Naturaleza de los tituli
Los tituli eran centros de culto y de organización eclesial establecidos en distintos barrios de Roma. Su origen se relaciona con las primeras comunidades domésticas cristianas, reunidas en casas privadas. Con el tiempo, aquellas casas de oración se transformaron en centros comunitarios conocidos como domus ecclesiae, domus Dei o tituli.
El término titulus había designado originalmente una inscripción o una señal relacionada con la propiedad. En el ámbito cristiano pasó a identificar una iglesia vinculada a un fundador, propietario o comunidad determinada. No equivalía todavía exactamente a una parroquia moderna, aunque desempeñaba funciones que anticipaban la organización parroquial urbana.
Cada centro podía servir como lugar de:
- Celebración litúrgica.
- Catequesis y administración del bautismo.
- Penitencia y reconciliación.
- Asistencia a pobres y enfermos.
- Custodia de archivos y bienes comunitarios.
- Atención a peregrinos.
- Enterramiento o conmemoración de mártires.
La comunidad romana del siglo III ya necesitaba una estructura territorial. La tradición vinculada al papa Fabián atribuye a la Iglesia de Roma una división de la ciudad en distritos confiados a diáconos. Aunque los restos materiales anteriores a Constantino son escasos, la existencia de varios lugares de reunión cristiana responde a las dimensiones y a la diversidad social de Roma.,
¿Fundó Marcelo veinticinco tituli?
El Liber Pontificalis atribuye a Marcelo la organización de veinticinco tituli en Roma, descritos como unidades semejantes a diócesis, destinadas especialmente al bautismo, la penitencia y la atención de las tumbas de los mártires.
Esta noticia requiere una valoración crítica. El Liber Pontificalis conserva tradiciones antiguas, pero sus datos sobre los siglos anteriores al siglo V no siempre poseen el mismo grado de fiabilidad. Además, algunos tituli existían antes del pontificado de Marcelo y otros alcanzaron su forma definitiva en épocas posteriores. La atribución puede reflejar, por tanto, una reorganización o restauración de centros existentes más que una fundación completa desde cero.
La cifra de veinticinco adquiere especial importancia porque coincide con el número conocido en tiempos del papa Inocencio I, a comienzos del siglo V. Cada titulus tenía clero y fieles propios, aunque permanecía unido a la Iglesia de Roma bajo la autoridad del obispo.
Organización en clandestinidad
La Iglesia romana no podía depender de grandes basílicas públicas durante la persecución. Por esa razón, la vida eclesial se adaptaba a espacios domésticos, lugares discretos de reunión y cementerios. La organización territorial no desaparecía, pero adoptaba formas menos visibles y más flexibles.
Un titulus podía funcionar en una casa suficientemente amplia para acoger a la comunidad y prestar servicios de culto y caridad. La clandestinidad exigía prudencia, redes de confianza y una distribución descentralizada de las responsabilidades. Esa estructura permitía conservar la comunión con el obispo de Roma sin concentrar toda la actividad cristiana en un único edificio identificable por las autoridades.
Tras el final de las persecuciones, la red de tituli facilitó la recuperación de la vida comunitaria. También ofreció espacios para administrar la penitencia y reintegrar a los lapsi, una tarea especialmente relevante durante el pontificado de Marcelo. La existencia de iglesias de barrio no implicaba una autonomía doctrinal frente al obispo, sino una organización pastoral de la única Iglesia romana.,