Catequesis y anuncio pascual
En la homilía pronunciada en el Jubileo de los Catequistas (26.º domingo del Tiempo Ordinario, 28 de septiembre de 2025), el papa León XIV profundizó en el sentido de la fe recibida y transmitida. Partiendo del Evangelio, subrayó que la mirada de Dios distingue entre quien sufre y quien vive en la indiferencia o el olvido del prójimo, haciendo de la historia evangélica una llamada a la conversión.
Concretamente, presentó el núcleo de la misión catequética como centrada en el misterio pascual: el anuncio de que Jesucristo ha resucitado, ama y da su vida para la salvación; resucitado y vivo, está cerca y espera cada día. Esta formulación aparece al citar un texto de san Francisco en torno al Jubileo de la Misericordia, y León XIV la integra como «corazón» de todo.
Para explicar la naturaleza del catequista, el papa vinculó el término con su origen: la palabra griega katēchein significa «enseñar en voz alta, hacer resonar». De ahí deriva que el catequista no solo transmite contenidos, sino que pronuncia la palabra con su vida, convirtiéndose en testigo del Señor.
También destacó el papel insustituible de la familia como primera escuela de la fe, al señalar que la proclamación no se «delegará» totalmente: sucede allí donde se vive, especialmente en el hogar y alrededor de la mesa familiar, cuando una voz, un gesto y un rostro conducen a Cristo.
Conversión, justicia y atención a los pobres
En esa misma homilía, León XIV relacionó el Evangelio con la realidad contemporánea: «en el umbral de la opulencia» se encuentra la miseria de pueblos sometidos a la guerra y la explotación. Presentó así a Lázaro como símbolo de quienes mueren ante la codicia que olvida la justicia y los beneficios que aplastan la caridad.
El mensaje evangélico, afirmó, garantiza que el sufrimiento de Lázaro tendrá fin y que Dios hará justicia a ambos: la Iglesia, continuó, proclama esta palabra para convertir el corazón.
Universalidad de la Iglesia y escucha de los pueblos originarios
En un mensaje para el Jubileo de los Pueblos Originarios (12 de octubre de 2025), León XIV invitó a comprender el Jubileo como «encuentro personal» con el Señor Jesucristo y como ocasión para la reconciliación, la memoria agradecida y la esperanza compartida, más que como mera celebración externa.
Al hablar de la Puerta Santa, explicó que no se trata solo de un gesto simbólico al entrar en un templo, sino de atravesar «por la fe» hacia la fuente misma del amor divino, representada como el «costado abierto» del Crucificado.
En la misma línea, el papa vinculó el Jubileo con la unidad fraterna en Cristo y con la lectura de la historia desde la esperanza. Señaló también que el camino evangelizador en los pueblos originarios, tal como ha sido enseñado por los obispos de América Latina y el Caribe, ha tenido luces y sombras, y que el Jubileo invita a perdonar «desde el corazón» y a reconciliarse con la propia historia.
Además, subrayó la acción del Espíritu en clave de «semillas de la Palabra» en todas las culturas y citó la idea de que cuando el Evangelio entra en una cultura no se espera que sea el Evangelio el que cambie, sino que el Evangelio transforme su modo de comprender elementos y prácticas.
Parrhesia: valentía evangélica sin miedo
Un punto especialmente expresivo del mensaje sobre los pueblos originarios es la referencia a parrhesia, entendida como valentía evangélica: salir de uno mismo para anunciar el Evangelio sin temor y con libertad interior, «diciendo toda la verdad» por coherencia.
El papa indicó que, en el conjunto de las naciones, los pueblos originarios deben presentar con libertad su riqueza humana, cultural y cristiana, y que la Iglesia escucha para enriquecerse mediante sus voces propias dentro de la comunión eclesial.