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Papa Marino I

Marino I fue papa de la Iglesia católica desde el 16 de diciembre de 882 hasta mayo de 884. Su pontificado, breve y condicionado por la crisis política del Imperio carolingio y por las disputas eclesiásticas entre Roma y Constantinopla, estuvo marcado por la rehabilitación de Formoso de Oporto, la continuidad de la política romana frente a Focio y la defensa de los derechos de monasterios e iglesias.1,2

Marinus I
Ver información de la imagenPapa Marino I. http://members.tripod.com/~cckswong/pope101_150.htm#108, Autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombrePapa Marino I
CategoríaPersona
DescripciónCrisis del Imperio carolingio y disputas entre Roma y Constantinopla durante su breve pontificado.
Lugar de NacimientoGallese, región de Falerios, Etruria
Fecha de Muerte884-05-15
Fin del Pontificadomayo de 884
Inicio del Pontificado16 de diciembre de 882
Lugar de Sepulturapórtico de la antigua basílica de San Pedro del Vaticano
Personas relacionadasJuan VIII
TipoPapa

Tabla de contenido

Biografía

Origen y formación

Marino nació en Gallese, localidad de la antigua región de Falerios, en Etruria. Era hijo de un presbítero llamado Palumbo. Ingresó al servicio de la Iglesia romana hacia los doce años y desarrolló una larga carrera en la administración eclesiástica y diplomática de la Santa Sede.1,3

El papa León IV lo ordenó subdiácono y, más tarde, diácono. Su preparación y su experiencia en asuntos eclesiásticos y políticos favorecieron su promoción dentro de la Iglesia romana. Durante el pontificado de Adriano II, Marino desempeñó funciones diplomáticas en Constantinopla como legado pontificio.1

Misiones en Constantinopla

Marino viajó en tres ocasiones a Constantinopla para tratar asuntos de gran importancia para las relaciones entre Roma y la Iglesia de Oriente. En 869 participó como legado de Adriano II en el IV Concilio de Constantinopla, considerado por la Iglesia católica el VIII Concilio Ecuménico. Allí tuvo que defender con firmeza las instrucciones recibidas de Roma.1

Su defensa de la posición romana provocó su encarcelamiento. La experiencia mostró tanto su capacidad diplomática como su disposición a afrontar las consecuencias personales de una misión pontificia en un contexto de profunda tensión entre Roma, Constantinopla y el poder imperial.1

Carrera eclesiástica antes del pontificado

El papa Juan VIII confió a Marino responsabilidades de primer orden. Lo nombró obispo de Cere, sede identificada habitualmente con Cerveteri, y le otorgó los cargos de tesorero de la Iglesia romana -arcarius- y archidiácono. La acumulación de estas funciones revela la confianza que Marino disfrutaba en la corte pontificia.1

Su elección como papa planteó una cuestión excepcional: Marino ya era obispo de una diócesis cuando accedió a la sede romana. La traslación de un obispo a Roma resultaba poco frecuente, pero contaba con precedentes históricos. Entre ellos figura san Martín I, obispo de Roma elegido en el siglo VII después de haber ejercido funciones eclesiásticas relevantes, y cuya elección también tuvo lugar sin esperar la confirmación imperial.4,5

La elección de Marino ilustra la evolución práctica de la organización eclesiástica medieval: aunque la estabilidad de las sedes episcopales constituía un principio habitual, las necesidades extraordinarias de la Iglesia romana podían llevar a escoger para el papado a un obispo ya establecido en otra sede.

Elección y comienzo del pontificado

Sucesión de Juan VIII

Juan VIII murió el 16 de diciembre de 882. Marino pudo haber sido elegido el mismo día, aunque la fecha exacta de la elección no resulta completamente segura. La consagración tuvo lugar probablemente antes de terminar diciembre.1,3

Marino no esperó la autorización del emperador Carlos III el Gordo, cuya autoridad política atravesaba una etapa de debilidad. La rapidez de la elección reflejaba la necesidad de asegurar la continuidad de la sede romana en un periodo de incertidumbre política.1

Un pontificado bajo presión política

El papa heredó una situación especialmente difícil. El Imperio carolingio perdía cohesión, las aristocracias regionales aumentaban su autonomía y Roma sufría las rivalidades de grupos políticos que intentaban influir en la elección y en las decisiones pontificias. Marino trató de obtener apoyo imperial, pero Carlos III carecía de la capacidad necesaria para proteger eficazmente los intereses de la Iglesia romana.1,2

La fragmentación del poder civil limitó el margen de maniobra del papado. Marino tuvo que ejercer simultáneamente funciones espirituales, diplomáticas y administrativas, mientras defendía los derechos de las iglesias y monasterios frente a la presión de nobles, obispos y autoridades seculares.

Relaciones con Focio y la Iglesia de Oriente

El trasfondo del conflicto fotiano

Uno de los asuntos heredados por Marino fue la controversia en torno a Focio, patriarca de Constantinopla. La disputa había enfrentado a Roma con sectores de la Iglesia bizantina y con la política de los emperadores de Oriente. Juan VIII había intentado alcanzar una solución diplomática, pero también había mantenido reservas doctrinales y canónicas frente a la posición de Focio.1,2

Marino continuó defendiendo la condena romana de Focio. En este aspecto mantuvo la línea de su predecesor y sostuvo la autoridad de las decisiones romanas frente a Constantinopla. Su política muestra que la búsqueda de acuerdos con Oriente no implicaba aceptar sin más las pretensiones del patriarcado constantinopolitano.1,2

Equilibrio entre continuidad y cambio

El pontificado de Marino combinó continuidad y rectificación. Conservó la orientación de Juan VIII respecto a Focio, pero modificó la política de su antecesor en el caso de Formoso de Oporto. Esta combinación respondía al intento de reducir las facciones enfrentadas en Roma sin abandonar las posiciones doctrinales y jurisdiccionales que la Santa Sede consideraba esenciales.1,2

La rehabilitación de Formoso de Oporto

El conflicto entre Juan VIII y Formoso

Formoso, obispo de Oporto, había caído en desgracia durante el pontificado de Juan VIII. El conflicto tenía dimensiones eclesiásticas y políticas, pues Formoso estaba relacionado con sectores que competían por el control de Roma y del mundo carolingio. Juan VIII lo había sometido a censuras y le había prohibido regresar a Roma.1,2

Marino decidió absolverlo de las censuras y permitir su regreso a Roma. La medida pretendía reducir la división entre las facciones romanas, aunque sus consecuencias posteriores resultaron graves.1,2

Consecuencias posteriores

La rehabilitación de Formoso no puso fin a la rivalidad política que lo rodeaba. Años después, durante el pontificado de Esteban VI, el conflicto desembocó en el célebre Sínodo del Cadáver, celebrado en 897. Esteban VI hizo exhumar el cuerpo de Formoso, lo vistió con ornamentos pontificios y lo sometió a un juicio póstumo. Posteriormente anuló sus actos como papa y declaró inválidas las ordenaciones conferidas por él.6

La condena fue posteriormente impugnada y quedó vinculada a las luchas políticas que desgarraron el papado. La decisión de Marino, tomada con intención conciliadora, adquirió así una importancia histórica mucho mayor de la que probablemente tuvo durante su breve pontificado.1,6

Actividad pastoral y administrativa

Relaciones con la Iglesia franca

Marino concedió el palio a Fulk, arzobispo de Reims, una figura destacada de la Iglesia franca. El palio expresaba la relación especial entre la Santa Sede y determinados arzobispos metropolitanos, además de confirmar la autoridad del titular en su provincia eclesiástica.1

En una disposición dirigida a la Iglesia de Tours, Marino confirmó derechos patrimoniales vinculados a las iglesias de la diócesis. El documento protegía los bienes eclesiásticos y ordenaba respetar las disposiciones de reyes y obispos relativas al sustento de las iglesias, sus viñedos, prados, cementerios y dependencias. También establecía sanciones contra quienes vulnerasen esas garantías.3

La Schola Anglorum

A petición del rey Alfredo el Grande, Marino liberó de impuestos a la Schola Anglorum, institución que servía como centro de acogida y representación de los ingleses en Roma. La exención favorecía la presencia de los peregrinos y clérigos ingleses y reforzaba los vínculos entre la Iglesia romana y el reino de Wessex.1

Protección de los monasterios

Los documentos de Marino muestran una preocupación constante por la protección jurídica y económica de los monasterios. En un privilegio dirigido al monasterio de San Pedro de Solignac, confirmó las donaciones y derechos concedidos por los reyes francos y puso el cenobio bajo la protección de los apóstoles Pedro y Pablo y de la sede romana.7

El privilegio protegía los bienes monásticos frente a apropiaciones y abusos. Prohibía que reyes, obispos, abades u otros dignatarios disminuyeran o enajenasen las propiedades destinadas al monasterio. También impedía que condes u obispos exigieran allí cargas de alojamiento o manutención, como el mansionaticum, las paratae o las stationes.7

Marino reconoció además el derecho de los monjes a elegir a su propio abad conforme a la regla del monasterio. Esta disposición protegía la autonomía de la comunidad religiosa frente a las imposiciones externas.7

Otro documento pontificio, dirigido a la comunidad de Vallis-Flaviana, confió al presbítero Amelio la dirección del monasterio y ordenó a los monjes recibirlo con honor y obediencia. El texto muestra la intervención del papa en la provisión de cargos y en la administración de los bienes eclesiásticos.8

El papado en la decadencia del siglo IX

La crisis del mundo carolingio

Marino ocupó la sede romana durante la fase final de la descomposición del orden carolingio. La autoridad imperial ya no ofrecía una protección estable a Roma y el papado quedó expuesto a las rivalidades de las aristocracias italianas y a las disputas entre dirigentes locales. La debilidad de Carlos III redujo la eficacia de la alianza tradicional entre la sede romana y el poder franco.1,2

La crisis política afectó directamente a la libertad de acción de los papas. Las elecciones pontificias, las rehabilitaciones episcopales y las decisiones sobre jurisdicción eclesiástica podían adquirir un significado político inmediato. Formoso constituye el ejemplo más conocido de esta interdependencia entre conflicto eclesiástico y lucha por el poder.

El inicio de la pornocracia

La historiografía denomina pornocracia-del griego pornē, «prostituta», y krátos, «poder»- al periodo del siglo X en el que determinadas familias aristocráticas romanas ejercieron una influencia decisiva sobre el papado. También recibe los nombres de saeculum obscurum y «siglo oscuro» del papado.6

Marino no perteneció propiamente a ese periodo, pero su pontificado quedó situado en el umbral de la crisis que lo hizo posible. Las luchas políticas de las últimas décadas del siglo IX debilitaron el prestigio de la sede de Pedro y facilitaron la intervención de poderes seculares en la elección y actuación de los pontífices.6

La violencia alcanzó una expresión extrema después de Marino. El juicio póstumo contra Formoso y las sucesivas anulaciones y rehabilitaciones de sus actos revelaron hasta qué punto las facciones romanas podían utilizar los procedimientos eclesiásticos como instrumentos de venganza política. Durante el siglo X, la influencia de la dinastía de los Teofilactos agravó esta subordinación del papado a los intereses de la nobleza romana.6

Conviene, por tanto, distinguir entre el pontificado de Marino, todavía caracterizado por la actividad diplomática y administrativa, y la pornocracia, que alcanzó su plena expresión durante el siglo X. Marino pertenece al contexto de gestación de la crisis, no a su etapa más desarrollada.

El nombre de Marino y la numeración papal

Marino y Martín

La tradición medieval confundió en ocasiones los nombres latinos Marinus y Martinus. La semejanza gráfica y fonética llevó a algunos cronistas a llamar Martín al papa Marino I. Esta confusión afectó a los catálogos pontificios posteriores.1,3

El papa del siglo VII fue Martín I, cuyo nombre latino era Martinus. Marino I, en cambio, llevaba el nombre Marinus. La diferencia no resulta meramente ortográfica: identifica a dos pontífices distintos, pertenecientes a épocas, contextos y trayectorias eclesiales diferentes. Martín I gobernó la Iglesia entre 649 y 655 y murió en el exilio de Quersoneso; Marino I ocupó la sede romana entre 882 y 884.4,5

El error en la numeración

A causa de la confusión medieval, algunos historiadores modernos llamaron erróneamente Martín II y Martín III a los dos papas llamados Marino. Como consecuencia, el papa que sucedió a Nicolás III adoptó el nombre de Martín IV, aunque la numeración correcta habría requerido otra denominación si la tradición hubiese distinguido desde el principio entre Marinus y Martinus.1

La numeración de los papas llamados Martín quedó, por ello, alterada de forma permanente. La nomenclatura oficial posterior conservó el nombre de Martín IV, pese a que la confusión procedía de la identificación incorrecta de Marino I y Marino II con sendos «Martines».1,9

Muerte y sepultura

La fecha exacta de la muerte de Marino no resulta completamente uniforme en los testimonios históricos, aunque suele situarse alrededor del 15 de mayo de 884. Su pontificado duró aproximadamente un año y cinco meses.1,2

Marino recibió sepultura en el pórtico de la antigua basílica de San Pedro del Vaticano. La ubicación de su sepultura confirma la continuidad de la memoria pontificia en torno a la basílica apostólica romana.1,3

Valoración histórica

Marino I gobernó la Iglesia durante un periodo de transición entre la cooperación carolingia y la creciente fragmentación política de Italia. Su pontificado careció de la duración necesaria para emprender reformas amplias, pero afrontó cuestiones que tendrían consecuencias duraderas: las relaciones con Constantinopla, la situación de Focio, la posición de Formoso y la protección de los monasterios.1,2

Su actuación combinó firmeza doctrinal, especialmente frente a Focio, con flexibilidad política, visible en la rehabilitación de Formoso. También promovió la defensa jurídica de instituciones monásticas y sostuvo los vínculos de Roma con la Iglesia franca y con la comunidad cristiana inglesa.1,8,7

La confusión entre Marino y Martín perjudicó durante siglos la exactitud de los catálogos papales. Una lectura crítica de la documentación permite distinguir con claridad a Marino I de san Martín I y comprender que el pontífice de 882-884 ocupó un lugar propio en la historia de la Iglesia romana.

Citas y referencias

  1. Papa Marino I. Enciclopedia Católica, Papa Marino I (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25
  2. Papa #108: Marino I, Magisterio AI. Breve Historia de los Papas de la Iglesia Católica, Papa 108 (2024). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  3. Marino I, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomus I, 370 (1857). 2 3 4 5
  4. Papa San Martín I. Enciclopedia Católica, Papa San Martín I (1913). 2
  5. Martinus I, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomus I, 197 (1857). 2
  6. Emmett O’Regan. Santo Tomás de Aquino y los Orígenes de la Doctrina de la Infalibilidad Papal, 15 (2025). 2 3 4 5
  7. Papa Marino I. Privilegios (Papa Marino I), 1 (884). 2 3 4
  8. Papa Marino I. Epístola (Papa Marino I), 1 (884). 2
  9. Marino II, Sanctorum Romanorum Pontificum. Magnum Bullarium Romanum: Tomus I, 405 (1857).
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