San Marcelo I fue elegido Papa en mayo o junio del 308 d.C., sucediendo a San Marcelino después de un período de vacancia de la sede papal que duró aproximadamente tres años y medio tras la muerte de Marcelino en el 304 d.C.2,3. Este lapso se debió a la intensidad de la persecución de Diocleciano, que se mantuvo implacable incluso después de la abdicación del emperador en el 305 d.C.2. Sin embargo, la ascensión de Majencio al trono en Roma en octubre del 306 d.C. trajo un período de relativa paz para los cristianos de la capital2.
Al asumir su cargo, Marcelo encontró la Iglesia en Roma en un estado de gran confusión2. Los lugares de reunión y algunos cementerios de los fieles habían sido confiscados, y la vida eclesiástica normal estaba interrumpida2. A esta desorganización se sumaron las disensiones internas, provocadas por un gran número de lapsi que, habiendo apostatado durante la persecución, exigían ser readmitidos a la comunión sin cumplir las penitencias prescritas2,1.

