El siglo X fue un período tumultuoso para el papado, a menudo denominado la Saeculum Obscurum o «Siglo Oscuro», caracterizado por la fuerte injerencia de la nobleza romana en los asuntos eclesiásticos1. Marino II fue uno de los pontífices cuya elección y acciones estuvieron significativamente influenciadas por Alberico II, quien controlaba Roma y sus alrededores2. A pesar de esta limitación, Marino II, descrito como virtuoso, buscó restaurar la estabilidad y la autoridad papal2,1.
Su pontificado, aunque breve, se centró en la disciplina clerical y las reformas eclesiásticas, enfatizando la importancia de la autoridad papal en medio de las constantes luchas internas1. También intentó abordar las amenazas externas, como las incursiones sarracenas, y mantener el orden dentro de la ciudad de Roma1.

