Origen y formación
Marino nació en Gallese, localidad de la antigua región de Falerios, en Etruria. Era hijo de un presbítero llamado Palumbo. Ingresó al servicio de la Iglesia romana hacia los doce años y desarrolló una larga carrera en la administración eclesiástica y diplomática de la Santa Sede.1,3
El papa León IV lo ordenó subdiácono y, más tarde, diácono. Su preparación y su experiencia en asuntos eclesiásticos y políticos favorecieron su promoción dentro de la Iglesia romana. Durante el pontificado de Adriano II, Marino desempeñó funciones diplomáticas en Constantinopla como legado pontificio.1
Misiones en Constantinopla
Marino viajó en tres ocasiones a Constantinopla para tratar asuntos de gran importancia para las relaciones entre Roma y la Iglesia de Oriente. En 869 participó como legado de Adriano II en el IV Concilio de Constantinopla, considerado por la Iglesia católica el VIII Concilio Ecuménico. Allí tuvo que defender con firmeza las instrucciones recibidas de Roma.1
Su defensa de la posición romana provocó su encarcelamiento. La experiencia mostró tanto su capacidad diplomática como su disposición a afrontar las consecuencias personales de una misión pontificia en un contexto de profunda tensión entre Roma, Constantinopla y el poder imperial.1



