San Marcelo I ocupó la Sede de Pedro desde el 27 de mayo de 308 hasta el 16 de enero de 3091,2. Su elección se produjo después de un período de vacancia papal de casi cuatro años, tras la muerte de su predecesor, San Marcelino, en 3043,4,5. Este interregno fue consecuencia directa de la Gran Persecución de Diocleciano, una de las más severas persecuciones contra los cristianos en el Imperio Romano, que había dejado a la Iglesia en Roma en un estado de gran confusión3,2.
Cuando Marcelo asumió el pontificado, la Iglesia en Roma enfrentaba desafíos significativos. Los lugares de reunión y algunos cementerios de los fieles habían sido confiscados, y la vida y actividad eclesiástica normal estaban interrumpidas3. Además, existían profundas divisiones internas, principalmente causadas por el gran número de cristianos que habían apostatado durante la persecución y que ahora buscaban ser readmitidos en la comunión eclesiástica3.

