La enciclopedia católica en español

Papa Juan XI

Juan XI fue papa de la Iglesia católica entre 931 y 935, durante una de las etapas más inestables de la historia del papado medieval. Su pontificado quedó condicionado por la aristocracia romana, primero bajo la autoridad de su madre, Marozia, y después bajo el dominio político de su hermano Alberico II. A pesar de su limitada libertad de acción, Juan XI confirmó importantes privilegios monásticos, especialmente en favor de Cluny, contribuyendo indirectamente al movimiento de reforma eclesiástica que alcanzaría gran fuerza en los siglos posteriores.

Pope John XI
Ver información de la imagenEsta ilustración proviene de The Lives and Times of the Popes de Chevalier Artaud de Montor, Nueva York: The Catholic Publication Society of America, 1911. Se publicó originalmente en 1842, c. 2013. https://archive.org/details/thelivesandtimes02artauoft, Artaud de Montor (1772-1849), Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Juan XI
CategoríaPersona
DescripciónPontificado entre 931-935, bajo la influencia de Marozia y luego de Alberico II; concedió privilegios a los monasterios de Cluny y Vézelay
Lugar de NacimientoRoma
Fecha de Muerte935
Contexto HistóricoPeriodo de crisis del Saeculum obscurum, con la autoridad papal limitada por la aristocracia romana.
Fin del Pontificado935
ImportanciaDemuestra la subordinación política del papado y la continuidad de la autoridad jurídica monástica que precedió a las reformas del siglo XI.
Inicio del Pontificado15 de marzo de 931
Personas relacionadas
  • Juan X
  • León VII
TipoPapa

Tabla de contenido

Biografía

Origen y familia

Juan XI nació en Roma en una fecha desconocida. La identificación de su padre constituye uno de los problemas más discutidos de su biografía.

La tradición historiográfica más prudente lo considera hijo de Marozia, poderosa noble romana, y de su primer marido, Alberico I de Spoleto. Algunas fuentes medievales y cronistas posteriores lo presentan, sin embargo, como hijo natural del papa Sergio III, que ocupó la sede romana entre 904 y 911. La Catholic Encyclopedia recoge ambas posibilidades, pero advierte que la paternidad atribuida a Sergio III procede principalmente de autores hostiles o mal informados.1

La acusación contra Sergio III aparece también vinculada a otras imputaciones graves, como el asesinato de sus predecesores o una relación ilícita con Marozia. La historiografía crítica considera que tales afirmaciones carecen de una base suficientemente sólida y resultan incompatibles con testimonios contemporáneos más favorables al pontífice.2

Por este motivo, conviene distinguir entre tres elementos:

  • La maternidad de Marozia, generalmente aceptada.
  • La filiación respecto de Alberico I, tradicionalmente sostenida por parte de la historiografía.
  • La paternidad de Sergio III, posible, pero no demostrada de forma concluyente.

Marozia y el poder romano

Marozia pertenecía a la familia aristocrática de los Teofilactos, que alcanzó una influencia extraordinaria en Roma durante el siglo X. Su familia controló cargos civiles, alianzas militares y redes de patronazgo eclesiástico. La autoridad pontificia quedó estrechamente relacionada con los intereses de esta nobleza urbana.3

Tras la caída del papa Juan X, Marozia consolidó su dominio sobre Roma. En 931 promovió la elección de su hijo, que adoptó el nombre de Juan XI. El nuevo pontífice accedió al papado en un contexto en el que la elección pontificia dependía en gran medida de los grupos aristocráticos capaces de controlar la ciudad y sus instituciones.1

Pontificado

Elección y comienzo del pontificado

Juan XI comenzó su pontificado en 931. La cronología tradicional sitúa el inicio el 15 de marzo de 931, aunque las fuentes medievales no siempre ofrecen una precisión uniforme para las fechas de elección, consagración y toma efectiva de posesión. La duración de su pontificado terminó con su muerte en 935.4

Su elección respondió al predominio político de Marozia, que ejercía una autoridad decisiva sobre Roma. El papa conservaba la plenitud de la potestad espiritual propia de su cargo, pero carecía de una autonomía política comparable a la de pontífices de otros periodos.

El matrimonio de Marozia con Hugo de Arlés

Para reforzar su posición, Marozia contrajo matrimonio con Hugo de Arlés, rey de Italia. Hugo era también medio hermano de Alberico I, el primer marido de Marozia, circunstancia que provocó tensiones dentro de la aristocracia romana. Su gobierno en Roma despertó una fuerte oposición entre diversos nobles, que consideraban excesiva su intervención en los asuntos de la ciudad.1

La resistencia culminó en 932, cuando Alberico II, hijo de Marozia, encabezó una revuelta. Alberico expulsó a Hugo de Roma y encerró a su madre en el castillo de Sant’Angelo. La caída de Marozia alteró por completo la posición del papa Juan XI.1

El dominio de Alberico II

Después de la rebelión de 932, Alberico II se convirtió en la principal autoridad política de Roma. Juan XI quedó subordinado a su hermano y recluido en el palacio de Letrán. Alberico asumió el control de la administración temporal y ejerció una influencia decisiva incluso sobre numerosos asuntos eclesiásticos.3

Esta situación no significa que Juan XI dejara de ser papa ni que perdiera sus atribuciones sacramentales. La diferencia entre ambos poderes resulta esencial:

  • Juan XI conservó la autoridad espiritual y sacramental propia del pontífice.
  • Alberico II controló la administración política y temporal de Roma.
  • La capacidad del papa para actuar libremente en materia diplomática y administrativa quedó gravemente restringida.

La Catholic Encyclopedia resume la situación afirmando que Juan XI solo disfrutaba de libertad efectiva en el ejercicio de sus funciones puramente espirituales, mientras que las demás formas de jurisdicción quedaban en manos de Alberico.1

Actuación eclesiástica

Privilegios a los monasterios

Aunque el pontificado de Juan XI estuvo sometido a fuertes presiones políticas, su actividad documental muestra una atención concreta a la protección jurídica de comunidades monásticas.

En 932 confirmó al monasterio de Cluny sus bienes y posesiones, incluidos los que pudiera adquirir en el futuro. También incorporó a esta protección el monasterio llamado Carus Locus, situado en el territorio de Mâcon. El privilegio prohibía a clérigos y laicos perturbar las propiedades monásticas o apropiarse de ellas.5

El documento emplea el lenguaje jurídico habitual de los privilegios pontificios medievales. Juan XI invoca la autoridad de san Pedro y amenaza con sanciones espirituales a quienes violen las disposiciones otorgadas. Al mismo tiempo, garantiza la estabilidad de los bienes entregados al monasterio, manteniendo los derechos económicos correspondientes a la Iglesia romana.5

En 933 concedió también un privilegio al monasterio de Vézelay. La documentación conservada muestra así que el papa continuó ejerciendo una función relevante como garante de la autonomía, los bienes y la organización de instituciones religiosas.5

Relaciones con obispos y patriarcas

La autoridad política de Alberico II influyó también en determinadas decisiones eclesiásticas. Durante el pontificado de Juan XI recibieron el palio el patriarca Teofilacto de Constantinopla y Artoldo de Reims, aunque la concesión al primero estuvo relacionada con la iniciativa de Alberico.1

El palio era una insignia litúrgica concedida por el papa principalmente a los arzobispos metropolitanos y, en determinados contextos, a otros prelados de especial rango. Su concesión expresaba una relación de comunión y reconocimiento con la sede romana.

La nobleza romana y la Libertas Ecclesiae

La libertad de la Iglesia en el siglo X

La expresión latina Libertas Ecclesiae, «libertad de la Iglesia», designa el principio según el cual la Iglesia debe ejercer su misión sin quedar sometida a la voluntad arbitraria de poderes políticos o familiares. Aunque el concepto adquiriría una formulación más desarrollada durante las reformas de los siglos XI y XII, sus problemas fundamentales ya estaban presentes en la Roma del siglo X.

Durante este periodo, familias aristocráticas romanas controlaron buena parte de la vida pública de la ciudad. La elección de los papas podía depender de alianzas nobiliarias, presiones militares y estrategias familiares. La familia de Teofilacto, representada por Teodora, Marozia y otros miembros de su linaje, llegó a ejercer una influencia determinante sobre la sede apostólica.3

El caso de Juan XI ilustra con claridad esa tensión. Su elección estuvo vinculada al poder de Marozia, mientras que, después de la rebelión de Alberico II, el papa quedó sometido a la autoridad política de su hermano. La Iglesia romana conservó sus estructuras espirituales, pero la libertad práctica del pontífice quedó limitada por una autoridad civil de carácter familiar y aristocrático.1

Consecuencias institucionales

La subordinación del papado a la nobleza romana tuvo varias consecuencias:

  1. Redujo la autonomía de la elección pontificia, al convertirla en objeto de negociación entre familias poderosas.
  2. Debilitó la acción diplomática de la Santa Sede, especialmente frente a los reinos italianos y a las potencias europeas.
  3. Separó de hecho la autoridad espiritual de la administración temporal, pues Alberico II gobernaba Roma mientras Juan XI desempeñaba principalmente funciones religiosas.
  4. Favoreció la percepción de decadencia del papado, aunque la actividad pastoral, sacramental y jurídica de la Iglesia no desapareció.
  5. Preparó la necesidad de reformas posteriores, destinadas a proteger la elección papal, la disciplina clerical y la autonomía eclesial.

La experiencia de este periodo muestra que la crisis no consistía en una desaparición de la Iglesia, sino en una grave interferencia de poderes seculares sobre sus instituciones. La historiografía de inspiración reformista describió la época como una etapa de profunda humillación de la sede romana, causada en gran medida por la violencia y la dominación de los nobles.6

Liutprando de Cremona y la crítica histórica

Un testimonio valioso, pero parcial

El obispo e historiador Liutprando de Cremona constituye uno de los autores más conocidos para el estudio de la Italia del siglo X. Sus obras ofrecen información abundante sobre la política italiana y las relaciones entre Roma, los reyes germánicos y las aristocracias locales. Sin embargo, Liutprando escribía desde posiciones políticas concretas y mostraba una marcada hostilidad hacia sus adversarios.7

Su relato posee, por tanto, un doble valor:

  • Aporta datos relevantes sobre acontecimientos, personajes y conflictos.
  • Contiene juicios polémicos, exageraciones retóricas y acusaciones que requieren comprobación.

La utilización de Liutprando exige distinguir entre la noticia histórica y la interpretación moral o política que el autor añade.

La fiabilidad de las acusaciones

Las crónicas medievales transmitieron relatos escandalosos sobre la corte romana y las relaciones entre ciertos papas y familias nobles. Algunas de estas narraciones influyeron profundamente en la imagen posterior del llamado saeculum obscurum, expresión utilizada para describir la crisis del papado medieval.

La prudencia histórica resulta especialmente necesaria en relación con la supuesta paternidad de Sergio III respecto de Juan XI. La acusación aparece en tradiciones relacionadas con Liutprando y el Liber Pontificalis, pero la evidencia no permite presentarla como un hecho indiscutible. La propia valoración historiográfica tradicional reconoce que las afirmaciones contra Sergio III proceden de adversarios y no concuerdan plenamente con otros testimonios.1

Por ello, una exposición rigurosa debe emplear fórmulas diferenciadas:

  • Hecho documentado: Juan XI fue papa entre 931 y 935 y era hijo de Marozia.
  • Interpretación histórica probable: su acceso al pontificado estuvo favorecido por la posición política de su madre.
  • Afirmación discutida: Sergio III fue su padre natural.
  • Relato polémico: las acusaciones morales o criminales transmitidas por cronistas hostiles.

Esta distinción evita convertir la propaganda política medieval en una biografía cierta y permite comprender tanto la crisis institucional como la complejidad de la documentación.

Muerte y sucesión

Juan XI murió en 935, después de un pontificado de aproximadamente cuatro años. Alberico II continuó dominando Roma y mantuvo la separación entre el gobierno temporal de la ciudad y la autoridad espiritual del papa.4

Le sucedió León VII, cuyo pontificado comenzó en 936. La elección tuvo lugar todavía bajo la influencia decisiva de Alberico II, que conservó el control de la política romana durante los pontificados siguientes.

Valoración histórica

Juan XI no figura entre los papas medievales de mayor iniciativa doctrinal o reformadora. Su pontificado quedó condicionado por circunstancias políticas que limitaron gravemente su capacidad de gobierno. La imagen de un papa enteramente sometido a poderes familiares refleja una realidad institucional de su época, aunque debe evitar simplificaciones que reduzcan toda su actividad a la intriga romana.

Los documentos conservados muestran que Juan XI ejerció funciones jurídicas y pastorales concretas. Sus privilegios a Cluny y Vézelay protegieron bienes e instituciones monásticas y contribuyeron a la consolidación de redes religiosas que, con el tiempo, impulsarían la reforma de la Iglesia.5

Su figura representa, por tanto, una paradoja histórica: un papa políticamente débil, pero todavía capaz de ejercer una autoridad eclesial significativa. El pontificado de Juan XI refleja la tensión entre la continuidad de la misión espiritual de la Iglesia y la interferencia de la aristocracia romana en la libertad de la sede apostólica.

Legado

El legado de Juan XI puede resumirse en tres aspectos:

  • La subordinación política del papado, primero a Marozia y después a Alberico II.
  • La continuidad de la autoridad jurídica pontificia, visible en los privilegios otorgados a monasterios.
  • La anticipación de los problemas que la reforma eclesial posterior intentaría resolver, especialmente la injerencia de poderes laicos en la elección y el gobierno de los papas.

La historia de Juan XI no demuestra un fracaso de la misión de la Iglesia, sino la vulnerabilidad de sus instituciones cuando la autoridad espiritual queda atrapada en luchas dinásticas. Su pontificado pertenece a una etapa de crisis, pero también a un periodo en el que las bases jurídicas y monásticas de la renovación eclesial comenzaron a consolidarse.

Citas y referencias

  1. Papa Juan XI. Enciclopedia Católica, Papa Juan XI (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  2. Papa Sergio III. Enciclopedia Católica, Papa Sergio III (1913).
  3. Estados de la Iglesia. Enciclopedia Católica, Estados de la Iglesia (1913). 2 3
  4. Papa #125: Juan XI, Magisterio IA. Breve Historia de los Papas de la Iglesia Católica, Papa 125 (2024). 2
  5. Papa Juan XI. Epistolae et privilegia (Papa Juan XI), 1 (935). 2 3 4
  6. John Henry Newman. La Reforma del Undécimo Siglo: Ensayos seleccionados de John Henry, Cardenal Newman, 9 (1903).
  7. Liutprand de Cremona. Enciclopedia Católica, Liutprand de Cremona (1913).
Modificado el 3 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.72 • 71 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/r60n7f21f

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →