Liberio fue consagrado Papa el 17 de mayo de 352 d.C., sucediendo al Papa Julio I1. Se sabe poco de su vida anterior, salvo que era diácono romano1. Su pontificado comenzó en un momento de gran agitación para la Iglesia, ya que el emperador Constancio II, tras la muerte de Constante en 350 d.C., se convirtió en el único gobernante del imperio y estaba decidido a unificar a todos los cristianos bajo una forma modificada del arrianismo1.
Desde el principio, Liberio se mostró como un firme defensor de la fe nicena. Se negó a condenar a San Atanasio, el obispo de Alejandría y un acérrimo opositor del arrianismo, quien había sido absuelto por dos sínodos generales y había sido recibido en paz por la Iglesia romana1. Liberio argumentó que no podía condenar a un ausente, ya que no era la tradición que había recibido de sus predecesores y de San Pedro1. Insistió en que el emperador debía anular sus decretos contra Atanasio y convocar un concilio sin la presencia de emperadores, condes o jueces, para preservar la fe nicena1. También demandó que los seguidores de Arrio fueran expulsados y su herejía anatematizada1.
La postura de Liberio provocó la ira del eunuco Eusebio, un influyente funcionario imperial, quien intentó sobornar al Papa, pero Liberio rechazó los regalos, lo que enfureció aún más al eunuco1. Como resultado, el emperador Constancio II ordenó el arresto de Liberio, ya sea en secreto o por la fuerza, y su envío a la corte1. Esto llevó a una persecución en Roma, donde obispos y damas piadosas tuvieron que esconderse, los monjes no estaban seguros y los extranjeros fueron expulsados1.
El Concilio de Arlés y la Condena de Atanasio
Tras la derrota del usurpador Magnencio en 353 d.C., Liberio, atendiendo a los deseos de muchos obispos italianos, envió legados al emperador en la Galia para solicitar la celebración de un concilio1. Sin embargo, Constancio II estaba presionando a los obispos de la Galia para que condenaran a Atanasio. En el concilio de Arlés, los legados papales, incluido Vicente de Capua, cedieron y consintieron en renunciar a la causa de Atanasio, con la condición de que todos condenaran el arrianismo1. La facción de la corte aceptó el acuerdo, pero no cumplió su parte, y los legados fueron forzados a condenar a Atanasio sin obtener ninguna concesión1. Liberio expresó su profundo pesar por la caída de Vicente al recibir la noticia1.

