Juan Filágato
El hombre que recibió el nombre de Juan XVI en oposición al papa legítimo fue Juan Filágato, natural de Rossano, en Calabria, territorio perteneciente entonces al Imperio bizantino. Ingresó en la vida monástica y alcanzó una posición relevante en la corte imperial. Mantuvo una estrecha relación con la emperatriz Teófano, viuda de Otón II, y ejerció como padrino del futuro emperador Otón III.
Gracias al favor de Teófano, obtuvo la abadía de Nonantola. En 988 recibió la sede episcopal de Piacenza, que durante un tiempo fue elevada para él a rango arzobispal, aunque después volvió a su condición anterior. Su experiencia diplomática le llevó a Constantinopla a finales de 995, enviado por Otón III para negociar una posible alianza matrimonial con una princesa bizantina.
Elección como antipapa
El papa Gregorio V, llamado Bruno antes de su elección, era pariente de Otón III y había recibido el apoyo de la corte imperial. El nuevo pontífice fue coronado el 3 de mayo de 996 y coronó emperador a Otón III el 21 de mayo. Tras la marcha del emperador, Juan Crescentio encabezó una rebelión que expulsó a Gregorio V de Roma en septiembre de 996.
En mayo de 997, Crescentio promovió la elección de Juan Filágato como rival de Gregorio V. El nuevo pretendiente adoptó el nombre de Juan XVI. Crescentio buscaba utilizar su prestigio eclesiástico y sus vínculos con Bizancio para construir una oposición política al emperador germánico.
El abad san Nilo de Rossano, compatriota de Juan Filágato, intentó disuadirle de aceptar la usurpación de la sede romana. La advertencia no tuvo efecto y Juan mantuvo sus pretensiones.
Condena y deposición
En el sínodo celebrado en Pavía durante Pentecostés de 997, Gregorio V excomulgó a Crescentio. En julio del mismo año, el papa restableció la dependencia de Piacenza respecto del arzobispo de Ravena, medida que afectaba directamente a la posición eclesiástica de Juan Filágato.
Otón III regresó a Italia durante el invierno de 997-998 al frente de un ejército. En febrero de 998 entró en Roma. Juan XVI huyó, mientras Crescentio se refugió en el castillo de Sant’Angelo. Las tropas imperiales capturaron al antipapa y lo llevaron a Roma después de mutilarle el rostro y privarle de la vista.
El sínodo romano de Cuaresma de 998 depuso formalmente a Juan XVI. Gracias a la intercesión de san Nilo, las autoridades trasladaron al antiguo pretendiente a un monasterio en lugar de ejecutarlo. Cuando volvió a presentarse con vestiduras episcopales ante Gregorio V, le quitaron las insignias y lo condujeron por las calles de Roma montado al revés sobre un asno.
Los relatos difieren acerca de los últimos años de su vida. Una tradición vinculada a la vida de san Nilo afirma que regresó a prisión; otras noticias sostienen que permaneció recluido en un monasterio. Los Anales de Fulda sitúan su muerte el 2 de abril de 1013.
Crescentio resistió todavía en Sant’Angelo, pero Otón III tomó la fortaleza en abril de 998 y ordenó la ejecución del dirigente romano el día 29. Con la derrota de Crescentio terminó la oposición política que había sostenido al antipapa Juan XVI.