Orígenes y formación
Pedro Campanora, cuyo nombre de nacimiento no se detalla con precisión en las fuentes históricas, provenía de Pavía, una ciudad clave en el norte de Italia durante la Alta Edad Media. Antes de su elección papal, había servido como obispo de Pavía y, más destacadamente, como canciller imperial de Italia bajo el reinado de Otón II. Esta posición le otorgó un profundo conocimiento de la administración eclesiástica y política, en un contexto donde la Iglesia y el Imperio mantenían una relación simbiótica. Su trayectoria refleja el ascenso de clérigos italianos en la curia romana, influenciados por la reforma carolingia que buscaba fortalecer la independencia papal frente a las nobles romanas.
Aunque las crónicas contemporáneas no profundizan en su educación o vida personal, se infiere que Campanora era un eclesiástico experimentado, versado en teología y derecho canónico. Su elección como papa subraya la preferencia del emperador por figuras leales y competentes, capaces de navegar las tensiones entre el poder secular y el espiritual en una época de fragmentación feudal.
Elección al papado
La elección de Juan XIV se produjo en un momento de crisis tras la muerte de su predecesor, Benedicto VII, en julio de 983. El cónclave, influido directamente por Otón II, seleccionó a Campanora como sucesor, y fue consagrado a finales de noviembre o principios de diciembre del mismo año en la Basílica de San Pedro. Al asumir el nombre de Juan XIV, evocaba la tradición de papas con ese nombre, aunque su pontificado sería uno de los más efímeros de la historia.
Esta designación imperial no era inusual en el siglo X, cuando los emperadores germanos intervenían en las elecciones papales para contrarrestar el caos causado por las familias nobles romanas, como los Crescenzi. Juan XIV, por tanto, representaba la continuidad de la «simonía imperial» controlada, un sistema que, aunque controvertido, estabilizaba temporalmente la Santa Sede.1

