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Papa Juan X

El papa Juan X fue obispo de Roma entre 914 y 928, durante uno de los periodos más turbulentos de la historia medieval del papado. De origen italiano y antiguo arzobispo de Rávena, intentó reforzar la autoridad pontificia mediante alianzas políticas, acciones militares contra las incursiones sarracenas y una activa intervención en los asuntos eclesiásticos de Italia, Alemania, Francia, Dalmacia, Bulgaria y Constantinopla. Su pontificado terminó violentamente por la intervención de la aristocracia romana.

Denarius of John X
Ver información de la imagenDenario de Juan X. Numista, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Juan X
CategoríaPersona
Lugar de NacimientoTossignano, Romaña
Fecha de Muerte928
Lugar de MuerteRoma
Nacionalidaditaliano
Duración14 años
Fin del Pontificado928
Inicio del Pontificado914
Personas relacionadas
  • Lando
  • León VI
TipoPapa

Tabla de contenido

Vida y formación

Juan X nació en Tossignano, en la Romaña, y recibió el nombre de Juan. Antes de acceder al pontificado ejerció como clérigo y posteriormente como obispo. Hacia el año 905 llegó a ser arzobispo de Rávena, una de las sedes más importantes de Italia. Un documento fechado el 5 de febrero de 914 todavía lo presenta como arzobispo, poco antes de su elección como papa.1,2

La documentación medieval ofrece pocos datos seguros sobre su juventud. Su trayectoria episcopal, sin embargo, muestra que pertenecía al grupo de prelados con experiencia administrativa y política, capaces de relacionarse tanto con las autoridades eclesiásticas como con los poderes territoriales italianos.

Elección pontificia

Juan X fue elegido después del breve pontificado de Lando, que había terminado en la primavera de 914. Accedió a la sede romana en un contexto dominado por las familias aristocráticas de la ciudad, que ejercían una influencia considerable sobre la elección de los papas y sobre el gobierno temporal de Roma. La elección tuvo lugar probablemente en mayo de 914, aunque los catálogos medievales presentan pequeñas diferencias sobre la fecha exacta.2

La familia más influyente pertenecía al círculo de Teofilacto, senador y dirigente militar romano. Su esposa, Teodora la Mayor, ocupaba una posición de gran autoridad en la aristocracia urbana. Juan X mantenía vínculos familiares o políticos con ese entorno, circunstancia que ayuda a explicar su elección sin necesidad de aceptar las acusaciones personales transmitidas por algunos cronistas.

La acusación de Liutprando de Cremona

Liutprando de Cremona, escritor de la segunda mitad del siglo X, presentó la elección de Juan X como resultado de una relación ilícita entre el futuro papa y Teodora. La historiografía católica tradicional consideró esta afirmación una calumnia. Liutprando escribió varias décadas después de los hechos y manifestó una marcada hostilidad hacia los grupos aristocráticos romanos. Además, otros autores medievales describieron a Teodora de forma más favorable y no confirmaron la acusación.1

La influencia de Teodora sobre la elección resulta verosímil dentro de la estructura política de Roma, pero la acusación moral de Liutprando carece de una base suficientemente sólida para presentarla como un hecho probado.

El contexto de la Edad Oscura del papado

El pontificado de Juan X suele incluirse en el periodo conocido como saeculum obscurum, expresión que describe la profunda dependencia del papado respecto de las facciones aristocráticas romanas durante buena parte del siglo X. Algunos autores posteriores utilizaron también el término «pornocracia» para caracterizar el predominio político de determinadas familias, especialmente el linaje de Teofilacto.

Estas denominaciones reflejan la inestabilidad política del periodo, pero pueden deformar la realidad histórica si convierten toda la vida romana en una simple sucesión de escándalos. Las crónicas hostiles tendieron a concentrarse en intrigas, violencia y acusaciones morales, mientras que la administración pontificia continuó atendiendo asuntos jurídicos, diplomáticos, pastorales y territoriales. El pontificado de Juan X ofrece precisamente un ejemplo de esa doble realidad: la sede romana estaba sometida a presiones aristocráticas, pero el papa también actuaba como gobernante, legislador, diplomático y autoridad espiritual.3,1

Campaña contra los sarracenos

La alianza italiana

Una de las principales preocupaciones de Juan X fueron las incursiones de grupos sarracenos establecidos en el sur de Italia. Para hacer frente a esta amenaza, promovió una alianza entre diversos gobernantes italianos, entre ellos Landulfo de Benevento y Berengario de Friuli. La iniciativa pretendía coordinar fuerzas que normalmente actuaban de manera separada y proteger las regiones centrales de la península.1

La alianza también tenía una dimensión política. La defensa militar de Roma y del territorio pontificio exigía la cooperación de príncipes y nobles, porque el papado no disponía de un ejército permanente comparable al de los grandes poderes territoriales. Juan X ejerció así una autoridad que combinaba la dirección espiritual con la capacidad de organizar la defensa del patrimonio de San Pedro.

La batalla del Garigliano

Los sarracenos habían establecido fortificaciones junto al río Garigliano, desde donde amenazaban amplias zonas de Italia central. En 915 Juan X participó personalmente en la movilización de las fuerzas aliadas y acompañó al ejército cristiano. La ofensiva culminó en agosto de 916 con la derrota de los sarracenos cerca de la desembocadura del río.1

La participación directa del papa en una campaña militar resulta excepcional desde la perspectiva moderna, pero encajaba en la función temporal que los pontífices desempeñaban en la Italia medieval. Juan X no abandonó por ello su autoridad espiritual: actuó simultáneamente como pastor de la Iglesia romana, organizador diplomático de una coalición y señor temporal encargado de proteger territorios sometidos a la jurisdicción pontificia.

La victoria reforzó temporalmente el prestigio de Juan X. También permitió presentar al papado como una fuerza capaz de defender a las poblaciones italianas frente a una amenaza exterior, en un momento en que la autoridad política se encontraba fragmentada.

Berengario de Friuli y la cuestión imperial

En 915 Juan X coronó en Roma a Berengario de Friuli, margrave y rey de Italia, como emperador. Berengario fue el último gobernante coronado emperador antes de la restauración imperial asociada al reino germánico en tiempos de Otón I.4

La coronación tenía un significado político y eclesial. El papa reconocía a un soberano capaz de colaborar en la defensa de Italia, mientras que Berengario recibía una legitimación de carácter universal vinculada a Roma y a la tradición imperial cristiana. La ceremonia no creó todavía el Sacro Imperio Romano Germánico en su forma posterior, pero pertenece al proceso de transformación del antiguo título imperial occidental.

El papado y el Sacro Imperio Romano Germánico en formación

Durante el siglo X, el vínculo entre el papado y los reyes germánicos todavía no poseía la estructura estable que adquiriría después de la coronación imperial de Otón I en 962. Juan X trató con el rey Conrado de Alemania mediante una misión encabezada por Pedro, obispo de Orte. En 916, esa misión participó en un sínodo celebrado en Hohenaltheim y favoreció unas relaciones amistosas entre Roma y la corte germánica.1

La coronación de Berengario muestra que Juan X no dependía todavía de una única potencia germánica. El papa buscaba apoyos entre varios gobernantes italianos y transalpinos, según las necesidades de la defensa de Roma y de la estabilidad política de la península.

La posterior intervención de Otón I en Italia modificó profundamente este equilibrio. En 962, varias décadas después de la muerte de Juan X, Otón recibió la corona imperial de manos de Juan XII. El acuerdo entre ambos consolidó una relación estrecha, aunque conflictiva, entre el papado y el poder germánico. La autoridad imperial pretendió garantizar la protección de la Iglesia romana, pero también obtener influencia sobre la elección y la actuación de los pontífices.4,5

Juan X pertenece, por tanto, a una etapa anterior a la consolidación del Sacro Imperio Romano Germánico. Su pontificado participó en la formación del marco político que más tarde permitiría la cooperación -y la rivalidad- entre los emperadores germánicos y los papas.

Actividad eclesiástica y diplomática

La actividad de Juan X no quedó reducida a la política militar italiana. El papa intervino en diversos asuntos de la vida eclesial europea y oriental.

Alemania

Juan X envió a Pedro, obispo de Orte, como representante ante el reino germánico. La misión organizó o apoyó el sínodo de Hohenaltheim en 916 y estableció relaciones amistosas con el rey Conrado. Esta iniciativa revela el interés de Roma por mantener vínculos con las iglesias y los gobernantes de las regiones germánicas, incluso antes de la hegemonía de la dinastía otoniana.1

Francia

El papa intervino en la crisis que enfrentaba al rey Carlos con el conde Heriberto de Aquitania. Heriberto retenía al monarca y pretendía que su hijo, Hugo de Vermandois, de apenas cinco años, recibiera el arzobispado de Reims. Juan X confirmó la elección después de obtener la promesa de que el rey sería liberado. La decisión muestra las dificultades de la política eclesiástica medieval, en la que la defensa de la libertad de la Iglesia podía entrar en conflicto con la búsqueda de una solución inmediata para una crisis dinástica.1

Dalmacia y los eslavos

Juan X procuró estrechar la relación entre Roma y los pueblos eslavos de Dalmacia. También intentó que el arzobispo de Split adoptara el latín como lengua litúrgica. Esta política reflejaba la preocupación romana por conservar la unidad eclesial y por reforzar la vinculación de las iglesias dálmatas con la tradición latina.1

Bulgaria

El pontífice quiso favorecer una unión más estrecha entre Bulgaria y Roma, pero sus esfuerzos encontraron la oposición del patriarcado de Constantinopla. Bulgaria constituía un espacio de competencia entre las influencias latina y bizantina, y las diferencias litúrgicas, jurisdiccionales y políticas dificultaban cualquier acuerdo duradero.1

Constantinopla y el cuarto matrimonio de León VI

El patriarca Nicolás I el Místico solicitó la ayuda de Juan X en una controversia relacionada con el cuarto matrimonio del emperador bizantino León VI. El patriarca había sido depuesto por negarse a reconocer esa unión, aunque el emperador lo restituyó antes de morir.

Juan X no apoyó la anulación de la disciplina occidental sobre el matrimonio. La Iglesia latina consideraba válido el cuarto matrimonio en las circunstancias discutidas, mientras que la tradición disciplinar bizantina presentaba mayores restricciones. El papa mantuvo la posición de la Iglesia occidental y no declaró inválida la decisión que había reconocido aquella unión.1

Autoridad espiritual y poder temporal

La figura de Juan X permite distinguir dos dimensiones que convivían en el papado medieval.

El papa como autoridad espiritual

Como obispo de Roma, Juan X ejercía funciones doctrinales, disciplinarias y jurisdiccionales dentro de la Iglesia latina. Intervino en cuestiones relativas a obispos, diócesis, relaciones entre patriarcados y organización eclesiástica. Sus contactos con Alemania, Francia, Dalmacia, Bulgaria y Constantinopla muestran que el papado no era solo una institución local romana.

La autoridad espiritual del pontífice derivaba de su condición de sucesor de Pedro y de cabeza visible de la Iglesia romana. Esa autoridad podía mantenerse incluso cuando la independencia política del papa quedaba limitada por las familias nobles de Roma.

El papa como señor temporal

El pontífice también gobernaba territorios, administraba bienes eclesiásticos, defendía ciudades y negociaba con príncipes. El patrimonio de San Pedro necesitaba protección militar y organización política. En este ámbito, Juan X actuó como un soberano territorial dentro de una Italia fragmentada.

La dirección de la campaña del Garigliano no constituye una función espiritual, sino una manifestación de su poder temporal. Sin embargo, ambas dimensiones estaban estrechamente conectadas: la defensa de Roma protegía la sede apostólica, y la autoridad espiritual proporcionaba legitimidad a las alianzas políticas.

La aristocracia romana

La aristocracia romana condicionaba la elección pontificia y podía controlar las instituciones civiles de la ciudad. Teofilacto, Teodora, Marozia y sus aliados no representaban simplemente una oposición externa al papa; formaban parte del sistema de poder en el que el pontífice debía gobernar.

Por ello, Juan X tuvo que negociar con las familias nobles y, al mismo tiempo, preservar un margen propio de autoridad. La cooperación inicial con ese grupo facilitó su elección, pero la misma estructura política terminó convirtiéndose en una amenaza para su pontificado.

Marozia y el final del pontificado

Marozia, hija de Teofilacto y Teodora, heredó una posición dominante en la política romana. Su influencia creció después de la muerte de su esposo, Alberico, quien había colaborado con Juan X en la campaña contra los sarracenos. Alberico había recibido el título de cónsul de los romanos, y posteriormente Marozia asumió una posición de poder comparable dentro de la ciudad.4

La relación entre Juan X y la familia de Marozia se deterioró. La aristócrata consiguió que el papa fuera depuesto y encarcelado. Juan X murió en Roma en 928, poco después de su caída. La tradición histórica sostiene que falleció violentamente durante su encarcelamiento, aunque los relatos difieren en la descripción concreta del homicidio.1,2

La deposición de Juan X demuestra hasta qué punto la aristocracia romana podía intervenir en el gobierno pontificio. El hecho no significa que la autoridad espiritual del papado desapareciera, pero sí revela la debilidad de sus estructuras políticas durante el siglo X.

Gobierno de la Iglesia y realidad política

La historia de Juan X no encaja en una interpretación puramente institucional ni en una narración basada solo en escándalos. El papa gobernó en un ambiente donde la elección pontificia dependía en gran medida de las familias dominantes de Roma, pero también desarrolló una política internacional y eclesial de considerable alcance.

Su pontificado combinó:

  • La defensa militar de Roma y del centro de Italia.
  • La construcción de alianzas entre príncipes italianos.
  • La coronación imperial de Berengario.
  • La diplomacia con Alemania y Francia.
  • La intervención en asuntos de Dalmacia, Bulgaria y Constantinopla.
  • La administración de la Iglesia romana y de sus territorios.

La imagen transmitida por algunas crónicas de la llamada Edad Oscura papal debe valorarse con cautela. Las narraciones hostiles acentuaron las intrigas de la aristocracia y los episodios violentos, pero la actividad de Juan X muestra que el papado continuaba funcionando como una institución religiosa, jurídica y diplomática con responsabilidades que superaban ampliamente los conflictos internos de Roma.

Legado histórico

Juan X no fue canonizado ni beatificado. Su memoria histórica quedó vinculada sobre todo a tres aspectos: la victoria sobre los sarracenos en el Garigliano, la coronación imperial de Berengario de Friuli y su violenta deposición por la aristocracia romana.

Su pontificado ocupa un lugar significativo en la transición entre el debilitamiento del poder carolingio y la posterior consolidación del poder imperial germánico. La cooperación con gobernantes italianos y germánicos anticipó la compleja relación medieval entre el papado y el imperio.

También representa una etapa en la evolución del poder pontificio. El papa ejercía una autoridad espiritual de alcance internacional, pero necesitaba negociar constantemente con nobles, reyes y señores territoriales. La tensión entre esas dos dimensiones -la misión universal de la sede romana y la fragilidad del gobierno temporal en Roma- define buena parte de la historia de Juan X.

Murió en 928, tras catorce años de pontificado, aproximadamente. Su sucesor fue León VI, elegido bajo la influencia del mismo ambiente aristocrático que había provocado su caída. La crisis romana continuó durante los pontificados siguientes y alcanzó una de sus expresiones más claras con la elevación de Juan XI, hijo de Marozia, a la sede de Pedro.6,2

Citas y referencias

  1. Papa Juan X. Enciclopedia Católica, Papa Juan X (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  2. Anastasio III, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomus I, 391 (1857). 2 3 4
  3. Emmett O’Regan. San Tomás de Aquino y los orígenes de la doctrina de la infalibilidad papal, 15 (2025).
  4. Estados de la Iglesia. Enciclopedia Católica, Estados de la Iglesia (1913). 2 3
  5. Papa Juan XII. Enciclopedia Católica, Papa Juan XII (1913).
  6. Papa Juan XI. Enciclopedia Católica, Papa Juan XI (1913).
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