuan
TítuloPapa
Lugar de NacimientoDalmacia
Fecha de Muerte642-10-12
Fin del Pontificado12 de octubre de 642
Inicio del Pontificado640
Lugar de SepulturaBasílica de San Pedro, Roma
TipoPapa

Tabla de contenido

Identidad y pontificado

Juan IV, cuyo nombre de nacimiento fue Juan, nació en Dalmacia, territorio integrado entonces en el ámbito político y cultural del Imperio romano de Oriente. Era hijo de Venancio, un scholasticus, es decir, un jurista o abogado vinculado a la administración eclesiástica. Antes de su elección ocupó el cargo de archidiácono de la Iglesia romana.1

Su pontificado comenzó en el año 640 y terminó con su muerte el 12 de octubre de 642. La rapidez con la que recibió la consagración después de su elección ha llevado a relacionar su acceso al pontificado con el sistema de confirmación imperial ejercido por los exarcas bizantinos establecidos en Rávena.1

La brevedad de su gobierno no impidió que Juan IV interviniera en cuestiones decisivas para la Iglesia: la definición de la fe cristológica, la relación con el emperador, la atención a las poblaciones devastadas por las invasiones y la disciplina litúrgica de las comunidades cristianas de las islas británicas.

Contexto histórico

El papado bajo la autoridad imperial bizantina

Durante el siglo VII, Roma formaba parte del Imperio romano de Oriente, aunque la autoridad imperial sobre Italia resultaba cada vez más frágil. El papa debía actuar dentro de una compleja relación con el emperador y con el exarca de Rávena, representante del poder bizantino en Italia.

La dependencia política no eliminaba la responsabilidad doctrinal del obispo de Roma. La controversia monotelita mostró precisamente la tensión entre la defensa de la fe recibida y las iniciativas imperiales destinadas a alcanzar una fórmula de compromiso con los adversarios del Concilio de Calcedonia.

El emperador Heraclio había promovido la Ecthesis, documento que favorecía la doctrina de una única voluntad en Cristo. Poco después de la elección de Juan IV, Heraclio abandonó públicamente aquella política, pero la controversia no desapareció. El nuevo papa sostuvo que la unidad de Cristo no podía entenderse como negación de su verdadera voluntad humana.

La crisis monotelita

El monotelismo enseñaba que Cristo poseía una sola voluntad. La Iglesia católica rechazó esta doctrina porque comprometía la plena realidad de la humanidad de Jesucristo. Si Cristo no hubiera tenido una voluntad humana auténtica, su humanidad habría quedado incompleta.

La doctrina católica afirma que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, con naturaleza divina y naturaleza humana. Por ello posee una voluntad divina y una voluntad humana, siempre perfectamente unidas en la única persona del Hijo. La voluntad humana de Cristo no se opone a la divina, sino que permanece libremente concorde con ella.

Juan IV asumió la defensa de esta doctrina poco después de su elección. Un sínodo romano condenó el monotelismo y reafirmó la tradición cristológica vinculada al Concilio de Calcedonia.

Defensa de la fe cristológica

La carta al emperador

Juan IV dirigió al emperador Constantino III una carta en defensa de su predecesor, el papa Honorio I. El documento aparece como una apología relacionada con la expresión «una voluntad» atribuida a Honorio en Cristo.2

Juan IV interpretó las palabras de Honorio en un sentido ortodoxo. Según su explicación, Honorio no quiso afirmar que Cristo careciera de voluntad humana, sino que en Jesucristo no existían dos voluntades enfrentadas o contradictorias. La intención de Honorio habría consistido en excluir toda división interior en Cristo, no en negar la realidad de su voluntad humana.1

Esta defensa debe entenderse dentro de la controversia de su tiempo. Juan IV intentó proteger la memoria de un papa anterior y, al mismo tiempo, mantener la interpretación católica de la unión perfecta entre la divinidad y la humanidad de Cristo.

Honorio I y el Tercer Concilio de Constantinopla

La defensa de Honorio por parte de Juan IV no coincide con el juicio posterior de la Iglesia sobre la actuación de aquel pontífice. El Tercer Concilio de Constantinopla, celebrado entre 680 y 681, condenó el monotelismo y condenó también a varios defensores de esa doctrina, entre ellos Honorio I.

La historia doctrinal distingue, por tanto, dos momentos:

  • Juan IV defendió la ortodoxia de la intención de Honorio, interpretando su lenguaje sobre «una voluntad» como una negación de voluntades enfrentadas en Cristo.
  • El Tercer Concilio de Constantinopla condenó posteriormente a Honorio, al juzgar que sus escritos y su actuación habían favorecido la difusión del monotelismo.

La defensa de Juan IV no anuló la posterior decisión conciliar. Ambos hechos pertenecen a fases distintas de la controversia: primero, la interpretación romana de las palabras de Honorio; después, el juicio solemne del concilio ecuménico sobre la responsabilidad doctrinal asociada a su actuación.

Atención a Dalmacia e Istria

Las incursiones eslavas

Las invasiones eslavas habían causado graves daños en Dalmacia e Istria, regiones con una antigua tradición romana y cristiana. Las poblaciones sufrieron destrucción, desplazamientos y cautiverios. La situación afectó especialmente a las comunidades cristianas de la costa adriática y a sus iglesias.

Juan IV respondió con medidas concretas de asistencia. Envió al abad Martín a Dalmacia e Istria con importantes cantidades de dinero destinadas a rescatar cautivos. Esta intervención constituye uno de los ejemplos más antiguos de acción pontificia organizada para redimir prisioneros en una zona devastada por incursiones militares.1

Traslado de reliquias a Roma

La destrucción había dejado muchas iglesias en condiciones que impedían su reconstrucción inmediata. Ante esta situación, Juan IV ordenó trasladar a Roma las reliquias de algunos santos dálmatas de especial importancia.

El papa levantó un oratorio para conservarlas y honrarlas. El edificio fue decorado con mosaicos, entre ellos una representación del propio Juan IV sosteniendo una imagen del oratorio. La iniciativa permitió preservar la memoria litúrgica de las comunidades dálmatas y reforzó la continuidad entre las Iglesias locales devastadas y la sede de Roma.1

Juan IV y la evangelización de los pueblos eslavos

Alcance histórico de la intervención papal

La tradición histórica ha relacionado a Juan IV con los primeros intentos de evangelización de los pueblos eslavos establecidos en Dalmacia. El emperador Constantino VII Porfirogénito relata que Porga, príncipe de los croatas, habría solicitado maestros cristianos al emperador Heraclio. Algunos historiadores han identificado al papa mencionado en ese contexto con Juan IV.1

La relación entre aquel relato y el pontificado de Juan IV no puede presentarse como un hecho documentado con la misma certeza que el rescate de cautivos o la construcción del oratorio romano. La principal referencia procede de una crónica posterior, redactada varios siglos después de los acontecimientos. Por ello, la historiografía distingue entre:

  • Testimonios contemporáneos o cercanos, como las cartas pontificias y las noticias sobre la ayuda a Dalmacia e Istria.
  • Crónicas posteriores, que ofrecen recuerdos más amplios sobre la llegada de misioneros y la cristianización de los croatas.

Esta distinción evita atribuir a Juan IV una organización misionera perfectamente documentada cuando los testimonios conservados no permiten reconstruir con precisión sus métodos, colaboradores o resultados.

Evangelización y asistencia pastoral

La ayuda material y la evangelización formaban parte de una misma responsabilidad pastoral. Juan IV no contempló las poblaciones dálmatas solo como víctimas de una catástrofe política. La redención de cautivos, la conservación de reliquias y el contacto con los pueblos recién establecidos expresaban la voluntad de mantener la presencia cristiana en una región gravemente afectada.

La tradición posterior atribuyó al papa un papel en la transmisión de la fe a los antepasados de los croatas. Sin embargo, la consolidación del cristianismo en los Balcanes fue un proceso prolongado, con participación de autoridades imperiales, obispos locales, comunidades costeras y misioneros de distintos centros eclesiásticos.

La carta a las comunidades de Escocia e Irlanda

La celebración de la Pascua

Antes de recibir plenamente el pontificado, Juan IV participó en una carta dirigida a obispos, presbíteros y abades de las comunidades escocesas e irlandesas. El documento trataba la fecha de la Pascua y exhortaba a abandonar el cómputo que situaba la celebración en el decimocuarto día lunar, en coincidencia con la práctica judía.2

La cuestión pascual no constituía una simple diferencia de calendario. La fecha de la Pascua afectaba a la unidad litúrgica de la Iglesia y a la relación entre las Iglesias locales y la tradición romana. Juan IV defendió la práctica que consideraba conforme con la costumbre católica.

Rechazo del pelagianismo

La misma carta advertía de la reaparición de ideas pelagianas. El pelagianismo negaba la necesidad decisiva de la gracia divina y atribuía a la voluntad humana una capacidad excesiva para alcanzar la salvación.

Juan IV recordó que el ser humano nace marcado por el pecado original y que nadie puede considerarse justo por sus propias fuerzas. La carta presentó a Jesucristo como el único mediador sin pecado y exhortó a los dirigentes cristianos de aquellas comunidades a rechazar cualquier enseñanza que atribuyera la salvación exclusivamente al esfuerzo humano.2

La intervención muestra que el pontificado de Juan IV no se redujo a los problemas de Roma o del mundo bizantino. La sede apostólica mantenía comunicación con comunidades alejadas geográficamente y trataba de preservar la unidad doctrinal y litúrgica de la Iglesia latina.

Relaciones con el Imperio bizantino

Cooperación y conflicto

Juan IV actuó dentro de una relación ambivalente con el poder imperial. Necesitaba la estructura política bizantina para garantizar cierta estabilidad en Italia, pero no aceptó que la autoridad imperial determinara la doctrina cristológica.

El papa mantuvo una actitud firme frente al monotelismo, aunque también utilizó un lenguaje cuidadoso al tratar la cuestión de Honorio I. Su conducta refleja la diplomacia necesaria para preservar la comunión eclesial en un momento en que la disputa teológica podía convertirse en un conflicto político entre Roma y Constantinopla.

La autoridad doctrinal de Roma

El pontificado de Juan IV muestra la creciente importancia de la sede romana como punto de referencia para la defensa de la doctrina calcedoniana. Roma no actuó como una institución aislada del Imperio, pero tampoco aceptó sin más las fórmulas promovidas desde la corte imperial.

La condena del monotelismo culminaría en el Tercer Concilio de Constantinopla. Juan IV murió décadas antes de aquella definición conciliar, pero su pontificado formó parte de la resistencia católica que preparó el camino para la afirmación solemne de las dos voluntades de Cristo.

Obras y documentos

La documentación asociada a Juan IV incluye cartas sobre cuestiones litúrgicas, disciplinares y doctrinales. Entre ellas destacan:

  • La carta a los obispos, presbíteros y abades de las comunidades escocesas e irlandesas sobre la celebración de la Pascua y el rechazo del pelagianismo.2
  • La carta al emperador Constantino III en defensa de Honorio I y de la interpretación ortodoxa de la expresión «una voluntad» en Cristo.2

Estos escritos revelan tres preocupaciones principales: la unidad del calendario litúrgico, la defensa de la doctrina de la gracia y la precisión del lenguaje cristológico.

Muerte y sepultura

Juan IV murió el 12 de octubre de 642. Recibió sepultura en la basílica de San Pedro, en Roma.1

Su pontificado duró aproximadamente dos años, pero dejó una huella significativa en la historia de la Iglesia del siglo VII. La defensa de la fe católica frente al monotelismo, la atención a los cautivos de Dalmacia e Istria y la conservación de las reliquias de los santos dálmatas muestran la unión entre doctrina, gobierno eclesial y caridad pastoral.

Valoración histórica

Juan IV pertenece a la generación de pontífices que defendieron la fe calcedoniana frente a las fórmulas de compromiso impulsadas por algunos emperadores bizantinos. Su intervención en la controversia monotelita no alcanzó la importancia doctrinal posterior del papa Martín I o de san Máximo el Confesor, pero contribuyó a mantener la oposición romana a la doctrina de una sola voluntad en Cristo.

Su defensa de Honorio I exige una valoración matizada. Juan IV intentó interpretar favorablemente la intención de su predecesor; el Tercer Concilio de Constantinopla, celebrado después, juzgó de manera condenatoria la responsabilidad de Honorio en la controversia. Esta evolución muestra cómo la Iglesia examinó progresivamente el alcance de las fórmulas teológicas y de las actuaciones de sus pastores.

En el ámbito pastoral, Juan IV destacó por su ayuda a las poblaciones de Dalmacia e Istria. El rescate de cautivos y la conservación de reliquias expresaron una concepción concreta de la misión pontificia: custodiar la fe, sostener a los perseguidos y mantener la comunión de las Iglesias locales con Roma.

Citas y referencias

  1. Papa Juan IV. Enciclopedia Católica, Papa Juan IV (1913). 2 3 4 5 6 7
  2. Primera epístola. Joannis papae IV et cleri romani, ad episcopos et presbyteros scotiae. De paschate more catholico celebrando, et reviviscente pelagiana haeresi diligenter cavenda, Papa Juan IV. Epístolae (Papa Juan IV), 1 (642). 2 3 4 5
Modificado el 9 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.61 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/91bwhpgw8

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →