Infancia y formación
Annibale della Genga nació el 22 de agosto de 1760 en el castillo de la Genga, en el territorio de Spoleto, dentro de los Estados Pontificios. Su familia pertenecía a la nobleza pontificia y sus padres fueron Flavio della Genga y Maria Luisa Periberti, natural de Fabriano. Ocupaba el sexto lugar entre los diez hijos de la familia.1
A los trece años ingresó en el Colegio Campana de Osimo. En 1778 continuó su formación en el Colegio Piceno de Roma y, poco después, entró en la Academia de Nobles Eclesiásticos, institución destinada a preparar a clérigos para cargos diplomáticos y administrativos de la Santa Sede.1
Recibió el subdiaconado y el diaconado en 1783. Ese mismo año fue ordenado sacerdote, con dispensa pontificia debido a que todavía no había alcanzado la edad canónica ordinaria. Poco después, el papa Pío VI lo incorporó a la prelatura como camarero secreto.1
Su formación y sus primeras responsabilidades desarrollaron en él una notable competencia diplomática. En 1790 pronunció en la Capilla Sixtina la oración fúnebre por el emperador José II. La intervención recibió una valoración positiva porque consiguió honrar al monarca sin lesionar las relaciones entre Austria y la Santa Sede.1
Carrera diplomática y episcopal
En 1792 fue nombrado canónigo de la basílica de San Pedro y, al año siguiente, recibió la consagración episcopal como arzobispo titular de Tiro. Pío VI lo envió como nuncio apostólico a Lucerna y, en 1794, lo trasladó a la nunciatura de Colonia, donde permaneció durante once años.1
Della Genga actuó en un periodo especialmente difícil para la Iglesia en los territorios alemanes. La secularización, las transformaciones políticas y las tensiones entre las autoridades civiles y la jurisdicción eclesiástica exigían una diplomacia cuidadosa. Su experiencia en Alemania contribuyó a su posterior consideración dentro de la Curia romana.
En los años de expansión napoleónica participó en varias misiones relacionadas con las relaciones entre la Santa Sede y Francia. En 1798 viajó a París junto con el cardenal Caprara para intentar alcanzar un acuerdo con Napoleón Bonaparte. Las conversaciones no produjeron resultados duraderos y Della Genga regresó a Roma, donde presenció las dificultades impuestas a Pío VII por las autoridades francesas.1
Tras retirarse durante un tiempo a la abadía de Monticelli, volvió a asumir responsabilidades diplomáticas después de la caída de Napoleón. En 1814 fue enviado a París como representante extraordinario para transmitir a Luis XVIII las felicitaciones de Pío VII por la restauración de la monarquía francesa. Más tarde, en 1816, Pío VII lo creó cardenal de Santa Maria in Trastevere y lo nombró obispo de Sinigaglia.1



